¿Tiene el tiroides la culpa de todo? III

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¿Tiene el tiroides la culpa de todo? (II)

Hoy en día uno va al médico, a cualquier médico, por el motivo que sea…y de repente comenta algo que puede cuadrar con uno de los múltiples signos y síntomas de disfunción tiroidea, y escucha eso de: “pues vamos a ver cómo está el tiroides”, y el médico le pide un análisis para medir los niveles de TSH, que es la hormona que solicitamos los médicos en los análisis para valorar la función tiroidea…y ¡bingo! salen “algo” alterados.

Nota: para saber más de la TSH, aconsejo leer  este post.

Y médico y paciente respiran aliviados (bueno, el paciente menos), porque ya han encontrado la causa de todos sus males…pero no, no es tan sencillo.

Y entonces el médico le manda al endocrino, y el endocrino le dice que antes de tratar algo, hay que confirmarlo, y le repite los análisis, o puede que el mismo médico quiera repetirlos antes de mandarle al especialista…y entonces van, y salen bien, la TSH ha vuelto a la normalidad, y uno se pregunta: ¿qué ha pasado?

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1. Pues que por un lado el tiroides es muy sensible, y tiene la mala costumbre de “alterarse” con un simple catarro, una enfermedad aguda o crónica más o menos grave, la toma de algunos medicamentos (incluyendo hierbas “naturales”, isoflavonas y demás familia), intervenciones quirúrgicas, malnutrición y hasta con el estrés…así que puede que, para cuando le ve el endocrino, ya se haya solucionado el problema solo (menos mal).

Eso si, uno no se queda tranquilo después de esto, y mi consejo es que, si se le ha alterado alguna vez, se lo vigile de año en año.

2. Por otro lado, puede que en el momento en el que le solicitaron los análisis, estuviera pasando por una tiroiditis (resumiendo y simplificando mucho: inflamación de la glándula que puede tener distintas causas y que puede pasar por varias fases: hipertiroidismo- normofunción tiroidea- hipotiroidismo), y nuevamente, para cuando le ve el endocrino, se ha resuelto el problema solo.

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Sin embargo, esta situación es diferente a la anterior: la persona que ha padecido una tiroiditis debe ser revisada al menos durante unos meses, ya que esa inflamación puede dejar “huella” en el tiroides, y tendrá una mayor tendencia a que, en un futuro (especialmente en etapas “clave” como el embarazo o la menopausia), aparezca una disfunción…o no. Así que, si es su caso, no lo deje en el cajón de los recuerdos.

3. A veces, la disfunción aparece durante el embarazo o el postparto, y, pasados estos periodos se resuelve; Esta situación da para hablar largo y tendido, por lo que en breve le dedicaré un post completo…o varios.

4. Finalmente, puede que fuera un error de laboratorio, que estas cosas pasan, y el síntoma o signo del que le habló a su médico no tenía nada que ver con el tiroides…que no siempre tiene la culpa de todo, el pobre.

Pero…¿y si, a pesar de todo, el paciente sigue encontrándose mal y presentando síntomas de hipotiroidismo?

En la siguiente entrada hablaré de ello: pacientes con disfunción tiroidea diagnosticada y tratada, o incluso con hormonas catalogadas de “normales”, a pesar de lo cual siguen encontrándose fatal…¿tendrá el tiroides la culpa en esta ocasión? Próximamente la respuesta.

¿Tiene el tiroides la culpa de todo? (I)

El tiroides es una glandulita con forma de mariposa y localizada en la parte anterior del cuello, justo por debajo de “la nuez de Adán” o cartílago tiroides.

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Tratando de simplificar algo tan complejo, digamos que en ella se producen las hormonas tiroideas, que son las encargadas de regular el metabolismo, el crecimiento y desarrollo y funciones tales como la producción de energía y calor.
Influyen también en la frecuencia cardíaca, el nivel de colesterol, el peso corporal, la fuerza muscular, la piel, la regularidad menstrual, la fertilidad, la memoria y muchas otras actividades importantes.

Cuando funciona bien, ni nos enteramos de que existe, todo fluye a la perfección y no reparamos en su importancia, es como respirar, no nos damos cuenta de que lo hacemos hasta que algo va mal con los pulmones o el corazón.

Pero…¿y si funciona mal? Pues entonces empieza la fiesta…y los signos y síntomas de alarma de los que hablaré en siguientes entradas.

¿Y cómo sabemos que funciona mal?

Todas las glándulas productoras de hormonas, están dirigidas por la hipófisis, la glándula madre, la directora de orquesta, encargada de producir otras hormonas que regulan y rigen el funcionamiento perfectamente armónico del sistema endocrino. Se encuentra localizada en la base del cráneo, bien protegida por una especie de cofre óseo llamado silla turca.

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¿Y porqué os cuento esto de la hipófisis? Pues para presentaros a la “hormona estimulante del tiroides”, más conocida como TSH (del inglés Thyroid Stimulating Hormone ).

Su mecanismo de acción es el siguiente: cuando el nivel de hormonas tiroideas baja en sangre, la hipófisis lo detecta y aumenta la producción de TSH, la cual estimula al tiroides para que produzca y libere más hormonas; por el contrario, cuando el nivel de hormonas tiroideas es alto, la hipófisis frena la producción de TSH en sangre y, de esta forma, el tiroides ralentiza su actividad, consiguiendo mantener los niveles adecuados en función de las necesidades, así de simple, exacto y eficaz.

Pero cuando este mecanismo, por el motivo que sea falla…empieza el baile de hormonas, y la persona que hasta ese momento ni siquiera era consciente de la existencia de su tiroides, comienza a experimentar síntomas y signos de lo más diverso, y se convierte en paciente.

Existe un amplio abanico de disfunciones y enfermedades tiroideas, y lo más apasionante de todo (para el endocrino, claro, no para el paciente), es que una misma patología, puede manifestarse de diferentes formas en cada individuo, y que, con los mismos niveles hormonales, hay pacientes que ni se enteran de que algo va mal y otros que se sienten morir…así es el tiroides.

Pero, retomando el título del post: ¿tiene el tiroides la culpa de todo? pues a veces si, y a veces no…en las dos siguientes entradas os lo explico.