Qué puedo comer si tengo problemas de tiroides y otras recomendaciones.

Un tema recurrente en nuestras consultas, y que genera grandes dudas en nuestros pacientes, es el de la alimentación, algo bastante lógico si tenemos en cuenta que, en el llamado “primer mundo”, las personas comen (casi) todos los días.

Uno lleva un tiempo sintiéndose mal, a veces peregrinando por distintas consultas de especialistas, a veces no…y un día le diagnostican de, por ejemplo, hipotiroidismo.

Bueno, al menos ya sé lo que me pasa, y que, aunque en la mayoría de las ocasiones es un trastorno crónico, es controlable…pero, ¿hay algo que yo pueda hacer para mejorar, o al menos no empeorar esta situación?

La respuesta es SI.

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Fuente: sanocuerpoymente.com

Existen una serie de recomendaciones dietéticas aplicables a todo el género humano, y no voy a ahondar en ellas puesto que ya han sido objeto de revisión en otras ocasiones.

Pero es que además, hay ciertos alimentos, componentes de alimentos, sustancias… que los pacientes con disfunción tiroidea (o predisposición a padecerla) deben evitar o moderar, y cuando hablo de disfunción tiroidea, hablo de TODAS las disfunciones tiroideas en general, aunque la más frecuente sea el hipotiroidismo de origen autoinmune…aquí van:

Yodo

El yodo es un elemento indispensable en el organismo, con unas funciones muy concretas (por ejemplo, es fundamental en la formación de hormonas tiroideas y en el desarrollo del sistema nervioso embrionario, fetal e infantil) y unas necesidades cambiantes en función del momento vital.

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Fuente: caloriasynutrientes.com

Lo obtenemos a través de la alimentación (pescados, mariscos, algunos vegetales, lácteos…), y, en algunos casos (infancia, embarazo, lactancia, habitantes de zonas concretas…), podría ser necesario además tomar suplementos para cubrir las cantidades diarias recomendadas (CDR).

Y entonces… ¿por qué los endocrinos aconsejamos evitar el exceso de yodo en pacientes con disfunción tiroidea?

Repasad la frase…evitar el exceso de yodo.

En pacientes con hipotiroidismo en tratamiento sustitutivo con hormona tiroidea, un aporte elevado de yodo puede interferir con el correcto funcionamiento de la tiroxina sintética, y si además ese aporte excesivo es discontinuo, puede dar lugar a  fluctuaciones en la TSH: si hoy tomo mucho yodo…la TSH baja, si mañana no…la TSH sube, con el consiguiente desajuste (los cambios no son tan rápidos como de hoy a mañana, pero es para que me entendáis)

En el caso de pacientes con hipertiroidismo, es decir, con una excesiva producción de hormonas tiroideas, y teniendo en cuenta que las hormonas tiroideas se “fabrican” a partir del yodo, su exceso puede empeorar la situación.

Si el origen del hipo o del hipertiroidismo es autoinmune, cantidades elevadas de yodo pueden aumentar el número y actividad de los autoanticuerpos, acelerando el proceso de atrofia del tejido tiroideo y causando, nuevamente, desajustes en la medicación y fluctuaciones en la TSH.

En personas sin patología tiroidea pero con predisposición a ella (por ejemplo por tener autoinmunidad tiroidea) o no, el exceso de yodo puede favorecer la aparición de cualquier tipo de disfunción tiroidea: hipotiroidismo por bloqueo en la producción de hormonas, hipertiroidismo por exceso en la síntesis de las mismas, tiroiditis autoinmune por “activación” de los autoanticuerpos…

Así que, la recomendación general es la de ingerir a diario la cantidad recomendada de yodo en función de las necesidades…ni más ni menos, pero nada de aportar yodo porque así ayudamos a la tiroides a funcionar, porque podríamos conseguir el efecto contrario.

Mención aparte merece el caso de las mujeres en estado de gestación o que estén en periodo de lactancia, ellas SI necesitan un aporte extra de yodo, porque sus necesidades diarias están elevadas, y ese yodo extra está destinado al correcto desarrollo del embrión-feto-bebé, así que, excepto en caso de hipertiroidismo no controlado o controlado pero con riesgo de recidivar, las mujeres gestantes y/o en periodo de lactancia, en general, deben tomar un suplemento de yodo (previa consulta con su endocrinólogo)

Y otro caso especial es el de aquellas personas que realizan dietas bajas en yodo (vegetarianos estrictos, veganos) o que habitan en zonas en las que existe un déficit de yodo en el agua y tierras de cultivo…en ese caso, lo que hay que hacer es cubrir las CDR (ni más ni menos), mediante el consumo de cantidades pequeñas de sal yodada u otros suplementos.

 

Algas

Las algas, todas en general, y las de procedencia marina en particular, contienen una cantidad elevada de yodo, que además puede ser muy variable y de difícil control, por ello (os remito al apartado referente al yodo), y de forma general, no se recomienda el consumo de algas, suplementos que las contengan o productos  derivados de las mismas (incluyendo algunas cremas anticelulíticas, reafirmantes, complementos dietéticos…) en personas con disfunción tiroidea conocida o propensos a padecerla (por ejemplo en aquellos en los que su tiroides funciona adecuadamente pero presentan autoanticuerpos antitiroideos)

Nota: en este apartado incluyo a la espirulina, que aunque parece ser que no es un alga como tal, y crece en agua dulce, contiene yodo (y además en una cantidad tremendamente variable en función de su procedencia), por lo que en pacientes con disfunción tiroidea, su consumo está, en principio, desaconsejado.

 

Soja

No voy a extenderme, hablé del tema aquí hace unas semanas…la soja (y sus derivados)  no debería ser consumida por las personas con hipotiroidismo

 

Sustancias bociógenas

Hace cientos de años que se sabe que el excesivo consumo de ciertas sustancias, químicas (pesticidas, algunos medicamentos, compuestos clorados) o naturales (presentes en algunos alimentos como las verduras crucíferas), pueden producir bocio (y otros problemas tiroideos)

mepongoverde.es

Fuente mepongoverde.es

Estas sustancias, que denominamos bociógenas, tienen la capacidad de bloquear la absorción y utilización del yodo, así como de interferir con el correcto funcionamiento de la tiroxina, de modo que el tiroides, cuando aún funciona correctamente, se hipertrofia, aumenta su tamaño para poder captar el yodo necesario para formar las hormonas tiroideas (es decir, aparece el bocio, que no es más que la glándula tiroidea agrandada) y, si no es capaz de compensar la situación, puede aparecer disfunción tiroidea.

Y en pacientes ya diagnosticados y tratados, pueden ocasionar fluctuaciones en la TSH y desajustes en el tratamiento.

El listado es amplio, e insisto, hablamos de consumo excesivo o inadecuado, por ejemplo, en el caso de las verduras crucíferas, que por otro lado aportan grandes beneficios, cuando se consumen de forma cocinada, el riesgo es mucho menor.

 

Algunos fármacos

Todos aquellos fármacos que contengan yodo (como la amiodarona o los antisépticos yodado), sustancias químicas bociógenas o que sean capaces de estimular de alguna forma el sistema inmune (especialmente en fases iniciales de una disfunción tiroidea autoinmune), deberían ser evitados o, en caso de ser necesarios, evaluar cuidadosamente el riesgo-beneficio.

 

Productos “naturales”

El listado es amplísimo, así que sólo voy a hacer referencia a algunos:

  • Cafeína: el consumo excesivo de café puede alterar el ritmo de producción de hormonas tiroideas, y en pacientes que toman tiroxina, puede interferir con su absorción.
  • Melatonina: entre las muchas funciones que lleva a cabo esta hormona, está la de estimular la respuesta inmune, por lo que, en pacientes con disfunción tiroidea autoinmune, especialmente en fases iniciales, su uso puede estar desaconsejado.
  • Flúor y cloro: bloquean los receptores químicos del yodo, por lo que pueden afectar a la síntesis de hormonas tiroideas.
  • Te: por su contenido en flúor.
  • Alcachofa: es un vegetal rico en yodo, pero el problema no es la alcachofa en sí, que en cantidades moderadas no tiene por qué afectar a la función tiroidea, sino el resto de compuestos que ocasionalmente acompañan a los productos adelgazantes a base de alcachofa (algas, cafeína…)
  • Ginkgo Biloba: en algún estudio realizado en ratas, se ha demostrado que el consumo de ginkgo biloba puede aumentar el tamaño de la glándula e inducir hipertrofia de las células tiroideas…no se han realizado estudios en humanos, pero el consejo es: prudencia.
  • Ginseng: parece ser que tiene efectos sobre la conversión de T4 en T3 y sobre el sistema inmune, por lo que, en principio, su uso estaría desaconsejado en pacientes con disfunción tiroidea.
  • Maca: por su elevado contenido en yodo.
  • Fenogreco: puede alterar los niveles de las hormonas tiroideas.
  • Astrágalo: estimula el sistema inmunológico

 

Nota: siempre que hablo de productos “naturales”, lo entrecomillo, porque natural no significa inocuo…recordad que la cicuta, por ejemplo, es una planta muy “natural”.

 

Tabaco

Supongo que, a estas alturas, que el tabaco es malo para la salud no supone ninguna novedad…pero si nos centramos en la glándula tiroidea, el tabaco se ha asociado con modificaciones en los valores de TSH, T4 y T3 libres, aumento de la prevalencia de bocio y nódulos tiroideos en fumadores que habitan en áreas con deficiencia de yodo, efectos sobre la autoinmunidad tiroidea, peor evolución del hipertiroidismo por enfermedad de Graves y la oftalmopatía tiroidea, y, todo hay que decirlo, un discreto menor riesgo de algunos tipos de carcinoma tiroideo.

blog.impolanco

Fuente blog.Impolanco.com

Así que, si acaban de diagnosticarte un problema tiroideo, o si nunca te habían dado recomendaciones, mi consejo es que no te obsesiones, que tengas en cuenta una serie de precauciones: evitar la soja, las algas y el exceso de yodo (dependiendo de tu edad y condición, las necesidades de yodo variarán), consumir con mucha moderación alimentos que contengan sustancias bociógenas y nunca crudos, preguntar a vuestro médico antes de comenzar un tratamiento farmacológico o “natural”, evitar el tabaco…y, lo más importante, adoptar un estilo de vida saludable (ya sabéis: no azúcar, no procesados, sí verduras, sí cocinar en casa, sí ejercicio)

 

Referencias:

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¿Es la soja tan saludable como la pintan?

En los últimos tiempos, hemos asistido al ascenso a los altares de un alimento que, hasta mediados del siglo pasado, ni siquiera conocíamos en España.

Fue a finales del siglo XIX cuando esta leguminosa se introdujo en el mundo occidental, primero en América del Norte y, años después, en Europa;  hasta entonces, únicamente se cultivaba y consumía en países asiáticos.

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Fuente: taringa.net

Poco a poco, fue incrementándose su producción e introduciéndose en los hábitos dietéticos occidentales, especialmente en Norte América, y extendiéndose a otros mercados como el nuestro…hasta que, en la década de los 90, se produjo un cultivo masivo y un excedente de producción,  sobre todo de cultivos transgénicos,  y entonces comenzó la campaña publicitaria: “los asiáticos viven más años y consumen mucha soja”, los asiáticos no tienen cáncer y consumen soja”, “la soja sirve para disminuir los síntomas de la menopausia”, “la soja es más sana que la leche”…¡la soja vale para todo! La campaña publicitaria “pro soja” ha hecho que sea considerado por gran parte del  inconsciente colectivo como la panacea, la solución a muchos males…pero, ¿qué hay de cierto?

No voy a hablar de los beneficios, porque de eso ya se encargan las campañas publicitarias…hoy os traigo un resumen de los efectos perjudiciales que puede tener sobre nuestro organismo el consumo excesivo de esta legumbre “milagrosa”.

Se trata de una leguminosa rica en ácidos grasos omega 3, vitaminas del grupo B, proteínas, aminoácidos esenciales, minerales, isoflavonas…todos ellos pueden tener efectos positivos sobre nuestra salud, especialmente en ciertas etapas de la vida, como la postmenopausia…suena bien, ¿verdad?…pues sigue leyendo.

Efectos sobre el tiroides.

Contiene gran cantidad de isoflavonas (como la genisteína), que son sustancias proteícas relacionadas en múltiples ocasiones con problemas tiroideos.

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Fuente: webconsultas.com

Así, varios estudios muestran que las isoflavonas de soja, son capaces de inhibir la actividad de la tiroperoxidasa, lo que  puede tener como consecuencia una menor síntesis de hormonas tiroideas, elevación de TSH, aparición de  hipotiroidismo, bocio y tiroiditis autoinmune.

Además, parece ser que disminuye la captación de radioyodo, reduciendo la eficacia de dicha terapia, empleada en el manejo del cáncer tiroideo.

Y por último, pero no menos importante, han sido vinculadas a una menor disponibilidad de las hormonas tiroideas a nivel de los tejidos.

Efectos sobre la fertilidad.

La soja es muy rica en  fitoestrógenos, que no son otra cosa que estrógenos (hormonas típicamente femeninas) de origen vegetal, es por ello que existen en el mercado multitud de fármacos a base de soja que permiten paliar los desagradables síntomas de la menopausia.

las tres edades

Las tres edades (G. Klimt)…no deberían consumirla ninguna de las tres, visto lo visto.

Sin embargo, cuando estos fitoestrógenos son consumidos por hombres,  mujeres en edad fértil y niños, los efectos pueden ser muy diferentes, especialmente si se combinan con disruptores endocrinos (podéis leer más acerca de este tema aquíaquí y aquí).

En ese caso, podremos tener como resultado: disminución de la síntesis de andrógenos (hormonas típicamente masculinas), alteraciones en la fertilidad y ginecomastia (desarrollo de las glándulas mamarias) en varones, pubertad precoz en niños, defectos congénitos en el aparato genital masculino e infertilidad en hijos e hijas, respectivamente, de madres consumidoras de soja durante la gestación (como muestra, dos estudios, este y este).

Además, ha sido relacionada con la aparición de Síndrome de Ovario Poliquístico en hijas de madres consumidoras de soja durante la gestación y en mujeres que fueron alimentadas con fórmulas a base de soja en la infancia.

Efectos sobre el sistema inmune.

Los fitoestrógenos, al igual que la exposición a otros tipos de estrógenos ambientales, han sido vinculados con la aparición y desarrollo de enfermedades autoinmunes.

Además,  la genisteína  parece tener un efecto inmunosupresor mediante sus efectos sobre el timo.

Por último, la alergia a la proteína de soja, es una de las más frecuentes en los últimos años, pudiendo producir reacciones de distinta consideración, incluyendo anafilaxia (reacción alérgica grave o muy grave).

Efectos durante la gestación.

Como ya he comentado en el apartado de efectos sobre la fertilidad, el consumo de soja materno (en grandes cantidades), ha sido relacionado  con  ciertas malformaciones congénitas (como hipospadias o criptorquidias) y alteraciones en la fertilidad, tanto de la madre como de los hijos.

Pero es que además, teniendo en cuenta la importancia de una adecuada función tiroidea antes, durante y después de la gestación,  los efectos ya mencionados  de la soja sobre el tiroides, desaconsejan su ingesta tanto durante esta etapa de la vida como en la posterior lactancia.

Efectos renales

La soja contiene oxalatos y fitatos; ambos compuestos pueden favorecer la formación de cálculos (“piedras”) en el riñón, por lo que su ingesta está desaconsejada en personas con antecedentes de litiasis renal o con riesgo de padecerla.

Otros efectos adversos.

Durante años, se han realizado estudios para valorar el efecto, tanto beneficioso como perjudicial, de la soja sobre enfermedades como la osteoporosis, el cáncer o la depresión, con resultados contradictorios, por lo que me limito a nombrarlos sin entrar en más detalles.

 

Así que, a modo de resumen, la soja, siempre que fuera de procedencia orgánica y no transgénica, y consumida con moderación, podría tener ciertos efectos beneficiosos debidos a su contenido en omega 3, vitaminas, minerales…sin embargo, su consumo estaría desaconsejado en personas con problemas tiroideos, niños y adolescentes, mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, mujeres y hombres que se planteen ser padres/madres, personas con antecedentes personales o familiares de enfermedades autoinmunes y/o alergias, personas con riesgo de presentar cálculos renales…

Y con la información en la mano…cada uno que decida.