Coronavirus Covid-19 ¿podemos sacar algo positivo de todo esto?

Estoy completamente segura de que has oído hablar del Coronavirus Covid-19, si aún no lo has hecho, enhorabuena, probablemente sea debido a que vives en un lugar remoto sin internet y alejado del mundanal ruido, o quizás eres un concursante de Supervivientes.

Para el resto de los mortales que saben de lo que hablo, mi respuesta a la pregunta que formulo es SI.

Covid 19

Fuente: envejecimientoenred.es

Incluso aunque aún no te hayas infectado, van a ser unos días de duros a muy duros:

– Puede que debas teletrabajar con tus hijos en casa (como si fuera tan fácil)
– Puede que estés en aislado por haber tenido contacto con un caso.
– Puede que estés confinado sin poder salir de casa más que para lo más básico.
– Puede que estés viviendo una situación laboral dura: tal vez debas ir a trabajar y tengas dificultades para conciliar, tal vez estés inmerso/a en un ERTE, tal vez seas autónomo y estos días sufras pérdidas económicas, puede que incluso te plantees cerrar tu negocio…espero que en ese caso la situación se resuelva de la mejor manera posible.
– Puede que algún familiar o tú mismo padezcáis la enfermedad de forma más o menos leve, o peor aún, puede que la situación de tu salud o la de alguien cercano sea grave, si es así, te mando todo mi apoyo y mi más profundo deseo que todo salga bien.

Entonces, ¿por qué digo que podemos sacar algo positivo? ¿Cómo es posible que algo que ha cambiado tanto nuestra vida tenga algo bueno? Porque pienso que, hasta de las peores circunstancias, podemos extraer enseñanzas positivas y APRENDER.

El Coronavirus Covid-19 nos ha traído dolor y sufrimiento, pero también creo que nos ha enseñado varias cosas buenas, y de estas voy a hablar.

– El ser humano es solidario: estos días, tanto los profesionales sanitarios como los no sanitarios que nos cuidan cada día, demuestran su excelente profesionalidad con una sonrisa en la cara y sin quejas, un abrazo muy fuerte a todos mis compañeros.

– Pero no sólo eso: se escuchan historias de Universitario/as, Vecino/as, Amigo/as etc que se ofrecen a cuidar de nuestros hijos gratis mientras trabajamos, personas que comparten, personas que ayudan, personas que acompañan…somos solidarios, más de lo que pensamos.

– Somos capaces de soportar situaciones más duras de las que imaginábamos, la vida se empeña en demostrarnos que, a pesar de las dificultades, podemos salir adelante y ser más fuertes.

– Nos hemos dado cuenta de que no somos inmortales, y que algo tan pequeño e insignificante como un virus puede volver del revés toda nuestra vida en un minuto, toda una cura de humildad desde mi punto de vista.

– Hemos tomado conciencia de la importancia de lavarse las manos, algo tan simple y básico que ha salvado millones de vidas desde que, en 1847, Ignaz Semmelweis se dio cuenta de que el simple hecho de desinfectar las manos previamente a atender/explorar a mujeres antes, durante y después del parto, disminuía drásticamente la incidencia de Fiebre puerperal y, por tanto, salvaba muchas vidas.

– Hemos aprendido cómo debemos toser (nunca en las manos) y qué medidas debemos tomar para prevenir contagios de ciertas enfermedades infecciosas, consejos muy básicos pero que, hasta hoy, no todos teníamos en cuenta.

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– De una forma u otra, los que nos quedarnos en casa tendremos más tiempo para hacer eso que nunca tenemos tiempo de hacer: organizar cajones y armarios, leer un libro, jugar a las cartas, mirarnos a los ojos, escucharnos, reír a carcajadas o llorar amargamente con esa película que nunca tienes tiempo de volver a ver, escribir cartas, llamar por teléfono a aquellas personas que hoy están un poco más lejos, mirar fotos antiguas, cocinar, estudiar, hacer guerras de cosquillas o de almohadas…o nada, no hacer nada.

– Es una oportunidad para que, los que somos padres y no estamos aún enfermos, pasemos más tiempo con nuestros hijos: en estos tiempos locos en los que casi todos vivimos deprisa, los días pasan como en una cadena de montaje (papá les lleva al cole, mamá les recoge y les lleva al fútbol, papá coge el relevo y les ayuda con los deberes etc) y hablamos, jugamos, salimos etc con ellos quizás menos de lo que deberíamos.

Con todo esto no quiero ni mucho menos banalizar la situación, todo lo contrario, la situación es grave y como tal debe tratarse, pero sí quiero recalcar que lo más peligroso de todo esto no es el virus en sí (que a la gran mayoría de afectados sólo les provocará síntomas leves o molestias llevaderas, incluso muchos serán portadores asintomáticos), sino que si no seguimos las recomendaciones ofrecidas estos días, el ritmo de contagios seguirá siendo tan vertiginoso o más como hasta ahora, lo que supondrá el colapso de nuestro maravilloso Sistema Sanitario y grandes pérdidas económicas, estamos cerca de ello.

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Fuente: @SaludMadrid

Así que recuerda: QUÉDATE EN CASA, tengas o no síntomas, tengas la edad que tengas…puedes ser un foco de contagio para otros, no sólo se trata de protegernos a nosotros mismos, si no a toda la población.

Espero que toda esta situación mejore pronto y sólo llegue a ser un mal recuerdo, pero también espero que hayamos aprendido.

– ENLACE a la página del Ministerio de Sanidad:
https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov-China/home.htm

– Información para la ciudadanía (preguntas y respuestas, recomendaciones):
https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov-China/ciudadania.htm

– Teléfonos de información (Comunidades autónomas):
https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov-China/telefonos.htm

¿Es el Alzheimer un tipo de diabetes? Diabetes tipo 3.

 

Alois Alzheimer

 

Mucho ha llovido desde que, en 1906, Alois Alzheimer describiera el primer caso de la enfermedad que lleva su nombre.

Este neuropsiquiatra alemán, atendió a una mujer de 51 años que presentaba deterioro cognitivo, alucinaciones, delirios y otros síntomas neurológicos que fueron catalogados como “enfermedad mental”, sin embargo, en el estudio cerebral post-mortem se descubrió la existencia de atrofia cortical, placas, ovillos y cambios arterioescleróticos que él pensó que podrían estar relacionados con los síntomas de esta mujer…pero como suele pasar en estos casos, durante muchos años a nadie le llamó la atención, a los pacientes que padecían este cuadro se les siguió diagnosticando de Demencia Senil o Presenil (según la edad en la que comenzaran las manifestaciones) y no se le dio más importancia hasta los años 60.

 

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Fuente: enfermeriablog.com

A partir de ahí, Martin Roth (psiquiatra inglés) y sus colaboradores, comenzaron a investigar en el tema, a darle la importancia que se merece y, sobre todo, a tratar de encontrar la causa y el posible tratamiento de este mal que afecta cada vez a un mayor número de personas.

¿Qué es el Alzheimer?

No es mi intención hablar en profundidad de la Enfermedad de Alzheimer (EA), pero antes de pasar a lo que quiero contaros, creo necesario dar unas pinceladas que nos aproximen un poco a la realidad de esta enfermedad.

A grandes rasgos, y para entendernos, es una enfermedad degenerativa de las células cerebrales (las neuronas), progresiva e irreversible, cuyas causas se desconocen, aunque hay varias investigaciones en marcha.

Se considera la forma de demencia más frecuente, no es contagiosa ni suele ser hereditaria (sólo un 2 % de formas lo son), aunque existe una base genética (como en la mayoría de enfermedades crónicas) y el tener un familiar directo con Alzheimer aumenta el riesgo de padecerlo. Habitualmente aparece en personas mayores de 65 años, aunque no es exclusiva de este grupo de población y se calcula que, en la actualidad, afecta aproximadamente a 1.200.000 personas en España.

Se caracteriza principalmente por el deterioro lento pero inexorable, de las funciones cognitivas (principalmente memoria , atención y velocidad de procesamiento de la información), conductuales y funcionales, que empeoran a lo largo del tiempo para, finalmente, depender completamente de un cuidador.

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Inicialmente, suele aparecer pérdida de memoria, y desorientación en tiempo y espacio. Más adelante, el enfermo pierde fluidez en el lenguaje, alteraciones psicomotoras (que le dificultan tareas sencillas) y comienza a necesitar ayuda constante para realizar actividades cotidianas.

En la fase avanzada la incapacidad es profunda y el paciente no puede valerse por sí mismo. Aparecen trastornos en la personalidad, deja de comunicarse y de reconocer a sus familiares y amigos, y presenta incontinencia urinaria y fecal. Además, aumenta la rigidez muscular, lo que le impide la movilidad de forma progresiva e irreversible. Pueden asociarse en esta fase otros trastornos del ánimo, como ansiedad, angustia, agresividad o depresión.

Para más información, os emplazo a visitar la página de la  Confederación Española de Asociaciones de Familiares de personas con Alzheimer y otras Demencias .

¿Por qué se produce?

Como ya he comentado, a pesar de que las lesiones cerebrales que provocan los síntomas, están perfectamente caracterizadas desde que se describió esta enfermedad, sus causas son aún un misterio.

Hay muchas investigaciones en marcha, y se piensa que influyen multitud de factores:  genes, ambiente, estilos de vida, antecedentes de traumatismos, infecciones, intoxicaciones…nada concluyente y muchos “actores” implicados.

Pero desde hace unos años,  se plantea una teoría muy interesante: la participación de la resistencia a la insulina (RI) a nivel cerebral en el desarrollo de esta enfermedad.

Así, se sabe que, en personas con diabetes tipo 2, síndrome metabólico y/o resistencia a la insulina, el riesgo de padecer EA está incrementado, y se ha comprobado que, a lo largo de su evolución, incluso antes de que aparezcan los primeros síntomas, se producen cambios similares a los observados en la diabetes.

Voy a tratar de explicar la conexión entre ambas patologías y las implicaciones que ésta podría tener en un futuro:

  • La EA, la diabetes, RI y las enfermedades cardiovasculares, comparten varios factores de riesgo para su desarrollo: dieta inadecuada, sedentarismo, estrés…
  • En la diabetes tipo 2, se produce una elevación de los niveles de azúcar en sangre debida, inicialmente, a un incorrecto funcionamiento de la insulina, que es la hormona encargada, entre otras muchas cosas, de introducir la glucosa en las células para su aprovechamiento, es lo que conocemos como RI (de la que hablé más detalladamente en este post).

ignisnatura.cl

Fuente: ignisnatura-cl

  • Pero como ya os digo, la insulina tiene muchas otras funciones, y, entre ellas, tiene un papel en el desarrollo de procesos como la memoria y la comunicación entre las neuronas. Cuando en el cerebro se produce una RI, y ésta no funciona adecuadamente, esos procesos se ven afectados. Incluso en personas diabéticas sin EA, se ha comprobado un mayor deterioro cognitivo que en personas sin diabetes.
  • Desde los años 80 sabemos que las personas con EA tienen alterado el metabolismo de la glucosa a nivel cerebral, y presentan un tipo de RI específica a este nivel.
  • Más recientemente, se ha comprobado que la insulina interviene en el metabolismo de la glucosa a nivel neuronal…así que las cosas van encajando: en aquellas personas genéticamente predispuestas, y que presentan RI, las células del cerebro no son capaces de utilizar correctamente la insulina, que sirve para que las neuronas obtengan energía a partir de la glucosa, pero que también interviene en el aprendizaje y en la adquisición y mantenimiento de los recuerdos…y así empieza el deterioro.

Y ahora…la evidencia científica:

  • En el año 2005, unos investigadores propusieron ya el término “diabetes tipo 3” para definir la EA: encontraron evidencia de que la deficiencia de insulina y la resistencia a la misma en el cerebro de los pacientes influía en el desarrollo de la EA desde antes de que se detectaran los primeros síntomas. Debido a la RI a nivel cerebral, las neuronas no pueden recibir la glucosa necesaria para funcionar correctamente, hecho que se ha comprobado mediante una prueba de imagen que es capaz de medir el metabolismo de la glucosa, la Tomografía por Emisión de Positrones (PET), que es una de las pruebas más aceptadas actualmente para el diagnóstico de la enfermedad en estadios iniciales.
  • En el año 2008, se llevó a cabo una investigación muy interesante: suministraron a un grupo de ratones, una sustancia que impedía que sus cerebros pudieran utilizar correctamente la insulina, el resultado fue que, al poco tiempo, estos ratones fueron incapaces de recordar lo aprendido o aprender cosas nuevas…es decir, desarrollaron síntomas muy similares a los que aparecen en la EA. Además, comprobaron que la RI en el cerebro de estos ratones, había provocado el desarrollo de una capa de beta-amiloide en las neuronas, la misma sustancia que  está  implicada en la muerte neuronal de los pacientes con EA.
  • Pero además, se ha comprobado en autopsias que las neuronas de los pacientes con Alzheimer tienen menos receptores de insulina que las de personas libres de enfermedad, hasta un 80 % menos en caso de EA avanzado.
  • También se ha observado que, cuando un grupo de personas saludables aumenta su consumo de alimentos ricos en azúcar y grasa, se elevan los niveles de proteínas beta-amiloide en su cerebro.

 

Todo ello, abre una puerta a la incorporación de nuevos tratamientos que retrasen o controlen la enfermedad (siempre y cuando se inicien antes de que las neuronas estén seriamente dañadas, en ese momento, hay poco que hacer), como la insulina intranasal o los fármacos que aumentan la sensibilidad a la insulina.

cbcinternacional.org

Fuente: cbcinternacional.org

Sin embargo, y hasta que se confirme con ensayos clínicos controlados y fiables, que dichos fármacos son útiles, (hecho que puede llevar varios años aún), no estaría de más poner el foco en la prevención: si los estilos de vida inadecuados favorecen la aparición o empeoramiento de la RI, y ésta parece estar implicada en el desarrollo de la EA, parece lógico, una vez más, insistir en los cambios de hábitos para mantener nuestra salud y prevenir multitud de enfermedades.

Así que os remito a algunos post en los que hablo de ello:

 

Merece la pena intentarlo, ¿verdad?

 

Referencias: