Antes de dejar el gluten, por favor, confirma si eres celiaco.

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           “Campo de trigo con cuervos, de Vincent Van Gogh” Fuente: www. artefamoso.com

El gluten es una proteína nutricionalmente muy pobre y absolutamente prescindible, y en las últimas décadas, además de que la prevalencia de la celiaquía parece haberse duplicado (esto, sin tener en cuenta los casos sin diagnosticar, que son muchos), se ha relacionado con mayor o menor evidencia científica con múltiples entidades además de con la celiaquía: la sensibilidad al gluten no celiaca, la dermatitis herpetiforme, la ataxia por gluten, distintas disfunciones autoinmunes como la Tiroiditis de Hashimoto etc.

Es decir, que puede resultar perjudicial tanto para personas celiacas como para personas no celiacas pero que padecen otras condiciones relacionadas con el gluten, por no hablar de la calidad nutricional que, en general, tienen los productos que incluyen el gluten en su composición, pero eso es otra historia.

Copia de Yellow Modern Icons Infographic Resume

             Fuente: http://www.celiacos.org.

Muchas personas presentan síntomas, tanto digestivos (distensión abdominal, digestiones pesadas, diarrea, estreñimiento, heces flotantes etc), como extradigestivos (dolor de cabeza, migrañas, dolores musculares y/o articulares, diferentes cuadros cutáneos, cansancio, problemas dentales, irritabilidad, insomnio, distimia etc) y/o padecen disfunciones autoinmunes (intestinales, tiroideas, articulares, cutáneas etc), cada vez más.

Y un buen día, hartos de encontrarse mal y probablemente después de peregrinar por múltiples consultas e informarse de forma más o menos profunda, deciden dejar el gluten, y en muchas de ellas se “obra” el milagro: empiezan a mejorar sus síntomas, a mejorar sus resultados analíticos, incluso algunas de sus patologías pueden mejorar o remitir…pero nunca les han descartado adecuadamente si son o no celiacos (NO, un resultado negativo en la determinación de anticuerpos antitransglutaminasa IgA NO descarta la celiaquía)

¿Y por qué es fundamental descartar la celiaquía antes de dejar el gluten?

1. La celiaquía es un trastorno sistémico (es decir, que puede afectar a múltiples órganos y sistemas, no sólo al aparato digestivo), de base inmunológica (en la que existe un “fallo” en el sistema inmune que desencadena la enfermedad), causado por la ingesta de gluten y otras proteínas afines y que afecta a individuos genéticamente predispuestos (es decir, que si no se es portador de estos genes es muy difícil que una persona sea celiaca, aunque no imposible…y es potencialmente heredable)

2. Si se elimina el gluten antes de realizar un estudio completo, puede provocar falsos negativos en los resultados de pruebas como la Serología (determinación de anticuerpos relacionados con el gluten) o la Biopsia duodenal, y aunque ya existen métodos diagnósticos bastante fiables para detectar celiaquía en personas que no consumen gluten, lamentablemente no se realizan de rutina ni en todos los centros.

3. Realizar un buen diagnóstico es importante, ya que el único tratamiento disponible hoy día para esta condición es la realización de dieta sin gluten estricta (evitando trazas y posibles contaminaciones), y si ya es complicado para un celiaco diagnosticado, especialmente si tiene vida social, imaginaos lo difícil que es seguirla de forma estricta para una persona que no es celiaca “legal”: en mi experiencia, muchas personas que evitan el gluten por distintos motivos, pasado un tiempo tienden a ser más laxos, “por un día no pasa nada”, “evitar la contaminación cruzada es muy difícil” etc…y si eres celiaco, por un poco sí pasa, y mucho.

4. Como comento más arriba, la celiaquía afecta a individuos genéticamente predispuestos, esto implica que, si eres celiaco, alguno de tus hijos u otros familiares también pueden serlo (como dice la Dra. Polanco, una eminencia en este tema…dónde hay un celiaco, hay otro), pero si no estás diagnosticado…puede que nunca se diagnostique a tus familiares celiacos o su diagnóstico se retrase considerablemente, es más fácil pensar en celiaquía si hay antecedentes familiares.

Así que, si presentas algún síntoma sospechoso de celiaquía (el espectro de síntomas es amplísimo, no lo olvides) y/o padeces alguna condición que se asocie con frecuencia a celiaquía (Disfunciones tiroideas autoinmunes, Diabetes Mellitus tipo 1, Artritis reumatoide etc), acude a tu médico, exprésale tus sospechas y asegúrate de que, para realizar el estudio, se sigue el Protocolo para el diagnóstico precoz de la enfermedad celiaca publicado en mayo de 2018.

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Fuente: http://www.celicidad.net

Una vez completado el estudio:

1. Si este es positivo es importante que inicies la dieta sin gluten cuanto antes y que se realice estudio al menos a familiares de primer grado.

2. Y si no lo es, pero padeces síntomas que podrían estar relacionados con el gluten o alguna condición que pueda relacionarse con el gluten y mejorar al eliminarlo, posiblemente tu médico aconsejará que inicies dieta sin gluten estricta para ver cómo evolucionas o tú decidas iniciarla para ver si mejoras.

Pero por favor, antes de eliminarlo…descarta celiaquía, y si vas a hacer una dieta sin gluten, procura basarla en alimentos frescos (la mayoría de los alimentos NO contienen gluten) no en productos etiquetados como sin gluten.

Fuentes:

1.https://www.semg.es/index.php/consensos-guias-y-protocolos/277-protocolo-para-el-diagnostico-precoz-de-la-enfermedad-celiaca

2. https://celiacos.org/

3. https://celicidad.net/

Mi vida después de las galletas.

Y quien dice galletas, dice precocinados, procesados y demás guarradas.

Hoy me apetece escribir algo menos “científico” y más personal…mi propia experiencia al dejar de consumir (casi) completamente este tipo de alimentos.

Hace años que se sabe (que sé), que cuantos más ingredientes lleve la etiqueta de un producto, más procesado esté y menos “natural” sea, peor puede ser para nuestra salud.

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Fuente: infografíasyremedios.com

Pero… ¿qué son los alimentos procesados? ¿Son tan malos como nos dicen?

En general, llamamos procesamiento de alimentos a  toda modificación deliberada de un alimento que se produce entre el lugar de origen y la disponibilidad de dicho alimento para el consumo.

Sin embargo, no todos los alimentos procesados son igual de “perjudiciales”…depende del tipo de proceso que hayan sufrido,  que va desde el simple enlatado o congelado de frutas y verduras (que permite prolongar su frescura y propiedades), hasta la transformación de un producto (para ofrecer un beneficio específico para la salud u otro atributo).

Así, el  Informe del Comité Asesor para las Guías Alimentarias de 2010 define dos tipos:

 

  • Alimentos procesados , cualquier alimento diferente a un producto agrícola no tratado, incluido cualquier producto agrícola no tratado que haya sido sometido a lavado, limpieza, molienda, corte, picado, calentamiento, pasteurización, blanqueado, cocción, enlatado, congelado, desecado, deshidratación, mezclado, envasado u otro procedimiento que modifique el estado natural del alimento. Puede incluir el agregado de otros ingredientes al alimento, tales como conservantes, saborizantes, nutrientes y otros aditivos alimentarios o sustancias aprobadas para su uso en productos alimentarios, como sal, azúcares y grasas. El procesamiento de alimentos, incluido el agregado de ingredientes, puede reducir, aumentar o dejar intactas las características nutricionales de los productos agrícolas no tratados.
  • Alimentos mínimamente procesados, aquellos que están procesados pero que conservan la mayoría de las propiedades físicas, químicas, sensoriales y nutricionales que les son propias. Muchos de ellos son tan nutritivos como el alimento en su forma no procesada.

Así que, mal que nos (me) pese,  a no ser que tengamos la suerte de tener una huerta y una pequeña granja,  la gran mayoría de alimentos que comemos han sido procesados en mayor o menor medida, incluyendo los etiquetados como “orgánicos” y “naturales”,  todos aquellos enriquecidos con tal o cual nutriente, los que consumimos en restaurantes  y, por supuesto, los “bajos en grasa”, “endulzados”, “saborizados”…etcétera, etcétera.  Pero si damos preferencia a los mínimamente procesados…probablemente nuestra  salud nos lo agradecerá.

Dicho esto,  voy a contar mi experiencia personal:

Desde que era muy pequeña (gracias mamá y abuela), mi alimentación ha sido bastante sana: productos naturales, cocinado sencillo, poco o nada de azúcar, mucha fruta y verdura…vamos, todo lo que los endocrinos dicen (decimos) que debe hacerse.

Pero llegó la época de vivir sola (preparando el MIR), y después la de no tener tiempo más que para trabajar y estudiar (a pesar de lo cual, guardo muy buen recuerdo de la residencia)…y mi alimentación cambió: comidas fuera de casa, en el hospital, a deshoras, falta de sueño…y los precocinados, que yo ya sabía que eran malos, pero cuando una no tiene tiempo para casi nada…lo de menos es cocinar.

Así que me entregué (los días que menos tiempo tenía), a la vorágine de la comida congelada, las comidas fuera de casa, el azúcar, los fast food,  comidas a domicilio…y las galletas con leche (sí, sí, galletas con leche, no leche con galletas). Y aunque leía etiquetas y procuraba que las galletas (y demás basura alimentaria) estuvieran hechas con aceite de oliva y no llevaran demasiados “E-lo que sea”…mi salud se deterioró.

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Fuente: penguincorner.com

Siempre he sido una persona delgada (gracias mamá y papá por vuestra maravillosa genética), y he procurado, incluso en las épocas de más estrés y menos tiempo, alimentarme de forma más o menos adecuada y hacer algo de ejercicio diario, por lo que en todos los años que tengo (que ya van siendo bastantes), no he variado mucho de peso.

Pero no sólo el peso es importante, y yo notaba que, a pesar de mantenerlo, estaba hinchada, especialmente en la zona del abdomen, sobre todo los días que más horas había estudiado o trabajado (guardias y demás), que, curiosamente eran los que peor comía (fuera de casa, enlatados, precocinados, una sola comida al día…todos los pecados nutricionales que os podáis imaginar). Me encontraba, además, irritable, “pesada”, pálida, malhumorada, con dolor abdominal constante, y hambre…

Y un buen día, me harté: me harté de la hinchazón, del dolor, de las náuseas, del cansancio, de los ataques de hambre, de encontrarme físicamente derrotada, de la caída de cabello, de la irregularidad intestinal….y decidí poner en práctica lo que le decía a mis pacientes que debían hacer (podéis leer un resumen, a grosso modo aquí), decidí dar ejemplo en lugar del tan manido “haz lo que yo digo pero no hagas lo que yo hago”, o lo que es lo mismo: “consejos vendo, que para mí no tengo”.

Y mi vida cambió a mejor: al dejar de consumir casi por completo alimentos procesados, precocinados, azúcares puros, manufacturados, y repletos de conservantes y colorantes… ¡sorpresa!: me deshinché, mejoró la piel, tuve más energía, dejé de tener hambre a todas horas, cesaron las oscilaciones de peso (podía pesar 2 Kg más por la noche que por la mañana), la retención de líquidos…y mi salud mejoró considerablemente.

A día de hoy, cada vez que como fuera de casa o cometo un pecado nutricional…mi cuerpo me recuerda durante las siguientes horas, que no debo volver a hacerlo (vuelven la hinchazón, la sed, el mal estar…).

Así que, además de lo que podéis leer e investigar acerca de la conveniencia de unos buenos hábitos, de la necesidad de disminuir o eliminar ciertos alimentos (precocinados, altamente procesados, repletos de conservantes…) de nuestra dieta para mejorar nuestra salud y prevenir decenas de enfermedades evitables…aquí tenéis mi propia experiencia: yo era adicta a las galletas con leche, y una de las mejores cosas que he hecho por mi salud…ha sido erradicarlas (junto con el exceso de azúcar y demás familia) de mi dieta.

Y sí, con la vida moderna, que cada vez tiene más de moderna y menos de vida, llevar una alimentación saludable es difícil, cansado y hasta caro…pero os aseguro que merece la pena.

Referencias:   Informe del Comité Asesor para las Guías Alimentarias sobre las Guías Alimentarias para los Estadounidenses, 2010