Probióticos… ¿qué hay de nuevo, viejo?

Hace unas semanas, os hablaba de la microbiota,  de los millones de bacterias que conviven con nosotros en perfecta armonía, y que desempeña funciones tan importantes como las de proteger nuestro organismo de microorganismos potencialmente perjudiciales, controlar la proliferación y diferenciación de las células intestinales, producir vitaminas etc, y cuyo desequilibrio (disbiosis) parece ser responsable de múltiples enfermedades.

En ese post, os di una serie de recomendaciones para cuidar nuestras bacterias…pero, ¿y si eso no es suficiente? ¿y si necesitamos algo más para recuperar una flora extremadamente dañada?

Hoy os hablo de probióticos, pero antes… voy a hacer un poco de historia (que ya sabéis que me gusta):

Tenemos constancia del uso de leche fermentada para el tratamiento de infecciones gastrointestinales desde, al menos, el año 76 a.c., fijaos que no es algo nuevo, ha llovido desde entonces.

En 1901, Metchnikoff propuso la teoría de que la microbiota intestinal, podía ser modulada de forma beneficiosa para el organismo mediante la administración oral de las bacterias que intervenían en la fermentación del yogur, ya que éstas serían capaces de suprimir las bacterias putrefactivas, y que por este motivo, los campesinos búlgaros (grandes amantes y consumidores de yogur), serían tan longevos. Publicó sus observaciones en el libro “Prolongation of Life”…todo un visionario, ¿no creéis?

yogur

En 1909, Isaac Carasso, otro visionario, pero en este caso de los negocios, creó la marca registrada Danone en Barcelona, y comenzó a comercializar el yogur, que hasta ese momento, se dispensaba en farmacias y se empleaba para prevenir o aliviar diferentes trastornos (diarrea, estreñimiento, cistitis, dermatitis. Colitis…)

En 1965, Lilly y Stillwell introducen el término probiótico, y lo definen como “aquel factor de origen microbiológico que estimula el crecimiento de otros organismos”.

Así que, como veis, los probióticos no son ninguna novedad…se conocen sus propiedades desde hace siglos, eso sí, cada vez se investiga más en ellos, se cultivan y comercializan distintas cepas y se descubren nuevos beneficios, de ahí el título del post… ¿qué hay de nuevo, viejo?

Pero, ¿qué son exactamente?

Antes de “meterme en faena”… creo necesario diferenciar tres conceptos:

Probióticos: Son microorganismos vivos que cuando son suministrados en cantidades adecuadas promueven beneficios en la salud del organismo del individuo que los consume.

Prebióticos: Ingredientes fermentados selectivamente que dan lugar a cambios específicos en la composición y/o actividad de la flora gastrointestinal, confiriendo así beneficios a la salud del huésped

Simbióticos: Productos que contienen tanto probióticos como prebióticos

hablemosclaro

Fuente: hablemosclaro.org

La Sociedad Española de Probióticos y Prebióticos (SEPYP), establece una serie de condiciones  en su documento de consenso para poder hablar con propiedad de probióticos:

  1. Son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas confieren un beneficio a la salud del que los recibe.
  2. Las sustancias “constituyentes de” o “producidas por” microorganismos, no pueden considerarse probióticos.
  3. Para poder hablar de probióticos, debe demostrarse científicamente, mediante estudios realizados en población humana y con metodología científica adecuada, que produce efectos beneficiosos en el organismo.
  4. Los estudios realizados en laboratorio son imprescindibles y proporcionan mucha información, pero no son suficientes para asegurar un beneficio en humanos.
  5. Los efectos saludables demostrados para una cepa, no son extrapolables a otras cepas de la misma espacie.
  6. Una cepa que demuestra ser eficaz para una indicación, no tiene por qué ser válida para otras. Así, la eficacia de algunas cepas está ampliamente demostrada para indicaciones gastrointestinales, otras son eficaces para prevención de infecciones etc.
  7. Las evidencias científicas demostradas sobre una población (por ejemplo niños), no son extrapolables a otras (por ejemplo ancianos, embarazadas…)

¿Por qué os cuento esto?

Porque ni todo lo que pensamos que es un probiótico lo es, ni todos los probióticos son iguales ni valen para las mismas cosas…y es importante diferenciar y no asumir que lo que le va bien al vecino del quinto me va a ir bien a mi…como ocurre con todos los fármacos, vaya.

¿Cuáles son sus principales propiedades?

  • Son capaces de sobrevivir en el tracto gastrointestinal y adherirse al epitelio (la capa más superficial del intestino)
  • Son capaces de modular/cambiar/mejorar la microbiota intestinal.
  • Disminuyen la permeabilidad intestinal, consiguiendo que el intestino funcione adecuadamente (la permeabilidad intestinal da para otro post, sólo os adelanto que parece estar implicada en bastantes patologías)
  • Producen cambios en el sistema inmune, modulándolo y/o estimulándolo…y por tanto tienen (o podrían tener) un efecto sobre infecciones y enfermedades autoinmunes.
  • Su uso es seguro en humanos

¿Cuáles son los principales microorganismos que merecen llevar el nombre de probióticos?

  • Cepas de las bacterias pertenecientes a los géneros Bifidobacterium y Lactobacillus
  • Cepas de bacterias que pertenecen a otros géneros, como Enterococcus, Streptococcus, Escherichia coli y Bacillus cereus
  • Levaduras no patógenas, principalmente Saccharomyces cerevisiae y Saccharomyces boulardii

meetgenes.blogs.uv.es

 Fuente: meetgenes-blogs-uv-es

¿Para qué se ha demostrado que son útiles?

En esta ocasión, no voy a poner todas las referencias a los estudios que nombro (el post se me haría demasiado extenso)…pero si a alguien le interesa alguno en concreto, que pregunte y se lo envío.

 

Diarrea.

  • La diarrea aguda secundaria a gastroenteritis infecciosa, es frecuente en niños y puede llegar a ser grave. La administración de Lactobacillus rhamnosus cepa GG ha demostrado ser útil en niños, ya que reduce de forma significativa la duración de la diarrea, especialmente cuando el causante es el temido rotavirus. El efecto de los probióticos en adultos está menos estudiado, pero algunas cepas (como el Enterococcus faecium SF 68) se han demostrado eficaces en estos casos. Lactobacillus GG, Lactobacillus casei DN-114001 y Saccharomyces Boulard son eficaces en la prevención de algunos tipos de diarrea aguda, tanto en adultos como en niños.
  • La diarrea asociada a antibióticos aparece en aproximadamente el 20 % de consumidores de los mismos, y se piensa que se debe a la alteración que producen sobre la flora intestinal, al fin y al cabo, esa es su misión, matar bacterias; el problema es que también acaba con las bacterias “buenas” propiciando que proliferen las malas. Está demostrado que, el uso de Saccharomyces boulardii o Lactobacillus rhamnosus, mientras dura la terapia antibiótica, evita o acorta la diarrea secundaria a eritromicina, clindamicina o ampicilina, entre otros. Además, está demostrada la eficacia del Lactobacillus casei DN-114 001 en adultos hospitalizados para la prevención de la diarrea asociada a los antibióticos y diarrea por Clostridium difficile.
  • Diarrea del viajero…esa diarrea que puede amargarle las vacaciones a más de uno, y que suele deberse a infección por Escherichia coli, Salmonella spp, Shigella spp y Campylobacter spp, podría mejorar con el empleo de probióticos, aunque los resultados de varios estudios no son, aún concluyentes.
  • Diarrea inducida por radiación, podría mejorar con el uso de preparados que incluyan Lactobacillus casei, Lactobacillus acidophillus, Lactobacillus plantarum, Lactobacillus delbrueckii, Lactobacillus bulagricus, Bifidobacterium longum, Bifidobacterium brevis, Binfantis, Saccharomyces thermophilus (450×109)…aunque no está perfectamente demostrado.

Estreñimiento.

Las bifidobacterias presentes en algunos lácteos, pueden reducir el tiempo de tránsito intestinal, lo que beneficia en caso de padecer estreñimiento.

Enfermedad Inflamatoria Intestinal.

Se piensa que la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) se produce por que, en personas genéticamente predispuestas, la propia flora intestinal desencadena una inflamación exagerada y crónica de la pared intestinal. En estos pacientes, además, se han comprobado alteraciones profundas en la microbiota, por lo que la administración de probióticos específicos puede ser de gran utilidad, especialmente en caso de reservoritis y colitis ulcerosa.

En el caso de la enfermedad de Crohn, no está perfectamente demostrado el beneficio.

Síndrome de intestino irritable/dolor cólico.

Varios estudios muestran la eficacia de distintas cepas a la hora de mejorar el dolor, la distensión del abdomen y la flatulencia (Bifidobacterium y combinaciones).

Lactobacillus reuters parece ser eficaz en algunos casos de cólico del lactante.

Enterocolitis necrotizante.

La suplementación con probióticos en recién nacidos prematuros (antes de la semana 33 de gestación), parece reducir el riesgo de enterocolitis necrotizantes y de fallecimiento por esta causa.

Intolerancia a la lactosa.

La intolerancia a la lactosa, tanto permanente como transitoria (después de haber sufrido una gastroenteritis, por ejemplo), afecta a un número importante de personas. Se produce por la falta de lactasa, la enzima responsable de digerir la lactosa (el azúcar de la leche) que, al llegar entera al intestino grueso, es fermentada por las bacterias que viven allí, produciéndose  ácidos grasos de cadena corta y gas, y como consecuencia: dolor de tipo cólico, flatulencia y diarrea.

Sin embargo, muchas personas intolerantes a la lactosa (ojo, no todas), toleran perfectamente los lácteos fermentados (yogurt, kefir…), y esto se debe, ni más ni menos, que a los probióticos presentes en estos alimentos: los lactobacilos (que contienen lactasas) y a que el yogurt transita más lentamente por el intestino que la leche (dando tiempo a que sus lactasas digieran gran parte de la lactosa)….ahora ya sabéis por qué los médicos aconsejan tomar yogurt después de una gastroenteritis.

aeped.es

Fuente: aeped.es

Mastitis/Infección del pezón/Perlas de leche/Obstrucciones/abcesos…Lactancia materna.

Uno de los “nichos” del microbioma humano, es la mama, y de estos microorganismos se beneficia el bebé durante todo el tiempo que dura la lactancia.

Pero en esta zona, como en otras, cuando hay un desequilibrio (una disbiosis) y comienzan a proliferar microorganismos patógenos frente a los beneficiosos…aparecen los problemas.

En los últimos años, se ha avanzado mucho en la investigación de las complicaciones infecciosas acontecidas durante el periodo de lactancia materna, y está demostrado que, todas ellas, pueden resolverse o mejorar considerablemente con el empleo de probióticos específicos…doy fe: durante mis 3 lactancias prolongadas he sufrido algunas de ellas, y, en mi caso, funcionaron perfectamente.

En el caso de mastitis, por ejemplo, podría iniciarse de forma temprana el tratamiento con probióticos y, si en un par de días no mejora, asociar un antibiótico al que las bacterias que típicamente son responsables de este cuadro sean sensibles (para ello, lo ideal es hacer un cultivo).

En caso de abcesos mamarios, casi siempre hay que realizar un  drenaje y pautar antibióticos, pero la adición de probióticos al tratamiento, mejora la evolución.

Y el resto de complicaciones, suelen responder favorablemente, eso sí, si aparecen, siempre debéis consultar con vuestra matrona o médico para que controle la evolución del cuadro.

Mejora de la respuesta inmune.

Los probióticos, como ya he comentado, tienen un efecto  protector frente a microorganismos patógenos, ya que evitan que éstos proliferen y refuerzan el efecto barrera de la pared intestinal.

Pero es que además, son capaces de aumentar la actividad de varios tipos de células (macrófagos y linfocitos) que forman parte de nuestro sistema inmune (que es el que nos defiende de virus, bacterias etc) y estimular la respuesta de dicho sistema.

Enfermedad atópica/ Alergias.

Algunas cepas de probióticos específicos han demostrado eficacia para el tratamiento y prevención del eccema atópico:

Así, en caso de que existan antecedentes de dermatitis atópica grave, se ha comprobado que, administrando a la madre en el último mes de gestación cepas específicas de Lactobacillus , siempre y cuando el parto sea vía vaginal (es la única forma de que el bebé adquiera la flora materna), y la madre mantenga lactancia materna el máximo tiempo posible, el riesgo de atopia se reduce considerablemente.

Otros estudios muestran que el uso de probióticos en los primeros meses de vida, pueden mejorar los síntomas de enfermedad atópica en lactantes con riesgo de padecer alergias.

Infecciones vaginales

Gran parte de las infecciones vaginales, están producidas por Cándida Albicans, que es una levadura (un hongo), que forma parte de nuestra flora vaginal normal, pero que, bajo ciertas circunstancias (toma de antibióticos, diabetes descompensada, dietas ricas en hidratos de carbono…), puede proliferar y producir la molesta candidiasis.

Pues bien, muchas cepas de Lactobacillus, ayudan al tratamiento y prevención de infecciones recurrentes por dicha levadura, además de que también pueden mejorar la vaginosis bacteriana.

Otros efectos en vías de demostrar o no suficientemente demostrados:

Pérdida de peso.

Las personas con sobrepeso y obesidad, presentan una flora intestinal característica, diferente a la que encontramos en personas delgadas como ya expliqué aquí  y aquí.

Además, varios estudios demuestran que, al realizar un transplante de heces de ratones obesos a ratones delgados, estos últimos comienzan a ganar peso.

Por todo ello, parece sensato pensar que, algunas cepas de probióticos podrían ser beneficiosas en el tratamiento de la obesidad…y en eso se investiga:

  • Parece que inhiben la absorción de grasa, ya que al consumirlos, aumenta la cantidad de grasa excretada en las heces, este hecho podría ser responsable también de la mejora en el perfil lipídico (disminuyendo el colesterol “malo” o LDL y los triglicéridos y aumentando el colesterol “bueno” o HDL)
  • Aumentan la producción del GLP-1, que tiene un efecto saciante y favorece la pérdida de peso.
  • La bacteria L. gasseri puede reducir la grasa abdominal en un 8,5 %

Prometedor… ¿no creéis?

Erradicación de Helicobacter Pylori.

Aunque hacen falta más estudios, es muy posible que el uso de probióticos como coadyuvantes a los tratamientos clásicos (antibióticos asociados a antiácidos), auemnte las tasas de éxito.

Pancreatitis aguda

La administración de simbióticos en pacientes con pancreatitis aguda grave, parece mejorar el pronóstico de estos pacientes.

Cáncer colorectal:

Estudios en animales demuestran la reducción del riesgo de cáncer mediante la suplementación con cepas de lactobacilos y bifidobacterias que pueden modificar la microbiota.

Otros estudios muestran que, el consumo elevado de productos lácteos puede reducir el riesgo de cáncer de colon por su actividad antitumoral.

Otros:

Actualmente, hay multitud de publicaciones que aseguran que su uso puede ser beneficioso en enfermedades odontológicas (caries, periodontitis…), endometriosis u otras patologías ginecológicas, preoperatorios de cirugías gastrointestinales, infecciones urinarias, hipercolesterolemia, hipertensión, diabetes, autismo…el listado es amplísimo, aunque hacen falta más estudios que los confirmen.

 

Pero nada es perfecto…

No hay que olvidar que los probióticos no funcionan igual en todas las personas, ni todos valen para todas las cosas.

Se trata de medicamentos, y aunque son seguros y en general bien tolerados, hay que recordar que siempre deben ser prescritos por un médico y que pueden tener efectos secundarios (molestias digestivas, distensión abdominal, gases) que suelen desaparecer en unos pocos días.

Además, su uso está contraindicado en personas que tienen el sistema inmune deprimido (pacientes sometidos a fármacos inmunosupresores, con síndromes de inmunodeficiencia…), ya que introducir bacterias u hongos en su organismo (aunque sean potencialmente beneficiosas), podría ser peligroso.

Los resultados no suelen ser inmediatos, a veces hay que tomarlos durante semanas para obtener el efecto deseado.

Y por último, su uso debe ser limitado en el tiempo…no olvidemos que son fármacos y que además, son microorganismos.

nootriment

Fuente: nootriment.com

En resumen…poseen grandes ventajas, han demostrado grandes beneficios sobre multitud de enfermedades y situaciones más o menos patológica, pero no todos valen para lo mismo, no están indicados en todas las personas, y siempre siempre, deben ser prescritos, y controlados por un médico, a las dosis adecuadas y por un tiempo limitado…¡recordad que no son caramelos!.

Referencias:

 

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El magnesio y los (mis) dolores…y III.

En las dos entradas anteriores (parte I y parte II) hablábamos del magnesio, dónde está, para qué sirve, qué evidencia científica hay de su eficacia, para quién está indicado…y hasta os conté mi experiencia.

Antes de nada, vuelvo a insistir (y lo repetiré más veces), en que, cuando vayáis a iniciar la toma de un suplemento, sobre todo si padecéis alguna enfermedad o tomáis alguna medicación, es conveniente informar y consultar a vuestro médico. Y dicho esto:

¿Cuánto magnesio debemos tomar? ¿Son todos los magnesios iguales? ¿Hay alguno que sea más adecuado para ti que otro?

Pues voy a tratar de responder.

magnesio.com.es

Fuente: magnesio.com.es

¿Cuáles son las dosis recomendadas? ¿Tiene efectos secundarios?

 Es importante saber que los minerales (y el magnesio lo es), no son solubles, necesitan un transportador para poder “viajar” por el organismo: una sal. La carga es la cantidad de mineral que transporta cada sal, sin embargo, en la etiqueta de algunos suplementos, sólo figura la cantidad de sal, pero no su equivalencia mineral. Así, existen diferencias entre el magnesio elemento y la sal, cada uno aporta una cantidad diferente de magnesio y es indispensable conocerlo para evitar infra o sobredosificaciones.

Como ya comenté en el anterior post, no deberían superarse los 350 mg de magnesio elemento diarios cuando se utiliza como suplemento o complemento a la dieta; en personas sanas, adultas y mayores de 9 años, sin contraindicaciones, y tomado por vía oral, dosis inferiores son seguras, y sólo ocasionalmente, pueden aparecer molestias digestivas (nauseas, diarrea, vómitos).

Cuando se administran dosis muy altas, y sobre todo si se utiliza por vía intravenosa, o cuando existen patologías como la insuficiencia renal, pueden producirse una hipermagnesemia y aparecer efectos adversos graves (podéis leerlo en la anterior entrada)

Sin embargo, existen ciertas patologías o situaciones en las que las dosis son diferentes, como es el caso del tratamiento y prevención de migrañas, la suplementación en pacientes con diabetes, la osteoporosis, el síndrome premenstrual…en estos casos, lo mejor es que consultéis con vuestro médico.

Existen disponibles varios tipos de sales de magnesio, no todas se toman igual, ni se absorben de la misma forma…incluso no todas sirven para lo mismo.

transformer.blogs.quo.es

Fuente: transformer.blogs.quo.es

(Menciono algunas de las propiedades que se les atribuyen o que están demostradas, y las he colocado por orden alfabético, no por orden de importancia).

  • Carbonato de magnesio: Indicado para personas con dispepsia, reflujo, hernia de hiato, digestiones pesadas…debido a su efecto antiácido y protector gástrico. Muy empleado y con buena absorción. Al mezclarse con el ácido clorhídrico del estómago, se libera cloruro de magnesio. Efecto laxante.
  • Citrato de magnesio: probablemente el más empleado, ya que su absorción es excelente y su principal efecto es el laxante, así que la mayoría de personas que lo usan, lo hacen con este fin. Sin embargo, puede interferir con varios medicamentos (anticoagulantes, fenotiazinas…), así que en caso de tomar estas medicaciones, deben pasar dos horas desde la última dosis del medicamento antes de tomar este suplemento y hacerlo bajo supervisión médica.
  • Cloruro de magnesio: contiene poco magnesio elemental (aproximadamente un 12 %), pero su absorción es excelente, y se considera la mejor formulación para impulsar un metabolismo lento y como desintoxicante. Tiene un gran efecto laxante, y su sabor es bastante desagradable, por lo que no se aconseja en caso de problemas gástricos y lo ideal es tomarlo fuera de las comidas.
  • Fosfato de magnesio: Indicado en caso de tensión, calambres y dolores musculares, entre otros. También se dice que puede ser efectivo en caso de calambres en las piernas, estómago,  migraña, dismenorrea, asma, espasmos musculares, cólicos, insomnio, sobreexcitación, agitación, pánico escénico, ansiedad derivada de los exámenes y agitación nerviosa, dolores reumáticos.
  • Glicinato de magnesio: Indicada para personas con fibromialgia, dolor neuropático, ciertos trastornos digestivos y del sueño, ya que la glicina ayuda a que las células nerviosas capten el magnesio, facilitando así su función. Es, además, una de las formas más biodisponibles y absorbibles de magnesio, con menor efecto laxante y la opción más segura si se va a consumir por largo tiempo.
  • Gluconato de magnesio: para el tratamiento de la hipomagnesemia secundaria a vómitos y/o diarrea…siempre debe utilizarse bajo supervisión médica.
  • Hidróxido de magnesio: una de las sales más vendidas…pero menos eficaces como fuente de magnesio debido a su escasa absorción, no debería ser usado como suplemento del mismo. Se emplea sobre todo como antiácido y laxante, pero no debe usarse durante mucho tiempo ni de forma muy seguida.
  • Lactato de magnesio: es el menos laxante de todos, y el recomendado en niños.
  • Malato de magnesio: el ácido málico que contiene, es un potente cofactor enzimático, clave en la producción de energía, por lo que parece que disminuye y mejora la sensación de fatiga, y se aconseja en personas aquejadas de fibromialgia, dolores musculares, astenia, fatiga…También de excelente absorción. Eso sí, si vais a adquirir este tipo de suplemento, fijaos bien, no es lo mismo magnesio con ácido málico (osea, óxido de magnesio al que adicionan malato) que el malato de magnesio, que es el que funciona.
  • Oretato de magnesio: parece de utilidad a la hora de mejorar el funcionamiento mitocondrial y aumentar la producción de ATP (fundamental en la obtención de energía celular).
  • Pidolato de magnesio: No aporta beneficios de salud adicionales al resto. La ventaja que tiene es su bajo precio.
  • Sulfato de magnesio (también llamado sal de Epsom): eficaz como laxante, pero no como suplemento por su escasa absorción. Por vía intravenosa, se utiliza para el tratamiento de la preeclampsia y la detención de parto prematuro. Se emplea también en terapias complementarias (de flotación, por ejemplo), para pediluvios, como relajante…
  • Tartrato de Magnesio: especialmente indicada para problemas cardiacos y del sistema nervioso.
  • Taurato de magnesio: indicado en pacientes con problemas cardiovasculres, ya que tiene la capacidad de prevenir arritmias, además de un efecto protector en pacientes con isquemia cardiaca. Sin efecto laxante, y de fácil absorción.
  • Treonato de Magnesio: indicado en casos de depresión y algunas enfermedades neurológicas, debido a su capacidad para atravesar la barrera hematoencefálica, y, por tanto, para aumentar niveles de magnesio a nivel de sistema nervioso.
  • Otras formulaciones: existen fórmulas de magnesio en forma líquida para que las partículas de magnesio sean tan pequeñas que puedan penetrar en las células directamente sin la necesidad de un agente quelante que las introduzca. Facilitan el nivel de absorción y pueden estar muy indicados para personas con problemas intestinales graves o de absorción de otras formas de magnesio oral.
  • Y dejo para el final, dos sales que NO deberían emplearse: Glutamato y aspartato de magnesio. Deben evitarse por su potencial efecto neurotóxico, ya que tanto el aspartato como el glutamato son nutrientes que necesitamos en dosis muy bajas, y si se ingieren en exceso, se transforman en excitotoxinas, que pueden provocar muerte celular. En algunos suplementos, no indica si están presentes estos dos compuestos, sino que aparecen como “magnesio amino ácido quelado”…fijaos bien.

Y una vez conocidas las distintas formas de suplementación… ¿Cómo se toma? ¿Qué precauciones debemos tener en cuenta?

magnesioperu.net

Fuente: magnesioperu.net

  • Lo ideal es repartir la dosis total diaria en varias tomas, de esta forma aumentamos la cantidad de magnesio que puede ser absorbida y disminuimos el riesgo de efectos adversos (sobre todo digestivos)
  • Los suplementos en polvo, tanto para disolver en distintos líquidos como en cápsulas, facilitan la absorción. Mejor evitad los comprimidos.
  • Además, existe la posibilidad de emplearse por vía tópica, en forma de aceite de magnesio, que parece una forma eficaz de suplementar cuando no se tolera por vía digestiva. En realidad no es un aceite como tal, pero al combinar cloruro de magnesio y agua, la textura es aceitosa.
  • Puede ser aconsejable tomar diferentes sales y formulaciones, pero eso depende de la respuesta que tengamos al tratamiento.
  • Los suplementos de magnesio pueden interaccionar con ciertas medicaciones (algunos antibióticos, bifosfonatos, hipotensores, algunos antidiabéticos, digoxina, anticoagulantes…), disminuyendo o aumentando su eficacia, por lo que, en caso de que toméis alguno de forma habitual, debéis informar a vuestro médico antes de iniciar la toma de magnesio. Probablemente bastará con separar la toma del medicamento de la del magnesio, pero mejor consultar.
  • Además, pueden existir interacciones con otros suplementos (boro, vitamina D calcio, zinc, algunas hierbas,…), que pueden aumentar o disminuir la absorción del magnesio y deberán tenerse en cuenta.
  • Es rara la sobredosificación de magnesio, pero en caso de padecer enfermedades crónicas, insisto, es importante, informar a vuestro médico, especialmente en caso de insuficiencia renal, ya que la eliminación del magnesio se realiza por orina y existe riesgo de acumulación del mismo, por lo que en este caso existe una contraindicación relativa para su uso.
  • En caso de embarazo, por vía oral, y a las dosis recomendadas, los suplementos de magnesio son probablemente seguros, pero también debéis consultar al médico.
  • El magnesio puede aumentar el riesgo de hemorragia en pacientes con trastornos de la coagulación, por lo que, en caso de padecerlos, es mejor evitar su uso.
  • En personas con bloqueos cardiacos, se desaconsejan las dosis elevadas.

¿Qué cuál tomo yo?

En realidad no llevo demasiado tiempo tomándolo, y sólo he probado el cloruro de magnesio que, aunque se supone que tiene efecto laxante, a las dosis indicadas no he notado ningún efecto adverso…sólo beneficios.

Lo elegí  precisamente porque es una de las sales que menos cantidad de magnesio contiene (aunque se absorbe muy bien), ya que por mi dieta, consumo bastantes alimentos con magnesio y pensé que no necesitaría mucha cantidad. Más adelante tengo pensado probar otras sales… ¡ya os contaré que tal me van!

Referencias: