Enfermedades tiroideas: cuando tu mal es invisible (artículo publicado en El Huffington Post)

El día 6 de noviembre, fue publicado en El Huffington Post la siguiente carta-artículo, escrita por una paciente (gracias Carmen) y por mi misma, ya que he tenido el privilegio de colaborar como “soporte científico”.

Merece la pena leerlo y acercarse a la realidad del día a día de muchos pacientes, ahí va:

“¿Te has planteado alguna vez para qué sirve tu tiroides, dónde está o qué síntomas produce su mal funcionamiento? Seguramente no, a no ser que hayas padecido algún problema tiroideo, algo mucho más común de lo que parece…entonces te das cuenta de que es realmente importante.

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Fuente: cuidatutiroides.com

La glándula tiroides tiene forma de mariposa y se localiza en la base del cuello. Suele pasar desapercibida, pero es básica en nuestro estado de salud: se encarga de gestionar el metabolismo del cuerpo, así, aspectos tan importantes como el nivel de energía, el estado de ánimo o el peso dependen de ella. Cuando no funciona correctamente, avisa con numerosos síntomas: agotamiento extremo, hiperactividad, problemas cardiacos, somnolencia, trastornos menstruales, dolores musculares, obesidad, adelgazamiento, infertilidad, intolerancia al frío o al calor y un largo etcétera. Las mujeres, sufren 10 veces más estos trastornos que los hombres.

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Fuente: ricardoruizdeadana.blogspot.com

Yo soy una de ellas, tengo 48 años y esta es mi historia:

A los 20 años me diagnosticaron la enfermedad de Graves, mi tiroides funcionaba mucho más rápido de lo normal y mi metabolismo iba a una velocidad de vértigo. Tras unos años medicada sin éxito,  los médicos decidieron acabar con esa glándula que tantos problemas me daba y me convertí en hipotiroidea: más del 50% de pacientes con hipertiroidismo acabamos como hipotiroideos (por extirpación del tiroides o por ablación con yodo), ya que el hipertiroidismo puede provocar problemas cardiacos y óseos graves.

Sólo me explicaron que a partir de entonces tendría que tomar una pastilla diaria para sustituir la hormona que no producía: tenía 25 años y dependería de una pastilla para el resto de mi vida… pero lo más difícil fue ese agotamiento perenne con el que me acostumbré a vivir.

Hace un par de años todo empeoró: dolores musculares tan fuertes que apenas podía caminar, cansancio extremo, niebla mental…la respuesta del doctor fue demoledora: “estás perfecta, seguramente estás deprimida”. Me indigné, no entendía por qué obviaba mis síntomas, ¿por una analítica que decía que mis valores eran normales? Si mi médico no me creía ni ayudaba…. ¿qué podía hacer?

Empecé a buscar por internet y… ¡sorpresa! Encontré páginas que sí relacionaban mis síntomas con el tiroides, grupos en Facebook muy organizados y con información que los médicos nunca me habían proporcionado, miles de personas que contaban casos similares al mío: diagnosticados, tratados y todavía con síntomas, y, por fin, el nombre de algunos endocrinos españoles que siguen protocolos más actualizados. Acudí a una de ellos…y todo empezó a cambiar.

Me ha costado meses recuperarme, pero al fin estoy dejando atrás el agotamiento que me ha acompañado durante media vida y he dejado de vivir a medio gas.

Este es un relato real, y podría ser el de cualquiera de los cientos de pacientes que visitan nuestras consultas de endocrino a diario, contándonos síntomas que les impiden llevar una vida normal, sintiéndose incomprendidos, indignados. Y esa indignación crece cada vez que acuden al médico de cabecera o al endocrino, y éste les dice que lo que les pasa no puede ser atribuido a su problema tiroideo, y es la que ha impulsado la creación y unión de miles de pacientes afectados a la Asociación Española de Tiroides.

¿Qué les (nos) indigna?

  • En España siguen aceptándose como normales rangos de referencia para las hormonas tiroideas que las Asociaciones Americanas de Tiroides y de Endocrinólogos Clínicos dieron por desfasados hace más de una década. Como consecuencia, muchos enfermos son diagnosticados de hipotiroidismo subclínico (a veces ni eso si las hormonas están en rango), y, aún presentando signos y síntomas de hipotiroidismo, a veces incapacitantes, no son medicados porque, según el protocolo vigente, aún no es necesario.
  • Muchos médicos no achacan sus síntomas al hipotiroidismo, consideran que, si los niveles hormonales están dentro del rango vigente, lo que cuentan “no puede deberse al tiroides”. Así que, en muchas ocasiones salen de las consultas polimedicados y erróneamente diagnosticados de patologías cuyos síntomas pueden “confundirse” con los del hipotiroidismo (ansiedad, depresión, fibromialgia, hipercolesterolemia…), y que solucionaríamos con la dosis correcta de tiroxina y/o la suplementación con micronutrientes que son deficitarios en muchos de ellos.
  • La tiroides produce, entre otras, dos hormonas: T3 (la hormona activa) y T4 (que debe convertirse a T3). En España sólo se medica con T4 ya que se presupone que se convertirá a la forma activa, pero eso no es así en todos los casos, y hay pacientes que necesitan tomar T3, pero este tratamiento no está disponible excepto para casos muy concretos.
  • Es una enfermedad invisible: no parecen enfermos, tienen buena cara…nadie ve el esfuerzo que hacen para mantener una vida normal cuando muchas veces se sienten como si les hubiera atropellado un camión y “no pueden con su alma”. Por supuesto, es difícil conseguir una baja médica que sí tendrían con una gripe.

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Desde la AET, tenemos la ilusión de:

  • Conseguir un cambio en el diagnóstico y tratamiento de las patologías tiroideas.
  • Dar a conocer tanto la sintomatología como la situación de indiferencia con que nos encontramos muchas veces como pacientes.
  • Promover su conocimiento a nivel general. Los enfermos de tiroides no somos unos vagos ni unos hipocondriacos. A veces nadie nos entiende: familia, pareja, compañeros de trabajo piensan que estamos así porque queremos. No, un enfermo de tiroides lucha cada día con multitud de síntomas que le hacen perder energía y calidad de vida.
  • Informar a las personas diagnosticadas. Es bastante común entre nosotros el peregrinar de médico en médico sin encontrar demasiada información. La tiroides causa multitud de síntomas, y el conocerlos nos ayuda a cuidarnos y a mejorar nuestra salud.
  • Promover cambios en el tratamiento y en los objetivos terapéuticos aplicados en España, por ejemplo: hay personas que necesitan tomar T3 y no pueden porque aquí no se receta, y nos encontramos con una excesiva medicación “paliativa” de síntomas que serían evitables con un correcto ajuste hormonal.

Los pacientes tiroideos no tenemos porqué acostumbrarnos a síntomas que son evitables con un adecuado tratamiento”

Como veis (o leéis), no es fácil padecer una enfermedad crónica “invisible”, cuyos síntomas son muchas veces incapacitantes y que con gran facilidad se achacan a problemas psicológicos o de otra índole sin ahondar más en ellos.

No es fácil enfrentarse cada día al cansancio, al dolor, a la tristeza…y aún menos, a la incomprensión.

Gracias a Carmen, y a todos los pacientes que están esforzándose cada día, y gracias por la creación de la Asociación Española de la Tiroides…una gran iniciativa, os deseo mucha suerte.

Referencia:   Enfermedades tiroideas: cuando tu mal es invisible.

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Lactancia materna y patología endocrina.

Vaya por delante que este no es un post en defensa de la lactancia materna, porque a estas alturas de la vida, creo que no necesita ser defendida: es la mejor opción para alimentar a los bebés y a los no tan bebés.

Tampoco pretendo abrir un debate, porque es obvio que cada madre (y cada padre, pero en esto las mujeres son las que deberían tener la última palabra, puesto que el pecho es suyo), decide cómo criar a sus hijos, nadie debe entrometerse, y, además, para eso ya existen cientos de foros en la red.

Ni siquiera voy a hablar de las ventajas de la lactancia materna para niño y madre…quien más y quien menos las conoce, hoy día hay muchísima información al respecto y al alcance de la mano.

El objetivo de esta serie de post que inicio, es informar de la influencia que tienen en la lactancia algunas de las patologías endocrinas más frecuentes  (y viceversa), bien de inicio en el posparto o bien diagnosticadas previamente a la gestación.

Dicho esto, y con la evidencia en la mano:

La OMS, la UNICEF, la asociación española de pediatría, y otras muchas organizaciones internacionales recomiendan:

  • Iniciar la lactancia materna en la primera hora de vida.
  • Mantener lactancia materna exclusiva y a demanda durante los primeros 6 meses del bebé; y exclusiva significa que no necesitan otra cosa,  (ni cereales, ni zumo de naranja ni agua), y a demanda significa a demanda del niño, osea, pide y le das.
  • Introducir la alimentación complementaria a partir de los 6 meses, continuando con la lactancia materna, con tomas frecuentes hasta, al menos, los 2 años, y después, hasta que la madre y el niño quieran.

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Fuente: aeped.es (comité de lactancia materna)

Además, y antropológicamente hablando, el destete natural (osea, que el niño decide cuándo dejar la teta), tiene lugar entre los 2,5 y los 7 años, aunque a muchos en estos tiempos les parezca una barbaridad.

Sin embargo, muchos lactantes y niños no reciben lactancia materna de la forma recomendada por estas instituciones. Así, por ejemplo, y  por término medio, sólo aproximadamente un 38% de los lactantes de 0 a 6 meses reciben lactancia exclusivamente materna (dependiendo del lugar de nacimiento, nivel socio-económico, trabajo de la madre…)

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Fuente: aeped.es (comité de lactancia materna)

Y en parte, esto es debido a que muchas mujeres que dan o quieren dar  el pecho a sus hijos,  sufren ciertas patologías crónicas que hacen que, en  ocasiones, y por falta de información (lamentablemente del médico, no de la paciente), se les aconseje,  y a veces hasta se les “fuerce” a dejarlo por pensar que, o bien la lactancia puede empeorar la enfermedad o bien los medicamentos para su tratamiento son incompatibles con ella…y pocas veces es  así.

Entrecomillo lo de que se les “fuerce” porque, evidentemente, nadie puede ni debe forzar a una madre a dejar de dar el pecho a su hijo, pero hay muchas formas sutiles de forzar, por ejemplo apelando a la culpa, algo intrínseco a la maternidad: si a una mujer le explican que su leche puede perjudicar a su bebé…es muy probable que corra a comprar un biberón, porque ninguna madre en su sano juicio querría perjudicar a su hijo.

Respecto a la compatibilidad de medicamentos con la lactancia materna, existe evidencia sólida y una amplia bibliografía al respecto: la gran mayoría de fármacos son compatibles.

De hecho, hace años se creó  una página web, realizada por pediatras de la Asociación para la Promoción e Investigación científica y cultural de la Lactancia Materna (APILAM), que ofrece información acerca de la compatibilidad de casi 18.000 fármacos (además de la bibliografía disponible) y que cualquiera puede consultar. Establecen varios niveles de riesgo para lactancia y lactante:

  • Riesgo muy bajo: Compatible. Sin riesgo para la lactancia y el lactante.
  • Riesgo bajo: Bastante seguro. Riesgo leve o poco probable.
  • Riesgo alto: Poco seguro. Valorar cuidadosamente. Evitar o emplear una alternativa más segura.
  • Riesgo muy alto: Contraindicado. Uso de una alternativa o cese de la lactancia.

La gran mayoría de fármacos de uso habitual, pertenecen a las dos primeras categorías, es decir, son compatibles (sin riesgo) o bastante seguros (en este caso se aconseja evitar en prematuros o durante el primer mes de vida, tratar de separar la toma del medicamento de la toma de lactancia…pero no son incompatibles)

Afortunadamente, esta página es cada vez más conocida entre pacientes y médicos y ha salvado muchas lactancias. El enlace es el siguiente: http://www.e-lactancia.org/

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Por supuesto, no todas las madres que deciden alimentar a sus hijos con leche artificial lo hacen por estos motivos, me atrevería a decir que la mayoría lo hacen por circunstancias como la NO conciliación reinante,  presiones sociales, contraindicaciones absolutas o relativas…o porque les da la gana…eso sí que daría para un debate grande…pero tampoco es el sitio ni el lugar.

En breve…el siguiente post.

Referencias:

El magnesio y los (mis dolores)…parte II

En la primera parte (que podéis leer aquí), os hablaba de qué es el magnesio, dónde se encuentra, para qué es efectivo y cuáles son los requerimientos diarios de consumo según edad.

Ahora voy a centrarme en qué personas deberían tomar magnesio, cómo deberían tomarlo y, además, os contaré mi propia experiencia.

En primer lugar, vamos a diferenciar entre hipomagnesemia y deficiencia sistémica  de magnesio:

Hipomagnesemia: Nivel bajo de magnesio en sangre. Los niveles de referencia para el magnesio en humanos se encuentran entre 1,5 y 2,5 mg/dL. Y, por lo general, se considera hipomagnesemia un nivel de magnesio en sangre menor a 0,7 mmol/L.

Pero yo voy a referirme a la deficiencia sistémica de magnesio, es decir, a la falta de este mineral a nivel de órganos y tejidos, y que no tiene por qué verse reflejado en unos análisis.  Debido a que la mayor parte del magnesio es intracelular, y sólo el 1% del mismo se encuentra en la sangre, se puede presentar deficiencia sistémica con una concentración normal en plasma (en los análisis, vaya)

Así que puede presentarse hipomagnesemia sin deficiencia de magnesio y viceversa, aunque la hipomagnesemia es, con frecuencia, indicativa de un déficit sistémico de magnesio.

Debido a lo anterior, es muy importante estar atentos a los síntomas de dicho déficit, sobre todo en aquellas personas subsidiarias de padecerlo, puesto que esta será la única forma de detectarla: ESCUCHAR Y EXPLORAR AL PACIENTE, y lo pongo así en mayúsculas, porque esta es la forma más fácil y efectiva de diagnosticar, y a la que, últimamente y gracias a los avances tecnológicos que pretenden sustituir a la historia clínica, menos importancia se le da. Lo repito: ESCUCHAR Y EXPLORAR AL PACIENTE.

blog.novadiet.es

Fuente: blog.novadiet.es

¿Y quiénes son subsidiarios de padecerla?

Pues evidentemente, todos aquellos que no consuman las cantidades recomendadas.

Pero hay otras muchas enfermedades y circunstancias que predisponen a la deficiencia sistémica de magnesio y a la hipomagnesemia:

  • Trastornos gastrointestinales y síndromes de malabsorción (enfermedad celiaca, enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa, enfermedad de Whipple, enteritis por radiación…) tanto por falta de absorción de nutrientes, como de secreción de los mismos por parte del intestino o por pérdidas gastrointestinales, podrá aparecer hipomagnesemia o déficit de magnesio. También puede existir este déficit en caso de vómitos persistentes o diarrea crónica por otras causas.
  • Consumo de medicamentos como los diuréticos, algunos antibióticos, inhibidores de la bomba de protones (como el omeprazol), digoxina, algunos quimioterápicos e inmunosupresores.
  • Enfermedades endocrinas como: Insuficiencia suprarrenal, hiperaldosteronismo, hiperparatiroidismo, hipotiroidismo.
  • Diabetes Mellitus: puede aparecer en casi la mitad de pacientes, probablemente debido a pérdidas renales (en caso de poliuria, glucosuria, cetonuria…)
  • Pérdidas renales de magnesio (como las que ocurren en la insuficiencia renal crónica, el síndrome de Bartter, la necrosis tubular aguda en su fase diurética o en el trasplante de riñón)
  • Edad: la ingesta diaria de magnesio suele ser baja en adultos mayores, además, la absorción intestinal de magnesio tiende a disminuir mientras que la excreción urinaria aumenta con la edad.
  • Insuficiencia de selenio,  vitamina D y/o vitamina B6.
  • Consumo elevado de zinc, calcio, oxalatos, fibra y proteínas.
  • Alcoholismo (debido a malnutrición y diarrea crónicas, al daño hepático y al déficit de tiamina, además de una tendencia a la cetoacidosis)
  • Cáncer.
  • Insuficiencia cardiaca.
  • Acidosis (por cualquier causa)
  • Preeclampsia y eclampsia.
  • Succión nasogástrica.
  • Alimentación parenteral prolongada.
  • Infarto agudo de miocardio: Casi el 80 % de pacientes presentan hipomagnesemia en las 48 horas posteriores al infarto.
  • Pancreatitis aguda.
  • Síndromes de Gitelman/Bartter.
  • Transfusiones masivas.
  • Postoperatorios en general y de paratiroidectomía en particular.
  • Requerimientos aumentados.

El listado es largo ¿verdad?, pues si padecéis alguna de las circunstancias anteriores, y además presentáis algunos de los siguientes síntomas, es muy probable que tengáis un déficit de magnesio.

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Fuente: naturmas.es

Dependiendo  de la gravedad del déficit y de cuánto tiempo llevemos padeciéndolo, puede aparecer:

  • Inicialmente: anorexia (pérdida de apetito), náuseas, apatía, confusión, fatiga, insomnio, irritabilidad, calambres, espasmos, temblores, fasciculaciones musculares (contracciones musculares pequeñas e involuntarias que no conllevan movimiento de una extremidad), debilidad muscular, hormigueo, trastornos de memoria y/o aprendizaje, tinnitus y acúfenos, falta de concentración, disminución de reflejos, estreñimiento…
  • Si el déficit es moderado, podrían aparecer: alteraciones cardiovasculares, arritmias, taquicardia.
  • Y si el déficit es grave: contracción muscular continua, entumecimiento, delirio, alucinaciones, parestesias.

¿Puede tomar magnesio todo el mundo sin control?

Obviamente NO.

transformer.blogs.quo.es

Fuente: transformer.blogs.quo.es

Es muy poco probable que, tomado por vía oral, y con un adecuado funcionamiento de los riñones, se produzca una sobredosificación, ya que el exceso de  magnesio que no se absorbe por vía intestinal se elimina con las heces y la orina.

Sin embargo, se ha establecido un nivel máximo tolerable para los suplementos de magnesio de 350 mg diarios en adultos y niños mayores de 9 años, por encima de los cuales pueden aparecer efectos indeseables, especialmente en personas con problemas renales (incapaces de eliminar por orina el exceso de magnesio), en los que la toma de estos suplementos debe ser estrechamente vigilada.

Estos efectos adversos incluyen: diarrea, hipotensión, letargo, confusión, trastornos del ritmo cardiaco, deterioro de la función renal, debilidad muscular, dificultad para respirar y, en caso de hipermagnesemia grave, fallo cardiaco.

Además, el magnesio interfiere con la absorción de algunos medicamentos como digoxina, nitrofurantoína, quinolonas, tetraciclinas, algunos antipalúdicos, bifosfonatos, clorpromacina, penicilamina y anticoagulantes orales, por lo que si los estáis tomando, debéis consultar con vuestro médico antes de iniciar el suplemento;  probablemente bastará con separar la toma del medicamento de la del magnesio…pero siempre es mejor consultar.

Así que… ¿en qué casos está indicada la suplementación con magnesio?

Pues en resumen, en todas aquellas personas que padezcan o presenten alguna enfermedad o circunstancia que pueda provocar una deficiencia sistémica de magnesio o una hipomagnesemia y que presenten algún síntoma compatible con la misma.

Si, además, sus niveles de magnesio en sangre son bajos…blanco y en botella.

Y ahora…voy con mi experiencia:

No voy a contaros mi historial médico (secreto profesional), pero hace años que padezco una de esas múltiples circunstancias que predisponen al déficit de magnesio.

Desde que alcanza mi memoria, he tenido contracturas musculares, dolor de espalda, dolores musculares y de articulaciones, “chasquidos y crujidos” articulares, hormigueos, calambres…después, y con el inexorable paso de los años (uff), comencé además a notar fatiga, cansancio exagerado, pérdida de fuerza, falta de concentración…todo ello agravado por la llegada a mi vida de mis tres soles, que no se caracterizan precisamente por ser niños tranquilos o dormilones.

Todos estos síntomas los achacaba a mi “circunstancia”, pero, a pesar de tratarla, no notaba una gran mejoría.

Y un día, y después de años prescribiendo magnesio a mis pacientes, se me encendió una lucecita…y empecé a tomarlo (sin mucha fe, lo confieso)…y ¡Oh! ¡Sorpresa!…los síntomas fueron mejorando llamativamente hasta que, al mes y medio de tratamiento aproximadamente, desaparecieron en su mayoría, no del todo, cosa que no esperaba  después de años y años de padecerlos y teniendo en cuenta que mis hijos son aún pequeños (el cansancio forma parte de la paternidad/maternidad)…pero estoy gratamente sorprendida y entusiasmada: ya no me duele la espalda (increíble), ni tengo contracturas musculares, me levanto por la mañana sin rigidez, y puedo ponerme en marcha sin tener que esperar a moverme poco a poco o a tomarme un café, los calambres, hormigueos y demás han desaparecido, los “crujidos” casi del todo…en resumen: GRACIAS MAGNESIO.

¿Y qué suplemento tomar? Uf…hay tantos en el mercado, que eso da para el siguiente post, ¡os espero!

Referencias:

¿Existe realmente la fibromialgia?

Y ahora que ya he captado tu atención…vaya por delante que no dudo de su existencia, y que no creo que sea una de esas “enfermedades inventadas por la industria farmacéutica” para vender sus productos.

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La columna rota. Frida Khalo, 1944

Frida fue una de las artistas que mejor expresó en sus obras el dolor…según dicen, padecía fibromialgia postraumática, secundaria a poliomielitis, múltiples cirugías y accidentes que sufrió a lo largo de su corta vida.

Lo que quiero transmitir en esta entrada es que, lamentablemente, muchas fibromialgias, síndromes de fatiga crónica y otras enfermedades englobadas dentro de lo que se ha dado en llamar Síndrome de sensibilidad central, para las que la ciencia no tiene explicación ni cura, podrían ser secundarias a un problema tiroideo no diagnosticado…tiene delito, ¿verdad? Pues sigue leyendo:

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SFC: síndrome de fatiga crónica; SII: síndrome de intestino irritable; DTM: desórdenes temporo-mandibulares; SDM: síndrome de dolor miofascial; MPMS: movimientos periódicos de los miembros durante el sueño; SQM: sensibilidad química múltiple; SUF/CI: síndrome uretral femenino/cistitis intersticial; SSPT: síndrome de estrés postraumático.

Fuente; Enfoque del síndrome de astenia crónica. Medicina (B. Aires)

Voy a hablar brevemente y a grandes rasgos de ambas entidades, para aquellos que por suerte, no las conocéis.

La fibromialgia es un trastorno que causa dolores musculoesqueléticos generalizados, fatiga e hipersensibilidad. Puede asociar otros síntomas como dificultad para dormir, rigidez matutina, cefalea, alteraciones menstruales, hormigueos, alteraciones en la memoria o concentración…muy parecido al hipotiroidismo, ¿verdad? Se desconocen las causas, aunque se piensa que puede haber un trastorno autoinmune detrás, y el diagnóstico se realiza por exclusión y cumpliendo unos criterios establecidos, es decir, si no encontramos la causa de esos síntomas, decimos que el paciente tiene fibromialgia, enfermedad invalidante, que no tiene cura y para la que lo único que hay es tratamiento sintomático.

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Fuente: massalud.org

El síndrome de fatiga crónica, se refiere a un cansancio intenso y continuo, que no se alivia con el descanso y no es causado directamente por otras enfermedades. Asocia además, otros síntomas como: alteraciones de memoria y concentración, dolor articular sin edema ni enrojecimiento, cefalea, irritabilidad, dolores musculares, debilidad muscular…nuevamente muy similares a los del hipotiroidismo, ¿verdad? Y, nuevamente, se desconocen las causas, aunque se ha relacionado con infecciones víricas y trastornos del sistema inmune, y el diagnóstico se realiza por exclusión y al cumplir unos criterios establecidos, es decir, si no encontramos la causa de esos síntomas, decimos que el paciente tiene síndrome de fatiga crónica, enfermedad invalidante, que no tiene cura y para la que lo único que hay es tratamiento sintomático.

Hasta hace poco (principios de la década de los 90), incluso se pensaba que todo estaba en la mente del paciente…en fin.

Pero… ¿y si ambas entidades y otras que conforman el síndrome de sensibilidad central, tuvieran una causa común? ¿Y si todo fuera tan sencillo como solicitar determinación de una hormona para su diagnóstico? ¿Y si pudieran curarse o aliviar casi completamente sus síntomas con una hormona?

Para introducir el tema, voy a poner dos ejemplos:

  1. Puede ocurrir que usted se encuentre cansado, dolorido, con trastornos del ánimo, hormigueos, pérdidas de memoria, fatiga crónica…y entonces vaya a su médico, y éste, con buen criterio, y entre otras cosas, le solicite una determinación de hormonas tiroideas…y sean normales. Pero puede que usted se siga encontrando mal, y le seguirán haciendo pruebas, que seguirán siendo normales…y llegará un momento en que su médico, o el reumatólogo, o el internista, le diga que lo que tiene usted se llama fibromialgia, o quizás síndrome de fatiga crónica, y entonces empezará su calvario de analgésicos, antiinflamatorios, antidepresivos y otros muchos fármacos que conseguirán que siga malviviendo, pero que nunca solucionarán su problema, simplemente, atenuarán sus síntomas.
  1. Puede ocurrir también, que le diagnostiquen hipotiroidismo, y en ese caso, comiencen a tratarle con hormona tiroidea, pero, si tenemos en cuenta que la mayoría de pacientes con hipotiroidismo reciben tratamiento con levotiroxina sódica (que es T4), estamos confiando en la capacidad de su organismo para transformar esa hormona en la hormona importante, la T3. Pero, ¿qué pasa si usted tiene dificultad para convertir T4 en T3? Pues que puede que tenga unos niveles perfectos de TSH y T4 libre o total (que son las dos hormonas que, con suerte, se determinan para llevar a cabo el control de su tratamiento, y digo con suerte porque, en la mayoría de consultas médicas, únicamente se solicita TSH para este fin) y, sin embargo, siga padeciendo un sinfín de síntomas como los que tenía antes del diagnóstico y, además tendrá que oír eso de “las hormonas están bien, así que sus síntomas no pueden ser atribuibles al tiroides. Y como sigue encontrándose mal, puede que le hagan más pruebas, que probablemente sean también normales, y, como el paciente del caso anterior…acabará siendo diagnosticado de fibromialgia o síndrome de fatiga crónica, y malviviendo.
  1. Mención aparte merecen aquellos pacientes, diagnosticados o no de hipotiroidismo, tratados o no con tiroxina y cuya TSH está por encima de 3 mcUI/ml…si siguen teniendo síntomas…es porque esa TSH no es normal, y debería iniciarse o ajustarse el tratamiento. Ya he comentado en otros post que los valores “normales” de TSH deberían actualizarse: en la mayoría de laboratorios, se consideran normales unos rangos de TSH entre 0,30 y 4,5 mcUI/ml…incluso se sigue considerando normal una TSH de 5 mcUI/ml y, en muchas ocasiones no se inicia tratamiento mientras la TSH esté por debajo de 10 mcUI/ml.  Pero, afortunadamente para los pacientes, cada vez más estudios, sociedades científicas y endocrinólogos, avalan (avalamos) la consideración de hipotiroidismo subclínico con cifras de TSH superiores a 2,5-3 mcUI/ml, ya que, como se ha comprobado,  el 95 % de personas sanas sin patología tiroidea, tienen una TSH inferior a 2,5 mcUI/ml,  y el 97,5 % de ellas, una TSH máxima de 3,24 mcUI/ml. Muchos endocrinos y plataformas de pacientes luchamos para que se actualicen estos valores de referencia…pero aún persiste la idea de que no pasa nada por tener la TSH en 5 mcUI/ml.

¿Y por qué os cuento todo esto?

Porque  en los últimos años, cada vez somos más los médicos que pensamos, a la luz de varios estudios, que la fibromialgia y el síndrome de fática crónica, pueden tener su origen en una disfunción del tiroides, mi glándula favorita.

Se sabe que un porcentaje elevado de pacientes con estas patologías, asocian hipotiroidismo, y, sin embargo, no mejoran sus síntomas con el tratamiento hormonal a base de T4, ni siquiera cuando sus niveles de TSH son los adecuados.

Otros muchos han sido evaluados y no se les ha detectado problema tiroideo alguno (lo que no quiere decir que no lo tengan).

Además, hasta hace unos años, el tratamiento del hipotiroidismo se realizaba combinando T4 y T3 en un solo fármaco…después se pensó que, como la T4 tiene que transformarse en T3, si a los pacientes hipotiroideos se les administraba únicamente T4, ésta sería suficiente para tratar su enfermedad, y a muchos les fue bien…pero otros comenzaron a notar síntomas que, en principio no podían ser atribuidos al hipotiroidismo porque las hormonas estaban perfectas…así que suponéis cómo acabaron, ¿verdad? Si, diagnosticados de fibromialgia o, peor aún…tachados de “quejicas”, “ansiosos”, “depresivos”…

Como ya he comentado en otros post, el tiroides produce varias hormonas, entre ellas, la T4, que es una hormona” de reserva”, inactiva, y que debe transformarse en T3, que es la hormona que ejerce funciones tan importantes como regular el metabolismo, la temperatura, la digestión, el ritmo cardiaco… ¿pero qué ocurre si esta conversión no tiene lugar? ¿Si hay suficiente T4, pero ésta no se transforma en la hormona “de verdad”? ¿O peor aún, si la T4 se transforma en T3 pero en una T3 “ineficaz”?…pues que los análisis estarán perfectos, pero el paciente estará hipotiroideo.

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Fuente: bioquimicaenlaclinica.wikispaces.com

Existen una gran cantidad de situaciones en las que el organismo no es capaz de convertir la T4 en T3 o esta conversión es ineficaz:

  • Muchas enfermedades o situaciones estresantes pueden provocar esta alteración: infecciones graves, ingresos hospitalarios, cirugías, anorexia nerviosa, estrés importante (muerte de un ser querido, accidentes…), hígado graso, diabetes, resistencia a la insulina…desde hace años, esta situación ha sido llamada Síndrome del enfermo eutiroideo, que, a grandes rasgos consiste en que, en estos pacientes con enfermedades graves puede aparecer una alteración en los valores de hormonas tiroideas (generalmente hipotiroidismo) sin existir una enfermedad tiroidea real.
  • La toma de ciertos medicamentos tan cotidianos como la aspirina, o los anticonceptivos orales, puede también alterar la conversión de T4 en T3.
  • Otras veces esto ocurre por déficit de ciertos micronutrientes como el selenio, el zinc o el hierro que son imprescindibles para facilitar esa conversión.

El mecanismo por el que la T4 no es capaz de convertirse a T3 es complejo…por lo que no voy a profundizar en él, pero si os interesa mucho, podría escribir un post sobre ello.

El diagnóstico es relativamente sencillo: solicitar determinación de T3…y saber interpretar los resultados. Si los niveles de TSH y T4 libre son óptimos, y los de T3 están disminuidos…la conversión falla, pero esto es algo que nunca se detectará por los cauces habituales (normalmente sólo se determina TSH y, con suerte, T4)

Y el tratamiento, por tanto, dependerá de la causa y de si el paciente ya está diagnosticado o no de hipotiroidismo y en tratamiento con tiroxina. Así, si el problema es un déficit nutricional, habrá que suplementarlo, si el paciente es hipotiroideo y ya toma T4, habrá que adicionar T3 a su tratamiento habitual, si el problema es un déficit de T3, el tratamiento es…T3.

Lamentablemente, en España es difícil conseguir T3, ya que únicamente se prescribe en ciertos casos muy concretos (no voy a extenderme), y aún más difícil es que desde las consultas médicas se solicite determinación de T3 libre…pero creo que si empezáramos a darle valor a este tema, la situación podría mejorar para muchos pacientes erróneamente diagnosticados.

Evidentemente, no todos los pacientes con fibromialgia,  síndrome de fatiga crónica y otras “nuevas enfermedades” invalidantes tienen esta disfunción tiroidea, existen otras alteraciones que han sido relacionadas con estas patologías, y podría escribir y escribir y no acabaría en semanas…así que he querido centrarme en el hipotiroidismo por déficit de T3 dado que es el que más relación tiene con mi especialidad…y creo que merece la pena tenerlo en cuenta, ¿no os parece?

Referencias:  

 

DISRUPTORES ENDOCRINOS, EL ENEMIGO SILENCIOSO (III)

Y después de todo lo dicho aquí y aquí, ¿cómo podemos evitar o disminuir la exposición a estas sustancias?

En primer lugar, es importante saber en qué situación nos encontramos en España:

  • Los resultados de los estudios publicados sobre la exposición a disruptores endocrinos (DE) muestran que la población general está expuesta a un cóctel de los mismos.
  • Están presentes en niveles muy variables según sexo, edad, nivel educativo y clase social, y, en todo caso, son superiores a las concentraciones capaces de provocar disrupción endocrina, así que serían deseables intervenciones socio sanitarias para reducir los niveles de exposición.
  • Los grupos más vulnerable son las gestantes y los niños, expuestos a concentraciones elevadas de DE, que, además, pueden actuar de forma combinada, por lo que estos niveles son preocupantes.

La prevención de riesgos para la salud y medio ambiente por exposición a DE supone un auténtico reto, ya que, debido a sus particularidades (actuación a dosis muy bajas y de forma combinada, periodos especialmente vulnerables, pueden producir efectos a varias generaciones y tener periodos de latencia muy largos, ubicuidad, no existe riesgo cero…), los métodos tradicionales de evaluación de riesgos de sustancias químicas incorporados a la normativa vigente no son válidos.

Por todo lo expuesto anteriormente,  es necesario aplicar el principio de precaución, y adoptar medidas urgentes para:

  • Eliminar o reducir en la medida de lo posible la exposición a DE.
  • Evitar la exposición de niños y mujeres en edad fértil, gestantes y lactantes.
  • Establecer nuevos métodos de identificación y evaluación que incluyan todas aquellas sustancias capaces de interferir con el sistema endocrino.
  • Apoyar la adopción urgente de una definición y de criterios de identificación de DE en Europa que garanticen la inclusión de todas las sustancias con capacidad de alterar el sistema endocrino y tengan en cuenta sus singularidades toxicológicas.
  • Incluir los DE como sustancias de riesgo en la normativa laboral, con consideración similar a los cancerígenos y mutágenos.
  • Prohibir los productos y artículos destinados a niños y embarazadas y los envases alimentarios que contengan DE.
  • Prohibir los ingredientes activos de plaguicidas y biocidas con capacidad de alterar el sistema hormonal.
  • Proporcionar a ciudadanos, trabajadores y profesionales información sobre vías de exposición a DEs y cómo evitarlas.

Y mientras tanto…¿qué podemos hacer nosotros? Afortunadamente, existen una serie de actuaciones que nos permitirán evitar o disminuir la exposición:

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Fuente: Informe 2012 sobre disruptores endocrinos de la comisión europea (resumen elaborado por ISTAS-CCOO con información complementaria)

Los DE nos llegan por diferentes vías: inhalación de partículas, ingestión de alimentos y agua contaminados y por contacto directo a través de la piel, así que nuestra exposición variará en función de nuestros hábitos, tipo de alimentación y el lugar donde vivimos o trabajamos.

Es imposible evitarlos completamente (ya hemos hablado de sus peculiares características), pero como tampoco podemos meternos en una burbuja ni vivir obsesionados con el tema, creo que lo ideal es incorporar a nuestra vida diaria una serie de costumbres que nos permitirán reducir lo máximo posible la exposición a DE. Recordad que hacen falta 21 días para cambiar un hábito o incorporar uno nuevo…así que, ¡a por ello!

Podemos REDUCIR LA EXPOSICIÓN ALIMENTARIA tomando las siguientes medidas:

  • Reduciendo el consumo de grasas de origen animal, que es donde se acumulan los DE en su mayoría. Se desaconsejan sobre todo los animales que comen animales como los pescados grasos de gran tamaño (que comen otros peces), ya que van acumulando en su grasa los DE de todos ellos. Deben evitarse especialmente: mero, pez espada, cazón, tiburón, caballa, atún y langostinos, especialmente desaconsejados durante el embarazo y lactancia y en niños pequeños.
  • Dando preferencia a carnes blancas, a ser posible de producción ecológica y pescados como merluza, bacalao, salmón, sardinas y peces pequeños en general. Para un listado más amplio de pescados consulta el documento sobre mercurio en el pescado, de la fundación vivo sano.
  • Evitando otros pescados con alto contenido en mercurio, pesticidas y otros DE: panga, perca, halibut…
  • Procurando consumir, si tu economía te lo permite, productos de agricultura y ganadería ecológica. De esta forma evitamos aquellos tratados con plaguicidas, pesticidas, antibióticos, hormonas… son más caros, sí, principalmente por la ley de oferta y demanda (si los consumimos más, bajarán de precio)…pero creo que merece la pena invertir en salud. Podéis encontrar aquí una guía de los alimentos más contaminados por DE.

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Alimentos más contaminados con DE. Fuente: Guía de comida disruptora PAN-Europe y Fundación vivo sano

  • Si no proceden de agricultura ecológica, lava bien y pela frutas y verduras.
  • Evita consumir diariamente latas de refrescos o de conservas.
  • Usa envases de cristal o cerámica siempre que sea posible. Utiliza para tus hijos sólo biberones, tetinas y chupetes que especifiquen libres de Bisfenol A y evita los líquidos calientes en biberones de plástico, aunque estén libres de bisfenol A, por precaución. A ser posible, usad los de cristal.
  • Evita el contacto de alimentos con:
  1. Cloruro de polivinilo o PVC (film transparente y algunos envases transparentes duros), identificado con el número 3.
  2. Poliestireno (bandejas espuma blanca), identificado con el número 6.
  3. Policarbonatos (biberones de plástico, vajillas de plástico transparente recubrimiento plástico de latas)
  4. Aluminio.
  5. Teflón.
  • Los plásticos más seguros son los codificados con número 1 (PET) y 2 (HDPE). También los 4 (LDPE) y 5 PP, aunque a nivel medioambiental emiten tóxicos al eliminarse.
  • No calientes plásticos ni los introduzcas en el microondas.
  • No tomes bebidas calientes en envases de plástico o papel recubierto de resinas o plásticos, ni comida precocinada en envases plastificados.
  • Evita que se caliente el contenido de envases plásticos (por ejemplo, agua embotellada que ha sido sometida a altas temperaturas) y reutilizarlos varias veces, especialmente con agua del grifo que tiende a descomponer los polímeros más fácilmente.

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Plásticos más seguros y plásticos a evitar en contacto con alimentos. Fuente: blogdefarmacia.com

La EXPOSICIÓN EN EL HOGAR DISMINUIRÁ SI::

  • Reducimos el uso de materiales sintéticos.
  • Simplificamos los productos limpieza (usar productos naturales: jabón, vinagre, limón, bicarbonato…)
  • Evitamos productos de cosmética sintéticos (eso incluye cremas, dentífricos, protectores solares, aftershave…) o, al menos, los usamos libres de DE (sí, hay que leerse las etiquetas). Lo ideal es utilizar productos con certificado ECOCERT. Podemos reducir el uso de cremas solares evitando la exposición directa al sol en las horas centrales del día y empleando filtros físicos: sombrilla, ropa, gorra y protectores solares de filtro físico.
  • Evitamos insecticidas domésticos, especialmente en el interior de casa y con ojos, nariz y boca desprotegidos (al menos, utiliza gafas, mascarilla y guantes y, después, lava bien las manos.) Son de preferencia las trampas sin tóxicos (con feromonas, por ejemplo).
  • No fumamos, una razón más para evitar el tabaco es que está plagado de DE.
  • Fregamos el suelo y limpiamos frecuentemente el polvo con trapo húmedo.
  • Ventilamos las estancias.
  • Usamos productos y ropas naturales, especialmente en el cuidado y la habitación de los bebés y niños pequeños.
  • No traemos ropa de trabajo a casa.
  • Nos quitamos los zapatos al entrar en casa y ponemos felpudos y/o moqueta en entrada y recibidor.
  • Tiramos los tickets de supermercados, datáfonos y cajeros (contienen bisfenol A)

Y si os parece que llevar a cabo todas estas medidas es difícil, recordad que aún más difícil es convivir con ciertas enfermedades evitables, y que mientras no se tomen medidas desde las altas esferas…esto es todo lo que podemos hacer por nuestra salud y la de nuestros hijos.

 

 

Referencias: – Informe 2012 sobre disruptores endocrinos de la comisión europea (resumen elaborado por ISTAS-CCOO con información complementaria)

– – State of the Science of Endocrine Disrupting Chemicals 2012 (WHO-UNEP)

DISRUPTORES ENDOCRINOS, EL ENEMIGO SILENCIOSO (PARTE II)

Con lo poco que me gusta a mí…me voy a tener que poner seria, pues el tema lo merece.

En los últimos 40 años, y coincidiendo con el “progreso y desarrollo” (lo entrecomillo porque, para según qué cosas, más que progreso, parece un regreso), se ha producido un dramático incremento de ciertas enfermedades metabólicas, cánceres hormono dependientes y enfermedades autoinmunes. Todos estos problemas de salud están relacionados en parte, con nuestros nuevos nefastos hábitos de vida (dieta insalubre y sedentarismo principalmente).

Sin embargo, y como ya comenté aquí, parece ser que hay algo más que está influyendo en esta explosión de enfermedades: la exposición en las distintas etapas de la vida a una serie de sustancias capaces de alterar el equilibrio hormonal y la regulación del desarrollo embrionario y, por tanto, con capacidad de provocar efectos adversos en la salud de un individuo o de sus descendientes, son, los disruptores endocrinos (DE).

DE

Fuente:State of the Science of Endocrine Disrupting Chemicals 2012 (WHO-UNEP)

Pero, ¿qué efectos pueden tener sobre la salud humana y la fauna silvestre?

  1. Pueden provocar daños sobre la salud reproductora: disminución de la calidad del semen, criptorquidia, hipospadias, pubertad precoz femenina, reducción de la fecundidad femenina, SOP, endometriosis, reducción de fertilidad y daños congénitos, fibroides uterinos…
  2. Se han relacionado con el desarrollo de tumores en órganos hormono-dependientes: mama, próstata, testículo, tiroides.
  3. Parecen tener un papel en algunas alteraciones en el desarrollo neurológico (Transtornos cognitivos, autismo, TDHA, déficit motor y sensorial, agresividad…)
  4. Se ha demostrado su implicación en algunas enfermedades metabólicas como la diabetes, obesidad y Síndrome Metabólico.
  5. Existe una conexión muy estrecha entre el sistema endocrino y el inmunológico. Así, los DE pueden ser potencialmente responsables de enfermedades y trastornos inmunitarios como asma, alergias, enfermedades tiroideas autoinmunes, endometriosis, algunas enfermedades óseas y cánceres del sistema inmunitario.
  6. Se han visto involucrados en ciertos trastornos del sistema neuroinmunológico como la encefalopatía miálgica, fibromialgia, esclerosis múltiple, sensibilidad química múltiple…
  7. Finalmente, están ampliamente estudiados sus efectos sobre la fauna silvestre: En invertebrados, inducción de imposex (desarrollo de órganos sexuales masculinos en individuos femeninos provocando su esterilidad) e intersex (presentar características masculinas y femeninas a la vez), mortalidad de larvas, inhibición de la metamorfosis y reducción de capacidad reproductora). En peces, inducción de intersex, alteración de ratios de sexos, anormalidades tiroideas, cambios en comportamiento sexual. En anfibios, inducción de intersex y de masculinización, cambios en comportamiento sexual, alteración de la metamorfosis, alteración de niveles de hormonas tiroideas y de la función tiroidea.  En reptiles, alteración de ratios de sexos y daños al sistema reproductor. En aves, alteración de ratios de sexos, malformación de órganos sexuales, reducción de la fertilidad, cambios en comportamientos reproductivos, daños al desarrollo de huevos. Y en mamíferos, daños al sistema reproductor, desórdenes del tiroides y lesiones en glándulas suprarrenales.

Pero…¿qué disruptores endocrinos nos podemos encontrar en nuestra vida diaria? Como ya comenté en la anterior entrada, el catálogo es amplísimo, y su localización, lamentablemente, es ubicua…aquí os describo algunos:

disruptores endocrinos vs. menopausia precoz_estudio_Persistent organic pollutants and early menopause in U.S. women. PLOS ONE, 2015-SISS

Fuente: Grindler NM et al. Persistent organic pollutants and early menopause in US women. PLOS ONE 10(1):e0116057. Doi: 10.1371/journal.pone.0116057

  1.  Plásticos como los Ftalatos, que podemos encontrar en films para envolver alimentos,juguetes, tetinas de biberón, chupetes, coches, material médico, muebles, materiales plásticos para suelos, envases, lacas de uñas, perfumes, jabones, ropa, barnices, lubricantes, repelentes de insectos, adhesivos, celulosa..O el Bisfenol A, presente en el recubrimiento interno de latas, recipientes y envases de comida plastificados, recipientes de plástico y algunos biberones, recibos de impresión de datáfonos y cajeros…
  2. Productos cosméticos (algunas cremas, protectores solares, perfumes, desodorantes, geles, champúes, dentífricos…) que contienen, entre otros, conservantes (por ejemplo parabenos), fragancias (como galaxolide), solventes (como los cyclic-methyl-siloxanos) o bactericidas (triclosan, phenoxyetanol).
  3. Metales pesados como el plomo, arsénico, mercurio o cadmio, que además de su toxicidad, actúan también como disruptores endocrinos. Los podemos encontrar especialmente al consumir grasas de animales que comen animales (pescados depredadores por ejemplo) o beber aguas contaminadas por metales pesados.
  4. Restos de anabolizantes y otros medicamentos(como anticonceptivos, inductores de la ovulación o algunos antidepresivos).
  5. Algunos pesticidas de uso habitual, insecticidas de uso doméstico o biocidas como los organofosforados.
  6. Alquitenoles/nonilfenoles, empleados en la fabricación de agentes tensoactivos, emulsionantes, dispersantes o humectantes presentes, por ejemplo, en detergentes de la ropa o limpiadores domésticos.
  7. Sustancias perfluororadas, las encontramos en el teflón de las sartenes antiadherentes, en superficies antimanchas de alfombras, pinturas y textiles y algunas espumas presentes en extintores de incendios.
  8. Piroretardantes bromados, empleados en la construcción y sobre otras superficies como muebles, para evitar que ardan o retardar su combustión.
  9. Y por último, pero no menos importante, la llamada e-basura, es decir los electrodomésticos, móviles, televisores, chips, ordenadores…no reciclados correctamente. Contienen metales pesados,  aditivos de plásticos y retardantes de llamas que están contaminando ríos y animales y que llegan a nosotros mediante ingestión directa.

Así que, ya veis, sustancias potencialmente peligrosas para nuestra salud y la de la fauna que nos rodea, y que se encuentran en la mayoría de objetos de uso diario y en muchos de los alimentos que consumimos.

Sin embargo, no todo está perdido: en la siguiente entrada os explicaré algunos trucos para evitar o disminuir la exposición a estos “enemigos silenciosos”

Referencia: State of the Science of Endocrine Disrupting Chemicals 2012 (WHO-UNEP)

¿Tiene el tiroides la culpa de todo? (II)

Hoy en día uno va al médico, a cualquier médico, por el motivo que sea…y de repente comenta algo que puede cuadrar con uno de los múltiples signos y síntomas de disfunción tiroidea, y escucha eso de: “pues vamos a ver cómo está el tiroides”, y el médico le pide un análisis para medir los niveles de TSH, que es la hormona que solicitamos los médicos en los análisis para valorar la función tiroidea…y ¡bingo! salen “algo” alterados.

Nota: para saber más de la TSH, aconsejo leer  este post.

Y médico y paciente respiran aliviados (bueno, el paciente menos), porque ya han encontrado la causa de todos sus males…pero no, no es tan sencillo.

Y entonces el médico le manda al endocrino, y el endocrino le dice que antes de tratar algo, hay que confirmarlo, y le repite los análisis, o puede que el mismo médico quiera repetirlos antes de mandarle al especialista…y entonces van, y salen bien, la TSH ha vuelto a la normalidad, y uno se pregunta: ¿qué ha pasado?

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1. Pues que por un lado el tiroides es muy sensible, y tiene la mala costumbre de “alterarse” con un simple catarro, una enfermedad aguda o crónica más o menos grave, la toma de algunos medicamentos (incluyendo hierbas “naturales”, isoflavonas y demás familia), intervenciones quirúrgicas, malnutrición y hasta con el estrés…así que puede que, para cuando le ve el endocrino, ya se haya solucionado el problema solo (menos mal).

Eso si, uno no se queda tranquilo después de esto, y mi consejo es que, si se le ha alterado alguna vez, se lo vigile de año en año.

2. Por otro lado, puede que en el momento en el que le solicitaron los análisis, estuviera pasando por una tiroiditis (resumiendo y simplificando mucho: inflamación de la glándula que puede tener distintas causas y que puede pasar por varias fases: hipertiroidismo- normofunción tiroidea- hipotiroidismo), y nuevamente, para cuando le ve el endocrino, se ha resuelto el problema solo.

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Sin embargo, esta situación es diferente a la anterior: la persona que ha padecido una tiroiditis debe ser revisada al menos durante unos meses, ya que esa inflamación puede dejar “huella” en el tiroides, y tendrá una mayor tendencia a que, en un futuro (especialmente en etapas “clave” como el embarazo o la menopausia), aparezca una disfunción…o no. Así que, si es su caso, no lo deje en el cajón de los recuerdos.

3. A veces, la disfunción aparece durante el embarazo o el postparto, y, pasados estos periodos se resuelve; Esta situación da para hablar largo y tendido, por lo que en breve le dedicaré un post completo…o varios.

4. Finalmente, puede que fuera un error de laboratorio, que estas cosas pasan, y el síntoma o signo del que le habló a su médico no tenía nada que ver con el tiroides…que no siempre tiene la culpa de todo, el pobre.

Pero…¿y si, a pesar de todo, el paciente sigue encontrándose mal y presentando síntomas de hipotiroidismo?

En la siguiente entrada hablaré de ello: pacientes con disfunción tiroidea diagnosticada y tratada, o incluso con hormonas catalogadas de “normales”, a pesar de lo cual siguen encontrándose fatal…¿tendrá el tiroides la culpa en esta ocasión? Próximamente la respuesta.

Comienza el reto…¿Te atreves?

Como ya comenté en el post anterior, parece ser que son necesarios 21 días para modificar un hábito o para adquirir uno nuevo.

Pero, ¿Por qué 21 días?

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Ya en los años cincuenta, un cirujano plástico llamado Maxwell Maltz, observó que, tras una operación estética, por ejemplo de nariz, el tiempo medio que tardaban los pacientes en acostumbrarse a su nuevo aspecto era de unos 21 días. También se dio cuenta de que el síndrome del miembro fantasma (que es la percepción de que un miembro amputado aún sigue conectado al cuerpo y funciona normalmente) seguía el mismo patrón de los 21 días.

Las personas sentimos y actuamos en función de la imagen que nos formamos de la realidad, no de la realidad en sí, y parece ser que acostumbrarnos a una nueva realidad requiere un periodo de tiempo de adaptación mínimo de 21 días.

Así que este es el tiempo mínimo necesario para que el cuerpo y la mente se acostumbren a algo y ese algo se transforme en hábito, es decir, que se repita o se haga de forma automática y sin pensar.

¿ Y qué es necesario hacer para modificar un hábito?

William James, filósofo y psicólogo estadounidense, nos dio tres pautas muy claras a finales del siglo XIX:

  1. Determinación.
  2. Disciplina
  3. Motivación e iniciativa.

Estos tres principios son básicos para cambiar y mejorar nuestra vida.

Obviamente, nuestros antiguos hábitos serán recordados casi a diario en estas tres semanas, ya que han formado parte de nuestras costumbres durante demasiado tiempo, pero si nos mantenemos firmes y logramos reeducar a nuestro cerebro, poco a poco los interiorizaremos y formarán parte de nuestras nuevas costumbres saludables.

Y como dice el refrán: “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.

A menudo, dejamos para el lunes o para el día 1 de enero el cambio…y ese cambio nunca llega. Pero el reto debe empezar hoy, sea la hora que sea, no importa si al principio caes y cedes ante alguna tentación, con insistencia y firmeza lograrás tu objetivo: mejorar tu salud.

Porque no olvidemos que el objetivo no es perder peso para el verano (ya llegamos tarde), sino cambiar de hábitos para mejorar nuestra vida y disminuir el riesgo de muchas enfermedades.

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Comenzaremos modificando o afianzando algunos hábitos durante 21 días:

Un consejo inicial: poneos una pulsera o algo visible que os recuerde el reto…y a por ello!

1. Come 5 veces al día, y no te saltes ninguna comida principal. Lo sé, lo sé, no cuento ninguna novedad, pero es que hay varios motivos para aconsejarlo: evitar bajadas y subidas bruscas de azúcar que vuelven loco a nuestro páncreas, estimular el metabolismo, tener menos hambre en la siguiente comida…si queréis, lo explico con más calma en otro post, que este está quedando muy largo.

2. Aumenta el consumo de frutas, verduras, cereales integrales, pescados (preferentemente azules y de pequeño tamaño, por evitar el exceso de mercurio) y frutos secos (mejor almendras y nueces y en pequeñas cantidades, ya que son muuuuy calóricos), y disminuye carnes, lácteos y huevos.

Y acostúmbrate a comer en plato de postre, pequeñas porciones, especialmente de aquellos alimentos más grasos o menos saludables (todos sabemos cuáles son, no hace falta ir al endocrino para eso)

3. Destierra de tu nevera los productos precocinados, elaborados y llenos de sal y grasas saturadas (si, todo lo que te gusta), no los compres, haz una lista antes de ir a la compra y revísala, si aparece alguno de ellos…táchalo. Si no está, no podrás comerlo, así de “fácil”.

4. En cuanto a las grasas: evitad las saturadas en general y las de origen animal en particular. Esto daría para un post entero, pero para empezar, fijaos bien en las etiquetas del  los productos, cuando pone aceite vegetal, seguro que no es de oliva, sino de palma o coco, y refinado e hidrogenado, que es lo peor.

Mejor aceite de oliva, a ser posible en crudo, y teniendo en cuenta que es muy sano pero para las personas delgadas, porque engordar, engorda lo mismo que los otros…así que, máximo 3-4 cucharadas soperas AL DÍA (no en la tostada del desayuno).

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5. Ahora la buena noticia: come de todo, pero de todo todo, eso si, dando preferencia a los alimentos sanos y sólo probando los “insanos” o permitiéndote un pequeño capricho ocasionalmente (si te quedas con hambre o tienes mucha ansiedad), para después compensarlo (nadie dijo que fuera fácil ni milagroso). Y por supuesto, como en casa no podrás pecar (te remito al punto anterior: NO SE COMPRAN), tendrás que obligarte a salir para poder permitírtelos, y, ya de paso, caminas.

6. Evita los alimentos light…engordan menos, pero engordan, y al final, inconscientemente puedes comer más cantidad (como es light…) y acabar ingiriendo el mismo número de calorías que si fuera normal. Evita también los refrescos, aunque sean light o cero (no tienen muchas calorías, pero también engordan, llevan edulcorantes, que son peores que el azúcar, y como son dulces, engañan al cerebro pensando que estás comiendo algo dulce y al final, por cuestiones hormonales que otro día explico porque es muy largo…acaban engordando igual)

7. Como endulzante, mejor una cucharada de azúcar moreno o miel que edulcorantes artificiales (por lo mismo que he comentado antes). Podéis probar la stevia, que es un edulcorante procedente de una planta, aunque no sabe igual que el azúcar, y hay que asegurarse de que es pura (algunas marcas incorporan edulcorantes y casi nada de stevia)

8. Para beber…agua.

9. Como muchos de vosotros seguramente tenéis vida social, procurad respetar los consejos anteriores también en vuestras reuniones: por ejemplo, pidiendo una ensalada aliñada con vinagre o limón y/o UNA cucharada de aceite, de segundo pescado/carne a la plancha y de postre, fruta (sin nata o sirope, claro).

Para beber, mejor vino o cerveza que copas, que tienen muchas calorías vacías (es decir, engordan y no aportan nada nutricionalmente), y como aperitivos…pepinillos, cebolletas, jamón ibérico sin tocino…y poco más.

Pero insisto, si salís y “pecáis “, compensadlo con ejercicio y al día siguiente volved a empezar…esto es una carrera de fondo, se trata de cambiar tus hábitos de vida para siempre, no de hacer una dieta 1 mes, adelgazar y volver a lo de antes…recordad el efecto yo-yo.

10. HAZ EJERCICIO, así, en mayúsculas: caminar, natación, correr…lo que más os guste, pero un mínimo de 150 minutos a la semana repartidos como quieras, por ejemplo 50 minuto 3 días a la semana o 30 minutos diarios); pero ejercicio de verdad, si no se suda, no se quema. Puedes empezar por 10 min, luego 15…si no estás acostumbrado a hacer ejercicio, hay que ir poco a poco hasta alcanzar esos 150 min semanales.

¿Y cual es el objetivo de todo esto? Pues encontrarse mejor, más sano, más ágil…y si además pierdes peso, mejor que mejor, ¿no?.

Espero que en los próximos días me vayáis contando los resultados, y, una vez adquiridos los hábitos…seguiremos trabajando, pero para eso hay que ser constante: tres semanas, “sólo” 21 días.

¿Por qué es necesario un blog cómo este?

Todos los días hay personas que van al médico, a cualquier médico…pongamos al endocrino.

Muchos pacientes acuden “motu proprio”, bien porque sus síntomas coinciden con los de alguna enfermedad endocrina de la que se han informado, bien por consejo de otros especialistas, o para adelgazar…sobre todo para adelgazar.

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Sin embargo, la mayoría acuden derivados por su médico de atención primaria, y, según mi propia experiencia, gran parte de ellos ni siquiera saben porqué les han mandado allí.

Así que se encuentran en una sala de espera repleta de personas muy distintas; la población general piensa que el endocrino es ese especialista que te “enseña a comer” y, como por arte de magia, te hace adelgazar, sin embargo, la variedad de enfermedades endocrinas es enorme, y los motivos por los que su médico les ha derivado allí son casi infinitos (os lo digo yo, ya os iréis enterando).

Y entonces entran en la consulta, y se encuentran con un médico que les hace preguntas de lo más raro: que si se marea usted por las mañanas, que si le han crecido los pies, que si se queda dormido en cualquier parte…y que le mira fijamente (los ojos, las manos, el cuello…). Después le explora: le toca el cuello como si fuera a ahogarle, observa si le sudan las manos y hasta puede que le mida los dedos u otras partes de su cuerpo.

A estas alturas, y por mucho que el profesional trate de explicarle cuáles son sus sospechas y qué pruebas va a solicitar, usted está tan alucinado que puede que no recuerde cómo ha llegado hasta allí. Así que cuando sale de la consulta, se encuentra con uno o varios volantes en la mano llenos de peticiones de cosas raras y muchas dudas que no ha sabido cómo expresar…y entonces corre a buscar en Internet, donde cada cosa que lee acerca de las peticiones que le han hecho o de las preguntas realizadas por el endocrino, es más horrible que la anterior.

Y por eso he pensado que este blog puede ser útil, para tratar de explicar con palabras más sencillas lo que a veces es complicado de entender, para intentar solucionar dudas, y sobre todo, para acercar el maravilloso mundo de las hormonas a todo aquel que quiera.

Así que me gustaría y me resultaría muy útil que en vuestros comentarios me sugirierais temas a tratar, preguntas a responder…o lo que se os ocurra…me ayudáis?

Bienvenidos a bordo!