Probióticos… ¿qué hay de nuevo, viejo?

Hace unas semanas, os hablaba de la microbiota,  de los millones de bacterias que conviven con nosotros en perfecta armonía, y que desempeña funciones tan importantes como las de proteger nuestro organismo de microorganismos potencialmente perjudiciales, controlar la proliferación y diferenciación de las células intestinales, producir vitaminas etc, y cuyo desequilibrio (disbiosis) parece ser responsable de múltiples enfermedades.

En ese post, os di una serie de recomendaciones para cuidar nuestras bacterias…pero, ¿y si eso no es suficiente? ¿y si necesitamos algo más para recuperar una flora extremadamente dañada?

Hoy os hablo de probióticos, pero antes… voy a hacer un poco de historia (que ya sabéis que me gusta):

Tenemos constancia del uso de leche fermentada para el tratamiento de infecciones gastrointestinales desde, al menos, el año 76 a.c., fijaos que no es algo nuevo, ha llovido desde entonces.

En 1901, Metchnikoff propuso la teoría de que la microbiota intestinal, podía ser modulada de forma beneficiosa para el organismo mediante la administración oral de las bacterias que intervenían en la fermentación del yogur, ya que éstas serían capaces de suprimir las bacterias putrefactivas, y que por este motivo, los campesinos búlgaros (grandes amantes y consumidores de yogur), serían tan longevos. Publicó sus observaciones en el libro “Prolongation of Life”…todo un visionario, ¿no creéis?

yogur

En 1909, Isaac Carasso, otro visionario, pero en este caso de los negocios, creó la marca registrada Danone en Barcelona, y comenzó a comercializar el yogur, que hasta ese momento, se dispensaba en farmacias y se empleaba para prevenir o aliviar diferentes trastornos (diarrea, estreñimiento, cistitis, dermatitis. Colitis…)

En 1965, Lilly y Stillwell introducen el término probiótico, y lo definen como “aquel factor de origen microbiológico que estimula el crecimiento de otros organismos”.

Así que, como veis, los probióticos no son ninguna novedad…se conocen sus propiedades desde hace siglos, eso sí, cada vez se investiga más en ellos, se cultivan y comercializan distintas cepas y se descubren nuevos beneficios, de ahí el título del post… ¿qué hay de nuevo, viejo?

Pero, ¿qué son exactamente?

Antes de “meterme en faena”… creo necesario diferenciar tres conceptos:

Probióticos: Son microorganismos vivos que cuando son suministrados en cantidades adecuadas promueven beneficios en la salud del organismo del individuo que los consume.

Prebióticos: Ingredientes fermentados selectivamente que dan lugar a cambios específicos en la composición y/o actividad de la flora gastrointestinal, confiriendo así beneficios a la salud del huésped

Simbióticos: Productos que contienen tanto probióticos como prebióticos

hablemosclaro

Fuente: hablemosclaro.org

La Sociedad Española de Probióticos y Prebióticos (SEPYP), establece una serie de condiciones  en su documento de consenso para poder hablar con propiedad de probióticos:

  1. Son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas confieren un beneficio a la salud del que los recibe.
  2. Las sustancias “constituyentes de” o “producidas por” microorganismos, no pueden considerarse probióticos.
  3. Para poder hablar de probióticos, debe demostrarse científicamente, mediante estudios realizados en población humana y con metodología científica adecuada, que produce efectos beneficiosos en el organismo.
  4. Los estudios realizados en laboratorio son imprescindibles y proporcionan mucha información, pero no son suficientes para asegurar un beneficio en humanos.
  5. Los efectos saludables demostrados para una cepa, no son extrapolables a otras cepas de la misma espacie.
  6. Una cepa que demuestra ser eficaz para una indicación, no tiene por qué ser válida para otras. Así, la eficacia de algunas cepas está ampliamente demostrada para indicaciones gastrointestinales, otras son eficaces para prevención de infecciones etc.
  7. Las evidencias científicas demostradas sobre una población (por ejemplo niños), no son extrapolables a otras (por ejemplo ancianos, embarazadas…)

¿Por qué os cuento esto?

Porque ni todo lo que pensamos que es un probiótico lo es, ni todos los probióticos son iguales ni valen para las mismas cosas…y es importante diferenciar y no asumir que lo que le va bien al vecino del quinto me va a ir bien a mi…como ocurre con todos los fármacos, vaya.

¿Cuáles son sus principales propiedades?

  • Son capaces de sobrevivir en el tracto gastrointestinal y adherirse al epitelio (la capa más superficial del intestino)
  • Son capaces de modular/cambiar/mejorar la microbiota intestinal.
  • Disminuyen la permeabilidad intestinal, consiguiendo que el intestino funcione adecuadamente (la permeabilidad intestinal da para otro post, sólo os adelanto que parece estar implicada en bastantes patologías)
  • Producen cambios en el sistema inmune, modulándolo y/o estimulándolo…y por tanto tienen (o podrían tener) un efecto sobre infecciones y enfermedades autoinmunes.
  • Su uso es seguro en humanos

¿Cuáles son los principales microorganismos que merecen llevar el nombre de probióticos?

  • Cepas de las bacterias pertenecientes a los géneros Bifidobacterium y Lactobacillus
  • Cepas de bacterias que pertenecen a otros géneros, como Enterococcus, Streptococcus, Escherichia coli y Bacillus cereus
  • Levaduras no patógenas, principalmente Saccharomyces cerevisiae y Saccharomyces boulardii

meetgenes.blogs.uv.es

 Fuente: meetgenes-blogs-uv-es

¿Para qué se ha demostrado que son útiles?

En esta ocasión, no voy a poner todas las referencias a los estudios que nombro (el post se me haría demasiado extenso)…pero si a alguien le interesa alguno en concreto, que pregunte y se lo envío.

 

Diarrea.

  • La diarrea aguda secundaria a gastroenteritis infecciosa, es frecuente en niños y puede llegar a ser grave. La administración de Lactobacillus rhamnosus cepa GG ha demostrado ser útil en niños, ya que reduce de forma significativa la duración de la diarrea, especialmente cuando el causante es el temido rotavirus. El efecto de los probióticos en adultos está menos estudiado, pero algunas cepas (como el Enterococcus faecium SF 68) se han demostrado eficaces en estos casos. Lactobacillus GG, Lactobacillus casei DN-114001 y Saccharomyces Boulard son eficaces en la prevención de algunos tipos de diarrea aguda, tanto en adultos como en niños.
  • La diarrea asociada a antibióticos aparece en aproximadamente el 20 % de consumidores de los mismos, y se piensa que se debe a la alteración que producen sobre la flora intestinal, al fin y al cabo, esa es su misión, matar bacterias; el problema es que también acaba con las bacterias “buenas” propiciando que proliferen las malas. Está demostrado que, el uso de Saccharomyces boulardii o Lactobacillus rhamnosus, mientras dura la terapia antibiótica, evita o acorta la diarrea secundaria a eritromicina, clindamicina o ampicilina, entre otros. Además, está demostrada la eficacia del Lactobacillus casei DN-114 001 en adultos hospitalizados para la prevención de la diarrea asociada a los antibióticos y diarrea por Clostridium difficile.
  • Diarrea del viajero…esa diarrea que puede amargarle las vacaciones a más de uno, y que suele deberse a infección por Escherichia coli, Salmonella spp, Shigella spp y Campylobacter spp, podría mejorar con el empleo de probióticos, aunque los resultados de varios estudios no son, aún concluyentes.
  • Diarrea inducida por radiación, podría mejorar con el uso de preparados que incluyan Lactobacillus casei, Lactobacillus acidophillus, Lactobacillus plantarum, Lactobacillus delbrueckii, Lactobacillus bulagricus, Bifidobacterium longum, Bifidobacterium brevis, Binfantis, Saccharomyces thermophilus (450×109)…aunque no está perfectamente demostrado.

Estreñimiento.

Las bifidobacterias presentes en algunos lácteos, pueden reducir el tiempo de tránsito intestinal, lo que beneficia en caso de padecer estreñimiento.

Enfermedad Inflamatoria Intestinal.

Se piensa que la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) se produce por que, en personas genéticamente predispuestas, la propia flora intestinal desencadena una inflamación exagerada y crónica de la pared intestinal. En estos pacientes, además, se han comprobado alteraciones profundas en la microbiota, por lo que la administración de probióticos específicos puede ser de gran utilidad, especialmente en caso de reservoritis y colitis ulcerosa.

En el caso de la enfermedad de Crohn, no está perfectamente demostrado el beneficio.

Síndrome de intestino irritable/dolor cólico.

Varios estudios muestran la eficacia de distintas cepas a la hora de mejorar el dolor, la distensión del abdomen y la flatulencia (Bifidobacterium y combinaciones).

Lactobacillus reuters parece ser eficaz en algunos casos de cólico del lactante.

Enterocolitis necrotizante.

La suplementación con probióticos en recién nacidos prematuros (antes de la semana 33 de gestación), parece reducir el riesgo de enterocolitis necrotizantes y de fallecimiento por esta causa.

Intolerancia a la lactosa.

La intolerancia a la lactosa, tanto permanente como transitoria (después de haber sufrido una gastroenteritis, por ejemplo), afecta a un número importante de personas. Se produce por la falta de lactasa, la enzima responsable de digerir la lactosa (el azúcar de la leche) que, al llegar entera al intestino grueso, es fermentada por las bacterias que viven allí, produciéndose  ácidos grasos de cadena corta y gas, y como consecuencia: dolor de tipo cólico, flatulencia y diarrea.

Sin embargo, muchas personas intolerantes a la lactosa (ojo, no todas), toleran perfectamente los lácteos fermentados (yogurt, kefir…), y esto se debe, ni más ni menos, que a los probióticos presentes en estos alimentos: los lactobacilos (que contienen lactasas) y a que el yogurt transita más lentamente por el intestino que la leche (dando tiempo a que sus lactasas digieran gran parte de la lactosa)….ahora ya sabéis por qué los médicos aconsejan tomar yogurt después de una gastroenteritis.

aeped.es

Fuente: aeped.es

Mastitis/Infección del pezón/Perlas de leche/Obstrucciones/abcesos…Lactancia materna.

Uno de los “nichos” del microbioma humano, es la mama, y de estos microorganismos se beneficia el bebé durante todo el tiempo que dura la lactancia.

Pero en esta zona, como en otras, cuando hay un desequilibrio (una disbiosis) y comienzan a proliferar microorganismos patógenos frente a los beneficiosos…aparecen los problemas.

En los últimos años, se ha avanzado mucho en la investigación de las complicaciones infecciosas acontecidas durante el periodo de lactancia materna, y está demostrado que, todas ellas, pueden resolverse o mejorar considerablemente con el empleo de probióticos específicos…doy fe: durante mis 3 lactancias prolongadas he sufrido algunas de ellas, y, en mi caso, funcionaron perfectamente.

En el caso de mastitis, por ejemplo, podría iniciarse de forma temprana el tratamiento con probióticos y, si en un par de días no mejora, asociar un antibiótico al que las bacterias que típicamente son responsables de este cuadro sean sensibles (para ello, lo ideal es hacer un cultivo).

En caso de abcesos mamarios, casi siempre hay que realizar un  drenaje y pautar antibióticos, pero la adición de probióticos al tratamiento, mejora la evolución.

Y el resto de complicaciones, suelen responder favorablemente, eso sí, si aparecen, siempre debéis consultar con vuestra matrona o médico para que controle la evolución del cuadro.

Mejora de la respuesta inmune.

Los probióticos, como ya he comentado, tienen un efecto  protector frente a microorganismos patógenos, ya que evitan que éstos proliferen y refuerzan el efecto barrera de la pared intestinal.

Pero es que además, son capaces de aumentar la actividad de varios tipos de células (macrófagos y linfocitos) que forman parte de nuestro sistema inmune (que es el que nos defiende de virus, bacterias etc) y estimular la respuesta de dicho sistema.

Enfermedad atópica/ Alergias.

Algunas cepas de probióticos específicos han demostrado eficacia para el tratamiento y prevención del eccema atópico:

Así, en caso de que existan antecedentes de dermatitis atópica grave, se ha comprobado que, administrando a la madre en el último mes de gestación cepas específicas de Lactobacillus , siempre y cuando el parto sea vía vaginal (es la única forma de que el bebé adquiera la flora materna), y la madre mantenga lactancia materna el máximo tiempo posible, el riesgo de atopia se reduce considerablemente.

Otros estudios muestran que el uso de probióticos en los primeros meses de vida, pueden mejorar los síntomas de enfermedad atópica en lactantes con riesgo de padecer alergias.

Infecciones vaginales

Gran parte de las infecciones vaginales, están producidas por Cándida Albicans, que es una levadura (un hongo), que forma parte de nuestra flora vaginal normal, pero que, bajo ciertas circunstancias (toma de antibióticos, diabetes descompensada, dietas ricas en hidratos de carbono…), puede proliferar y producir la molesta candidiasis.

Pues bien, muchas cepas de Lactobacillus, ayudan al tratamiento y prevención de infecciones recurrentes por dicha levadura, además de que también pueden mejorar la vaginosis bacteriana.

Otros efectos en vías de demostrar o no suficientemente demostrados:

Pérdida de peso.

Las personas con sobrepeso y obesidad, presentan una flora intestinal característica, diferente a la que encontramos en personas delgadas como ya expliqué aquí  y aquí.

Además, varios estudios demuestran que, al realizar un transplante de heces de ratones obesos a ratones delgados, estos últimos comienzan a ganar peso.

Por todo ello, parece sensato pensar que, algunas cepas de probióticos podrían ser beneficiosas en el tratamiento de la obesidad…y en eso se investiga:

  • Parece que inhiben la absorción de grasa, ya que al consumirlos, aumenta la cantidad de grasa excretada en las heces, este hecho podría ser responsable también de la mejora en el perfil lipídico (disminuyendo el colesterol “malo” o LDL y los triglicéridos y aumentando el colesterol “bueno” o HDL)
  • Aumentan la producción del GLP-1, que tiene un efecto saciante y favorece la pérdida de peso.
  • La bacteria L. gasseri puede reducir la grasa abdominal en un 8,5 %

Prometedor… ¿no creéis?

Erradicación de Helicobacter Pylori.

Aunque hacen falta más estudios, es muy posible que el uso de probióticos como coadyuvantes a los tratamientos clásicos (antibióticos asociados a antiácidos), auemnte las tasas de éxito.

Pancreatitis aguda

La administración de simbióticos en pacientes con pancreatitis aguda grave, parece mejorar el pronóstico de estos pacientes.

Cáncer colorectal:

Estudios en animales demuestran la reducción del riesgo de cáncer mediante la suplementación con cepas de lactobacilos y bifidobacterias que pueden modificar la microbiota.

Otros estudios muestran que, el consumo elevado de productos lácteos puede reducir el riesgo de cáncer de colon por su actividad antitumoral.

Otros:

Actualmente, hay multitud de publicaciones que aseguran que su uso puede ser beneficioso en enfermedades odontológicas (caries, periodontitis…), endometriosis u otras patologías ginecológicas, preoperatorios de cirugías gastrointestinales, infecciones urinarias, hipercolesterolemia, hipertensión, diabetes, autismo…el listado es amplísimo, aunque hacen falta más estudios que los confirmen.

 

Pero nada es perfecto…

No hay que olvidar que los probióticos no funcionan igual en todas las personas, ni todos valen para todas las cosas.

Se trata de medicamentos, y aunque son seguros y en general bien tolerados, hay que recordar que siempre deben ser prescritos por un médico y que pueden tener efectos secundarios (molestias digestivas, distensión abdominal, gases) que suelen desaparecer en unos pocos días.

Además, su uso está contraindicado en personas que tienen el sistema inmune deprimido (pacientes sometidos a fármacos inmunosupresores, con síndromes de inmunodeficiencia…), ya que introducir bacterias u hongos en su organismo (aunque sean potencialmente beneficiosas), podría ser peligroso.

Los resultados no suelen ser inmediatos, a veces hay que tomarlos durante semanas para obtener el efecto deseado.

Y por último, su uso debe ser limitado en el tiempo…no olvidemos que son fármacos y que además, son microorganismos.

nootriment

Fuente: nootriment.com

En resumen…poseen grandes ventajas, han demostrado grandes beneficios sobre multitud de enfermedades y situaciones más o menos patológica, pero no todos valen para lo mismo, no están indicados en todas las personas, y siempre siempre, deben ser prescritos, y controlados por un médico, a las dosis adecuadas y por un tiempo limitado…¡recordad que no son caramelos!.

Referencias:

 

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El magnesio y los (mis dolores)…parte II

En la primera parte (que podéis leer aquí), os hablaba de qué es el magnesio, dónde se encuentra, para qué es efectivo y cuáles son los requerimientos diarios de consumo según edad.

Ahora voy a centrarme en qué personas deberían tomar magnesio, cómo deberían tomarlo y, además, os contaré mi propia experiencia.

En primer lugar, vamos a diferenciar entre hipomagnesemia y deficiencia sistémica  de magnesio:

Hipomagnesemia: Nivel bajo de magnesio en sangre. Los niveles de referencia para el magnesio en humanos se encuentran entre 1,5 y 2,5 mg/dL. Y, por lo general, se considera hipomagnesemia un nivel de magnesio en sangre menor a 0,7 mmol/L.

Pero yo voy a referirme a la deficiencia sistémica de magnesio, es decir, a la falta de este mineral a nivel de órganos y tejidos, y que no tiene por qué verse reflejado en unos análisis.  Debido a que la mayor parte del magnesio es intracelular, y sólo el 1% del mismo se encuentra en la sangre, se puede presentar deficiencia sistémica con una concentración normal en plasma (en los análisis, vaya)

Así que puede presentarse hipomagnesemia sin deficiencia de magnesio y viceversa, aunque la hipomagnesemia es, con frecuencia, indicativa de un déficit sistémico de magnesio.

Debido a lo anterior, es muy importante estar atentos a los síntomas de dicho déficit, sobre todo en aquellas personas subsidiarias de padecerlo, puesto que esta será la única forma de detectarla: ESCUCHAR Y EXPLORAR AL PACIENTE, y lo pongo así en mayúsculas, porque esta es la forma más fácil y efectiva de diagnosticar, y a la que, últimamente y gracias a los avances tecnológicos que pretenden sustituir a la historia clínica, menos importancia se le da. Lo repito: ESCUCHAR Y EXPLORAR AL PACIENTE.

blog.novadiet.es

Fuente: blog.novadiet.es

¿Y quiénes son subsidiarios de padecerla?

Pues evidentemente, todos aquellos que no consuman las cantidades recomendadas.

Pero hay otras muchas enfermedades y circunstancias que predisponen a la deficiencia sistémica de magnesio y a la hipomagnesemia:

  • Trastornos gastrointestinales y síndromes de malabsorción (enfermedad celiaca, enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa, enfermedad de Whipple, enteritis por radiación…) tanto por falta de absorción de nutrientes, como de secreción de los mismos por parte del intestino o por pérdidas gastrointestinales, podrá aparecer hipomagnesemia o déficit de magnesio. También puede existir este déficit en caso de vómitos persistentes o diarrea crónica por otras causas.
  • Consumo de medicamentos como los diuréticos, algunos antibióticos, inhibidores de la bomba de protones (como el omeprazol), digoxina, algunos quimioterápicos e inmunosupresores.
  • Enfermedades endocrinas como: Insuficiencia suprarrenal, hiperaldosteronismo, hiperparatiroidismo, hipotiroidismo.
  • Diabetes Mellitus: puede aparecer en casi la mitad de pacientes, probablemente debido a pérdidas renales (en caso de poliuria, glucosuria, cetonuria…)
  • Pérdidas renales de magnesio (como las que ocurren en la insuficiencia renal crónica, el síndrome de Bartter, la necrosis tubular aguda en su fase diurética o en el trasplante de riñón)
  • Edad: la ingesta diaria de magnesio suele ser baja en adultos mayores, además, la absorción intestinal de magnesio tiende a disminuir mientras que la excreción urinaria aumenta con la edad.
  • Insuficiencia de selenio,  vitamina D y/o vitamina B6.
  • Consumo elevado de zinc, calcio, oxalatos, fibra y proteínas.
  • Alcoholismo (debido a malnutrición y diarrea crónicas, al daño hepático y al déficit de tiamina, además de una tendencia a la cetoacidosis)
  • Cáncer.
  • Insuficiencia cardiaca.
  • Acidosis (por cualquier causa)
  • Preeclampsia y eclampsia.
  • Succión nasogástrica.
  • Alimentación parenteral prolongada.
  • Infarto agudo de miocardio: Casi el 80 % de pacientes presentan hipomagnesemia en las 48 horas posteriores al infarto.
  • Pancreatitis aguda.
  • Síndromes de Gitelman/Bartter.
  • Transfusiones masivas.
  • Postoperatorios en general y de paratiroidectomía en particular.
  • Requerimientos aumentados.

El listado es largo ¿verdad?, pues si padecéis alguna de las circunstancias anteriores, y además presentáis algunos de los siguientes síntomas, es muy probable que tengáis un déficit de magnesio.

naturmas.es

Fuente: naturmas.es

Dependiendo  de la gravedad del déficit y de cuánto tiempo llevemos padeciéndolo, puede aparecer:

  • Inicialmente: anorexia (pérdida de apetito), náuseas, apatía, confusión, fatiga, insomnio, irritabilidad, calambres, espasmos, temblores, fasciculaciones musculares (contracciones musculares pequeñas e involuntarias que no conllevan movimiento de una extremidad), debilidad muscular, hormigueo, trastornos de memoria y/o aprendizaje, tinnitus y acúfenos, falta de concentración, disminución de reflejos, estreñimiento…
  • Si el déficit es moderado, podrían aparecer: alteraciones cardiovasculares, arritmias, taquicardia.
  • Y si el déficit es grave: contracción muscular continua, entumecimiento, delirio, alucinaciones, parestesias.

¿Puede tomar magnesio todo el mundo sin control?

Obviamente NO.

transformer.blogs.quo.es

Fuente: transformer.blogs.quo.es

Es muy poco probable que, tomado por vía oral, y con un adecuado funcionamiento de los riñones, se produzca una sobredosificación, ya que el exceso de  magnesio que no se absorbe por vía intestinal se elimina con las heces y la orina.

Sin embargo, se ha establecido un nivel máximo tolerable para los suplementos de magnesio de 350 mg diarios en adultos y niños mayores de 9 años, por encima de los cuales pueden aparecer efectos indeseables, especialmente en personas con problemas renales (incapaces de eliminar por orina el exceso de magnesio), en los que la toma de estos suplementos debe ser estrechamente vigilada.

Estos efectos adversos incluyen: diarrea, hipotensión, letargo, confusión, trastornos del ritmo cardiaco, deterioro de la función renal, debilidad muscular, dificultad para respirar y, en caso de hipermagnesemia grave, fallo cardiaco.

Además, el magnesio interfiere con la absorción de algunos medicamentos como digoxina, nitrofurantoína, quinolonas, tetraciclinas, algunos antipalúdicos, bifosfonatos, clorpromacina, penicilamina y anticoagulantes orales, por lo que si los estáis tomando, debéis consultar con vuestro médico antes de iniciar el suplemento;  probablemente bastará con separar la toma del medicamento de la del magnesio…pero siempre es mejor consultar.

Así que… ¿en qué casos está indicada la suplementación con magnesio?

Pues en resumen, en todas aquellas personas que padezcan o presenten alguna enfermedad o circunstancia que pueda provocar una deficiencia sistémica de magnesio o una hipomagnesemia y que presenten algún síntoma compatible con la misma.

Si, además, sus niveles de magnesio en sangre son bajos…blanco y en botella.

Y ahora…voy con mi experiencia:

No voy a contaros mi historial médico (secreto profesional), pero hace años que padezco una de esas múltiples circunstancias que predisponen al déficit de magnesio.

Desde que alcanza mi memoria, he tenido contracturas musculares, dolor de espalda, dolores musculares y de articulaciones, “chasquidos y crujidos” articulares, hormigueos, calambres…después, y con el inexorable paso de los años (uff), comencé además a notar fatiga, cansancio exagerado, pérdida de fuerza, falta de concentración…todo ello agravado por la llegada a mi vida de mis tres soles, que no se caracterizan precisamente por ser niños tranquilos o dormilones.

Todos estos síntomas los achacaba a mi “circunstancia”, pero, a pesar de tratarla, no notaba una gran mejoría.

Y un día, y después de años prescribiendo magnesio a mis pacientes, se me encendió una lucecita…y empecé a tomarlo (sin mucha fe, lo confieso)…y ¡Oh! ¡Sorpresa!…los síntomas fueron mejorando llamativamente hasta que, al mes y medio de tratamiento aproximadamente, desaparecieron en su mayoría, no del todo, cosa que no esperaba  después de años y años de padecerlos y teniendo en cuenta que mis hijos son aún pequeños (el cansancio forma parte de la paternidad/maternidad)…pero estoy gratamente sorprendida y entusiasmada: ya no me duele la espalda (increíble), ni tengo contracturas musculares, me levanto por la mañana sin rigidez, y puedo ponerme en marcha sin tener que esperar a moverme poco a poco o a tomarme un café, los calambres, hormigueos y demás han desaparecido, los “crujidos” casi del todo…en resumen: GRACIAS MAGNESIO.

¿Y qué suplemento tomar? Uf…hay tantos en el mercado, que eso da para el siguiente post, ¡os espero!

Referencias:

DISRUPTORES ENDOCRINOS, EL ENEMIGO SILENCIOSO (PARTE II)

Con lo poco que me gusta a mí…me voy a tener que poner seria, pues el tema lo merece.

En los últimos 40 años, y coincidiendo con el “progreso y desarrollo” (lo entrecomillo porque, para según qué cosas, más que progreso, parece un regreso), se ha producido un dramático incremento de ciertas enfermedades metabólicas, cánceres hormono dependientes y enfermedades autoinmunes. Todos estos problemas de salud están relacionados en parte, con nuestros nuevos nefastos hábitos de vida (dieta insalubre y sedentarismo principalmente).

Sin embargo, y como ya comenté aquí, parece ser que hay algo más que está influyendo en esta explosión de enfermedades: la exposición en las distintas etapas de la vida a una serie de sustancias capaces de alterar el equilibrio hormonal y la regulación del desarrollo embrionario y, por tanto, con capacidad de provocar efectos adversos en la salud de un individuo o de sus descendientes, son, los disruptores endocrinos (DE).

DE

Fuente:State of the Science of Endocrine Disrupting Chemicals 2012 (WHO-UNEP)

Pero, ¿qué efectos pueden tener sobre la salud humana y la fauna silvestre?

  1. Pueden provocar daños sobre la salud reproductora: disminución de la calidad del semen, criptorquidia, hipospadias, pubertad precoz femenina, reducción de la fecundidad femenina, SOP, endometriosis, reducción de fertilidad y daños congénitos, fibroides uterinos…
  2. Se han relacionado con el desarrollo de tumores en órganos hormono-dependientes: mama, próstata, testículo, tiroides.
  3. Parecen tener un papel en algunas alteraciones en el desarrollo neurológico (Transtornos cognitivos, autismo, TDHA, déficit motor y sensorial, agresividad…)
  4. Se ha demostrado su implicación en algunas enfermedades metabólicas como la diabetes, obesidad y Síndrome Metabólico.
  5. Existe una conexión muy estrecha entre el sistema endocrino y el inmunológico. Así, los DE pueden ser potencialmente responsables de enfermedades y trastornos inmunitarios como asma, alergias, enfermedades tiroideas autoinmunes, endometriosis, algunas enfermedades óseas y cánceres del sistema inmunitario.
  6. Se han visto involucrados en ciertos trastornos del sistema neuroinmunológico como la encefalopatía miálgica, fibromialgia, esclerosis múltiple, sensibilidad química múltiple…
  7. Finalmente, están ampliamente estudiados sus efectos sobre la fauna silvestre: En invertebrados, inducción de imposex (desarrollo de órganos sexuales masculinos en individuos femeninos provocando su esterilidad) e intersex (presentar características masculinas y femeninas a la vez), mortalidad de larvas, inhibición de la metamorfosis y reducción de capacidad reproductora). En peces, inducción de intersex, alteración de ratios de sexos, anormalidades tiroideas, cambios en comportamiento sexual. En anfibios, inducción de intersex y de masculinización, cambios en comportamiento sexual, alteración de la metamorfosis, alteración de niveles de hormonas tiroideas y de la función tiroidea.  En reptiles, alteración de ratios de sexos y daños al sistema reproductor. En aves, alteración de ratios de sexos, malformación de órganos sexuales, reducción de la fertilidad, cambios en comportamientos reproductivos, daños al desarrollo de huevos. Y en mamíferos, daños al sistema reproductor, desórdenes del tiroides y lesiones en glándulas suprarrenales.

Pero…¿qué disruptores endocrinos nos podemos encontrar en nuestra vida diaria? Como ya comenté en la anterior entrada, el catálogo es amplísimo, y su localización, lamentablemente, es ubicua…aquí os describo algunos:

disruptores endocrinos vs. menopausia precoz_estudio_Persistent organic pollutants and early menopause in U.S. women. PLOS ONE, 2015-SISS

Fuente: Grindler NM et al. Persistent organic pollutants and early menopause in US women. PLOS ONE 10(1):e0116057. Doi: 10.1371/journal.pone.0116057

  1.  Plásticos como los Ftalatos, que podemos encontrar en films para envolver alimentos,juguetes, tetinas de biberón, chupetes, coches, material médico, muebles, materiales plásticos para suelos, envases, lacas de uñas, perfumes, jabones, ropa, barnices, lubricantes, repelentes de insectos, adhesivos, celulosa..O el Bisfenol A, presente en el recubrimiento interno de latas, recipientes y envases de comida plastificados, recipientes de plástico y algunos biberones, recibos de impresión de datáfonos y cajeros…
  2. Productos cosméticos (algunas cremas, protectores solares, perfumes, desodorantes, geles, champúes, dentífricos…) que contienen, entre otros, conservantes (por ejemplo parabenos), fragancias (como galaxolide), solventes (como los cyclic-methyl-siloxanos) o bactericidas (triclosan, phenoxyetanol).
  3. Metales pesados como el plomo, arsénico, mercurio o cadmio, que además de su toxicidad, actúan también como disruptores endocrinos. Los podemos encontrar especialmente al consumir grasas de animales que comen animales (pescados depredadores por ejemplo) o beber aguas contaminadas por metales pesados.
  4. Restos de anabolizantes y otros medicamentos(como anticonceptivos, inductores de la ovulación o algunos antidepresivos).
  5. Algunos pesticidas de uso habitual, insecticidas de uso doméstico o biocidas como los organofosforados.
  6. Alquitenoles/nonilfenoles, empleados en la fabricación de agentes tensoactivos, emulsionantes, dispersantes o humectantes presentes, por ejemplo, en detergentes de la ropa o limpiadores domésticos.
  7. Sustancias perfluororadas, las encontramos en el teflón de las sartenes antiadherentes, en superficies antimanchas de alfombras, pinturas y textiles y algunas espumas presentes en extintores de incendios.
  8. Piroretardantes bromados, empleados en la construcción y sobre otras superficies como muebles, para evitar que ardan o retardar su combustión.
  9. Y por último, pero no menos importante, la llamada e-basura, es decir los electrodomésticos, móviles, televisores, chips, ordenadores…no reciclados correctamente. Contienen metales pesados,  aditivos de plásticos y retardantes de llamas que están contaminando ríos y animales y que llegan a nosotros mediante ingestión directa.

Así que, ya veis, sustancias potencialmente peligrosas para nuestra salud y la de la fauna que nos rodea, y que se encuentran en la mayoría de objetos de uso diario y en muchos de los alimentos que consumimos.

Sin embargo, no todo está perdido: en la siguiente entrada os explicaré algunos trucos para evitar o disminuir la exposición a estos “enemigos silenciosos”

Referencia: State of the Science of Endocrine Disrupting Chemicals 2012 (WHO-UNEP)

DISRUPTORES ENDOCRINOS, EL ENEMIGO SILENCIOSO. (Parte I)

Os preguntaréis que qué es eso de los disruptores endocrinos, ¿verdad?, el nombre, de por sí, es raro.

MÁSCARA

Fuente: quesabesdenutricion.com

Antes de contároslo, vamos a hacer un poquito de historia: ya en el siglo pasado (años 50), algunos investigadores detectaron que, años después de la exposición materna a un compuesto llamado Dietilestilbestrol (estrógeno sintético que se administraba a mujeres embarazadas para prevenir abortos espontáneos, partos prematuros y otras complicaciones relacionadas con el embarazo), las hijas de estas mujeres tenían una elevada tasa de un raro cáncer vaginal (adenocarcinoma de células claras), y los varones, podían padecer anomalías en los testículos, trastornos en la fertilidad y tumores genitales…y se pusieron a investigar.

Y por fin, en la conferencia de Wingspread (1991), en la que se evaluaron los efectos adversos observados en personas y animales salvajes del hemisferio norte (daños en el sistema reproductor e inmunitario y diversos tipos de cáncer hormono-dependiente), se acuñó el término de Disruptor Endocrino, en adelante, DE.

Pero, ¿qué son?

Se trata de aquellas sustancias químicas con capacidad para alterar el equilibrio hormonal y la regulación del desarrollo embrionario y, por tanto, con capacidad de provocar efectos adversos en la salud de un individuo o de sus descendientes.

El catálogo de sustancias implicadas es cada día más amplio, e incluye desde productos químicos de síntesis hasta sustancias presentes en el medio ambiente de forma natural.

disruptores

Fuente: disfrutalaciencia.es

¿Se pueden prevenir sus efectos sobre la salud y el medio ambiente?

Pues parece que es complicado, ya que los métodos tradicionales de evaluación de riesgos de sustancias químicas no son válidos debido a sus características:

  • Pueden actuar a dosis muy bajas, los efectos no son dosis dependietes, por lo que es imposible establecer un umbral de exposición seguro.
  • La exposición a DE en periodos especialmente vulnerables (concepción, desarrollo del embrión, formación de órganos) puede tener efectos sobre la salud de la descendencia y varias generaciones posteriores.
  • Pueden actuar de forma combinada.
  • El periodo de latencia (desde que se produce la exposición hasta que aparece el efecto) suele ser largo (años)
  • Lamentablemente…son ubicuos.

disruptores 1

Fuente: drlopezheras.com

Los mecanismos por los que actúan son múltiples:

Imitando o contrarrestando la acción hormonal, alterando su patrón de síntesis y metabolismo, modulando los niveles de receptores…todo ello se traduce en efectos sobre la fertilidad, el tiroides, el sistema nervioso, el sistema cardiovascular, el páncreas…

Pero es que además, un mismo DE puede actuar mediante más de un modo de acción según el momento del desarrollo en el que actúe, así que el efecto adverso producido, dependerá de muchos factores (edad, sexo, momento del desarrollo…)

Existen así mismo, una serie de periodos de mayor vulnerabilidad:

En adultos, los efectos suelen ser reversibles, pero si la exposición ocurre durante la etapa de formación de órganos en el embrión (organogénesis), puede dañar de forma irreversible tanto la estructura como la función de los mismos.

Así, los efectos de la exposición varían en función de la etapa del desarrollo en la que se producen (embrión, feto, neonato, niño o adulto) y serán diferentes en función de las concentraciones alcanzadas.

Cuando la exposición tiene lugar durante el embarazo, los efectos pueden permanecer latentes durante años o aparecer en la descendencia, incluso pueden transmitirse a generaciones futuras mediante lo que conocemos como cambios epigenéticos.

Muchos DE son capaces de producir efectos adversos a dosis muy bajas…incluso a las dosis permitidas en la población, y estos efectos pueden ser distintos de los que aparecerían en caso de que las dosis fueran más altas.

Además, algunos DE pueden tener efectos a dosis bajas y no a dosis altas o viceversa.

De esta forma, los ensayos de toxicidad realizados según la normativa actual, puede que no detecten los efectos a bajas concentraciones, que muchas veces están permitidas según la legislación vigente.

Así que no puede establecerse un nivel de exposición seguro (dosis bajas pueden producir afectación, y, aunque no produzcan toxicidad, pueden tener un efecto de disrupción endocrina), y además, el efecto negativo puede ser resultado de la combinación de varios compuestos que, por separado, puede que no tuvieran ningún efecto.

Por tanto, y para nuestra desgracia, el riesgo cero no existe…da miedo, ¿verdad?

En la siguiente entrada hablaré de algunos de estas sustancias y sus posibles efectos sobre la salud humana… ¡os espero!