30 de noviembre, día internacional de la lucha contra los trastornos alimenticios.

Hoy, 30 de noviembre de 2016, es el día internacional de la lucha contra los trastornos de la conducta alimentaria (TCA)…y, aunque no me guste, tengo que hablar de ello.

 

fen.org

Fuente: fen.org

¿Qué por qué no me gusta?

Porque es un tema que tiene demasiadas implicaciones personales, porque he visto demasiadas familias rotas, demasiadas juventudes perdidas, demasiadas “dietas inocentes” que acabaron en tragedia, porque es muy triste que, debido a nuestra vida moderna (que cada vez tiene más de moderna y menos de vida), haya personas que mueran de hambre estando rodeados de alimentos…pero estoy segura de que, entre todos, podemos hacer algo para evitar que los TCA sigan consumiendo a nuestros jóvenes…y no tan jóvenes.

Voy a tratar de resumir bastante la información, pero podéis ampliarla  en la web de la Asociación Contra la Anorexia y la Bulimia (ACAB), así como en la de la Asociación en Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa y Bulimia (ADANER), ambas, entidades sin ánimo de lucro y que llevan años luchando contra estos trastornos y apoyando a pacientes y familiares

¿Qué son los trastornos de la conducta alimentaria?

Los TCA son trastornos mentales caracterizados por un comportamiento patológico frente a la ingesta alimentaria y una obsesión por el control de peso.

Su origen es multifactorial, no hay una causa o explicación únicas, aparecen por la interacción de diferentes causas de origen biológico, psicológico, familiar y sociocultural.

Los TCA más conocidos son la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa, pero  existen otros, cada vez con mayor presencia en nuestras consultas, pero menos conocidos y, por tanto, con más riesgo de pasar desapercibidos: como el trastorno por atracón, la ortorexia (obsesión por la comida sana) y la vigorexia (obsesión por el ejercicio físico)…

Los TCA son enfermedades graves, que provocan consecuencias negativas tanto para la salud física como mental de la persona,  pero se pueden curar si la persona hace tratamiento con un equipo de médicos y psicólogos especializados en TCA.

¿Quién puede padecer un TCA?

 

Jeremy Gillitzer

Jeremy Gillitzer, modelo fallecido a los 38 años, víctima de TCA

La respuesta es CUALQUIERA: jovenes, mayores, niños, hombres y mujeres…cualquiera; hasta hace unos pocos años, se pensaba que era un trastorno exclusivo de adolescentes aburridas que querían seguir las directrices de la moda…pero, lamentablemente, hay mucho más detrás, existen múltiples factores de riesgo que, combinados, pueden facilitar la aparición y mantenimiento de estos trastornos:

Factores individuales:

  • Predisposición genética: son mucho más frecuentes si existe un antecedente familiar, y aún más si este factor se combina con otros ambientales, como el entorno familiar o social “propicio” para su aparición.
  • Rasgos psicológicos:autoexigencia muy elevada, perfeccionismo obsesivo, necesidad de control y rigidez cognitiva están muy relacionados con la aparición de un TCA.
  • Baja autoestima:hacer una valoración negativa e insatisfactoria de uno mismo/a incrementa la probabilidad de padecer TCA.
  • Imagen corporal negativa.
  • Adolescencia:es la etapa en la que existe un mayor riesgo de desarrollar un TCA, ya que es en este momento cuando la personalidad, autoestima y rol social de la persona están en pleno desarrollo y, por tanto, son más vulnerables ante un entorno social en el que la presión por la imagen es excesivamente elevada.  Se diagnostican TCA en personas de todas las edades, pero en la mayoría de casos la enfermedad debutó durante la adolescencia.
  • Sexo femenino:De cada 10 casos de TCA, 9 son mujeres y 1 es un hombre.

Factores familiares:

  • Ambiente familiar desestructurado.
  • Ambiente familiar sobreprotector.
  • Experiencias vitales estresantes:

Factores Sociales:

  • Modelo de belleza imperante:En los últimos años, el canon de belleza que ensalza la excesiva delgadez, ha venido acompañado de un incremento muy notable casos de TCA.
  • Presión social respecto la imagen: además existe una gran presión para conseguir alcanzar ese modelo de belleza, hecho favorecido por los medios de comunicación, responsables en cierta medida del aumento de casos de TCA.
  • Determinados deportes o profesiones:bailarinas, gimnastas, modelos, actrices…son profesiones de riesgo.
  • Críticas y burla relacionadas con el físico: Las personas, sobre todo niños/as y adolescentes, que han recibido críticas y burlas relacionadas con su apariencia física, generando inseguridad con respecto a su imagen corporal, pueden presentar mayor tendencia a desarrollar un TCA.
  • El sistema de tallaje actual:no unificado, que tiene como resultado un patronaje heterogéneo que resulta confuso para la población, hasta el punto de que la persona no es capaz de conocer cuál es su talla.
  • Existencia de páginas web que promueven y hacen apología de los TCA: Últimamente han proliferado una cantidad ingente de páginas “pro ana y pro mía” en la red, en las que se ensalzan y presentan estos trastornos como formas de vida, de superación personal, y difunden trucos o “tips” para adelgazar sin que nadie se dé cuenta. Son de fácil acceso, y, aunque se denuncien sus contenidos, por cada página que se clausura aparecen muchas más.

¿Cuándo debemos sospechar que algún familiar/amigo/conocido…o nosotros mismos padecemos un TCA?

 

informeanorexia.blogspot

Fuente: informeanorexia.blogspot

Hay ciertas señales de alarma y comportamientos ante los que deberemos estar atentos, ya que nos pueden hacer sospechar la existencia de un TCA. No son criterios diagnósticos, pero, ante estas señales, el consejo es consultar con un profesional que evalúe a la persona y confirme o descarte el TCA:

En relación a la alimentación:

  • Utilización injustificada de dietas restrictivas
  • Estado de preocupación constante por la comida
  • Interés exagerado por recetas de cocina
  • Sentimiento de culpa por haber comido
  • Comportamiento alimentario extraño (velocidad ingesta, comer derecho, etc)
  • Levantarse de la mesa y encerrarse en el baño después de cada comida
  • Aumento de la frecuencia y cantidad de tiempo que está en el baño
  • Evitar comidas en familia
  • Rapidez con la que se acaba la comida de casa
  • Encontrar comida escondida, por ejemplo, en su habitación
  • Encontrar grandes cantidades de restos de comida, envoltorios, etc. en su habitación o en la basura.

En relación al peso:

  • Pérdida de peso injustificada
  • Miedo y rechazo exagerado al sobrepeso
  • Práctica de ejercicio físico de forma compulsiva con el único objetivo de adelgazar
  • Práctica del vómito autoinducido
  • Consumo de laxantes y diuréticos
  • Amenorrea (desaparición del ciclo menstrual durante, como mínimo, 3 meses consecutivos) si es mujer, como síntoma debido a la desnutrición
  • Otros síntomas físicos debidos a la desnutrición: frío en las manos y pies, sequedad de la piel, estreñimiento, palidez o mareos, caída de cabello, etc.

En relación a la imagen corporal:

  • Percepción errónea de tener un cuerpo grueso
  • Intentos de esconder el cuerpo con ropa ancha, por ejemplo

En relación al comportamiento:

  • Alteración del rendimiento académico o laboral
  • Aislamiento progresivo
  • Aumento de la irritabilidad y agresividad
  • Aumento de los síntomas depresivos y/o la ansiedad
  • Comportamientos manipulativos y aparición de mentiras
  • Autolesiones.
  • Ideaciones y/o intentos de suicidio.

¿Cómo podemos ayudar a una persona que sospechamos que presenta un TCA?

Si conocéis a alguien que presente alguno de los signos de alerta antes mencionados, si sospecháis que puede padecer un TCA, aunque no tenga el perfil típico, aunque sea un chico, o una mujer mayor, o incluso niños (últimamente vemos casos en edades muy tempranas)…no lo dejéis pasar, por favor, es mejor equivocarse y “pecar” de exagerados que dejarlo “a ver si se le pasa la tontería”.

Sentaos con él o ella, explicadle vuestras sospechas, lo que habéis detectado, con detalles, de forma directa…las sutilezas no funcionan. Explicadle vuestra preocupación, actuad de forma comprensiva, sin juzgar, sin amenazar…tendedle vuestra mano, ofreced ayuda, sugerid que se ponga en manos de un profesional, ofreced opciones (asociaciones, grupos de ayuda…no sólo sanitarios)…se trata de una persona enferma, no necesita “broncas” ni “charlas” acerca de que hay niños muriendo de hambre…necesita ayuda, pero tú no eres su médico ni terapeuta, eres el hombro sobre el que se va a apoyar.

Es muy posible que inicialmente niegue el problema, diga que no le pasa nada y que no necesita ayuda, incluso puede que responda de forma agresiva…insiste, informa, explica lo que has visto, muéstrale porqué estás preocupado/a, no discutas por el peso o la comida…Deja claro que vas a estar ahí cuando te necesite, cuando quiera…no podemos obligar a nadie a que busque ayuda, o reconozca un problema, pero si podemos informarle de lo que podría hacer, de dónde podría acudir.

No intentes controlar, manipular, sobornar, castigar, recompensar, culpar…eso no funciona. Hazle sentir que eres su apoyo, no su enemigo.

No intentes cambiar su comportamiento, sólo él o ella puede hacerlo una vez reconocido el problema, si una persona no quiere salir de un pozo, de nada sirve que le lances una escalera…no subirá. Pero si consigues que reconozca el problema, que se responsabilice, y la tratas de forma comprensiva, es posible que acabe pidiendo ayuda.

Los tratamientos son largos, complejos, duros, con recaídas frecuentes…frustrantes, ya que la persona que lo sufre, no suele tener (al menos al principio), conciencia de enfermedad, ni de las consecuencias negativas de la misma, ni, por supuesto, de la necesidad de ponerse en manos de profesionales e iniciar un tratamiento.

No existe un tratamiento estándar, debe llevarse a cabo por un equipo multidisciplinar que incluya: médicos, psicólogos, psiquiatras, enfermeros, dietistas, educadores…y adaptarse a las características de cada paciente. Además, es fundamental el apoyo familiar y de grupos de ayuda, cuya intervención ha demostrado grandes beneficios.

¿Cuál es el pronóstico?

La mayoría de personas afectadas por TCA lo superarán, pero hay otras que lo sufrirán de forma crónica y/o padecerán sus secuelas (trastornos cardiacos, digestivos, endocrinos, psiquiátricos, reproductivos, óseos…), y no debemos olvidar que existe un pequeño porcentaje de pacientes que fallecen, de forma directa o indirecta por TCA, y que, cuanto más precoz sea el diagnóstico, más posibilidades de recuperación completa habrá.

Y lo más importante de todo esto… ¿cómo podemos prevenirlos?

 

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Por todo lo dicho, en este día internacional de la lucha contra los TCA, os recuerdo la importancia de la detección precoz, del apoyo familiar y profesional, pero sobre todo, de la prevención de los mismos, mediante:

  • La información a padres e hijos, tanto en los centros educativos como en los centros de salud.
  • La promoción de hábitos de vida saludables de alimentación y ejercicio físico, las comidas en familia, la difusión de conocimientos adecuados de nutrición a nuestros hijos.
  • El impulso de la asertividad, autoestima y la aceptación a uno mismo  desde la más tierna infancia, el entendimiento de que somos mucho más que un físico o una imagen.
  • La motivación y fomento del  espíritu crítico respecto a la alimentación, la cultura de la delgadez, la imagen corporal, los mensajes publicitarios y los factores de riesgo de los trastornos alimentarios.
  • La detección de los elementos manipulativos que nos encontramos en los medios y redes…

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Foto campaña “mujeres reales”, Dove.

Y eso es trabajo de todos: son imprescindibles los programas de prevención primaria y las estrategias de intervención desarrolladas en los últimos años en las comunidades, y dirigidos a  padres, docentes, sanitarios…

Pero aún falta una mayor implicación, más información y difusión por parte de medios de comunicación, farmacias, centros deportivos…es decir, todos aquellos lugares e instituciones desde los que se pueda difundir el mensaje de que TU eres una persona increíble, y naciste para ser feliz, no para ser perfecta.

 

Referencias:

 

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El magnesio y los (mis) dolores…parte I

En los últimos años todo el mundo habla (hablamos) de magnesio…pero ¿qué es y para qué sirve realmente este “súper alimento”?

Es un mineral muy importante para los seres vivos. Se encuentra en grandes cantidades en el organismo, almacenado en su mayor parte (un 65 % aproximadamente) en  huesos y dientes, el 35 % restante lo encontramos en el torrente sanguíneo, otros líquidos corporales y órganos como el cerebro o el corazón.

biologiainteractiva.wordpress

Fuente: biologiainteractiva.wordpress.com

¿Cuál es su función en el organismo?

  • Es indispensable para mantener y reparar cartílagos, tendones y huesos.
  • Interviene en una gran cantidad de reacciones enzimáticas.
  • Es necesario para el metabolismo del Calcio, Fósforo, Sodio, Potasio y de la vitamina C.
  • Tiene una función estabilizadora de la estructura de cadenas de ADN y ARN (claves en el funcionamiento celular).
  • Favorece el correcto funcionamiento del sistema inmune.
  • Interviene en la formación de neurotransmisores y neuromoduladores, en la repolarización neuronal y en la transmisión de impulsos nerviosos.
  • Tiene un papel fundamental en la contracción y relajación muscular, especialmente sobre el músculo cardiaco; así, parece que tiene un papel relevante a la hora de evitar espasmos en las arterias coronarias que pueden relacionarse con patologías como la angina o el infarto de miocardio.
  • Participa en el transporte de oxígeno a nivel de los tejidos.
  • Favorece la producción energética y proteica, con un papel clave en el metabolismo.
  • Ayuda a regular los niveles de glucosa en sangre mediante la mejora en la sensibilidad a la insulina.
  • Participa en la coagulación sanguínea.
  • Mejora el ritmo intestinal.
  • Ayuda al mantenimiento de la temperatura corporal.
  • Favorece el sueño y la relajación, y parece ser que ayuda a disminuir el estrés.
  • Además de otras funciones aún desconocidas: actualmente se investiga acerca de su papel en la prevención y manejo de la hipertensión, algunas cardiopatías y la diabetes.

¿Dónde lo encontramos?

Obtenemos el magnesio de la dieta, principalmente de alimento ricos en fibra. Algunos de los alimentos más ricos en este ¨súper mineral” son:

  • Legumbres
  • Granos enteros (arroz, avena, cebada, centeno, germen de trigo…)
  • Verduras y hortalizas (especialmente el brócoli y las verduras de hojas verdes)
  • Frutas.
  • Semillas y frutos secos (especialmente las almendras)
  • Productos lácteos.
  • Aves, pescados (no todos)
  • Chocolate (SI, chocolate, y cuánto más puro, más magnesio tiene)
  • Café.
  • Agua con un alto contenido mineral (agua “dura”)

sanacionnatural.net

Fuente: sanacionnatural.net

Pero a pesar de encontrarse de forma bastante omnipresente en los alimentos (hagas la dieta que hagas, seguro que consumes algún alimento rico en magnesio), existe un porcentaje elevado de personas con déficit de magnesio… ¿por qué?

Al parecer, menos de la mitad de los individuos en países desarrollados ingieren la cantidad mínima diaria recomendada. Si además de no ingerir las cantidades aconsejadas, realizas actividad física importante, te encuentras en situaciones estresantes, tienes un déficit de vitamina D (lo destaco por su importancia, no sólo en este tema, sino en otros muchos que comentaré en otra entrada) o padeces alguna enfermedad o condición que suponga unos requerimientos aumentados de magnesio o un incremento en su pérdida renal o intestinal (vómitos, diarrea, insuficiencia renal, hipotiroidismo, diabetes…), es bastante probable que tus niveles de magnesio sean deficitarios.

Desde principios del siglo pasado, y ¨gracias¨(como siempre) a los cambios en el estilo de vida,  el consumo medio de magnesio se ha visto reducido de 500 mg diarios a menos de 200 mg (de media), mientras que ha aumentado el de calcio, llegando a estar en un ratio de hasta 4 a 1 a favor de este último. Si tenemos en cuenta que para el correcto funcionamiento del metabolismo este ratio no puede superar el 2 a 1…lo estamos haciendo bastante mal, ¿no?

Este déficit de magnesio se ha relacionado con múltiples enfermedades y síntomas que abarcan a todos los órganos y sistemas (recordad que el magnesio interviene en multitud de reacciones químicas importantes y a todos los niveles), y se ha comprobado con mayor o menor consistencia, que la toma de suplementos de magnesio sería:

Eficaz para…

  • Estreñimiento.
  • Dispepsia (acidez).
  • Déficit de magnesio.
  • Hipertensión arterial durante el embarazo (preeclampsia y eclampsia).

Probablemente eficaz para…

  • Taquicardia ventricular en “torsades de pointes” (por vía intravenosa (I.V.) en fase aguda)

Posiblemente eficaz para…

  • Ciertos tipos de arritmias (por vía I.V. en fase aguda)
  • Asma (por vía I.V. en fase aguda)
  • Dolor neuropático asociado al cáncer (por vía I.V.)
  • Calambres musculares, parestesias, hormigueos…en personas con déficit de magnesio o requerimientos aumentados.
  • Mejora o disminución de nerviosismo, ansiedad, insomnio, depresión…en personas con déficit de magnesio.
  • Reducir el riesgo de parálisis cerebral en recién nacidos prematuros (administrado a la madre antes del parto)
  • Síndrome de fatiga crónica (SFC).
  • Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC, COPD).
  • Cefalea en racimos (por vía I.)
  • Angina de pecho por espasmo coronario y/o por arteriopatía.
  • Diabetes. Una dieta rica en magnesio, parece disminuir el riesgo de desarrollar diabetes en adultos y niños con sobrepeso. Los efectos en personas diabéticas no están suficientemente demostrados.
  • Fibromialgia. La ingesta de magnesio con ácido metílico parece reducir el dolor en estos pacientes.
  • Pérdida de la audición y tinnitus o acúfenos (“ruidos” en el oído)
  • La ingesta de cloruro de magnesio y óxido de magnesio parece mejorar el perfil lipídico.
  • Síndrome metabólico. Las personas con bajos niveles de magnesio son 6-7 veces más propensos a desarrollar síndrome metabólico que aquellas con niveles normales de magnesio. El alto consumo de magnesio y suplementos en la dieta está vinculado a un menor riesgo de desarrollar síndrome metabólico en mujeres sanas y adultos jóvenes sanos.
  • Migraña. Parece que reduce la frecuencia e intensidad de los episodios, aunque posiblemente sólo en personas con déficit de magnesio.
  • Prolapso de válvula mitral. La ingesta de magnesio parece reducir los síntomas en personas con bajos niveles de magnesio en la sangre.
  • Osteoporosis.
  • Dolor después de histerectomía (por vía I.V.)
  • Dolor posquirúrgico.
  • Síndrome premenstrual (SPM) y dismenorrea. La ingesta de magnesio parece aliviar los síntomas de SPM incluyendo los cambios de humor y la hinchazón y las migrañas catameniales.
  • Ictus. Un mayor consumo de magnesio en la dieta podría disminuir el riesgo de sufrir accidente cerebrovascular. No existen pruebas que acrediten que la ingesta de suplementos de magnesio presentan el mismo efecto.

Posiblemente ineficaz para…

  • Infarto agudo de miocardio.
  • Rendimiento atlético.
  • Nacimientos sin vida.
  • Tétanos.
  • Lesión cerebral traumática.

Insuficiente evidencia (lo que quiere decir que no está suficientemente demostrado, pero es posible que sea eficaz en algunos casos) para hacer una determinación para…

  • Abstinencia de alcohol.
  • Mal de las alturas.
  • Intoxicación con fosfato de aluminio.
  • Ansiedad.
  • Trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Los niños con TDAH parecen tener niveles más bajos de magnesio. Investigaciones preliminares sugieren que el magnesio podría ayudar a tratar a los niños con TDAH que tienen niveles bajos de magnesio.
  • Trastorno bipolar.
  • Hipertensión arterial.
  • Cálculos renales.
  • Manía.
  • Esclerosis múltiple (EM). El magnesio podría reducir la rigidez muscular en personas con EM.
  • Calambres en las piernas relacionados con el embarazo.
  • Parto prematuro.
  • Síndrome de piernas inquietas.
  • Hemorragia subaracnoidea.
  • Muerte súbita cardíaca.
  • Fiebre del heno.
  • Enfermedad de Lyme.
  • Otras afecciones.

meditaryvida-salud.blogspot

Fuente: meditaryvida-salud.blogspot.com

¿Cuáles son los requerimientos diarios de magnesio?

En niños, según la edad:

  • 1 a 3 años: 80 miligramos
  • 4 a 8 años: 130 miligramos
  • 9 a 13 años: 240 miligramos
  • 14 a 18 años (varones): 410 miligramos
  • 14 a 18 años (mujeres): 360 miligramos

En mujeres adultas: 310 – 320 miligramos

Durante el embarazo: 350 a 400 miligramos

En mujeres lactantes: 310 a 360 miligramos

En hombres adultos: 400 – 420 miligramos

Si tenemos en cuenta como he dicho casi al principio del post, que actualmente se calcula que consumimos de media menos de 200 mg de magnesio diario…está claro que muchos de nosotros tendremos o estamos en riesgo de padecer un déficit de magnesio.

¿Qué síntomas podemos presentar si tenemos un déficit de magnesio?

Pues depende de la gravedad del déficit y de cuánto tiempo llevemos padeciéndolo.

Así, inicialmente podemos notar: anorexia (pérdida de apetito), apatía, confusión, fatiga, insomnio, irritabilidad, fasciculaciones musculares (contracciones musculares pequeñas e involuntarias que no conllevan movimiento de una extremidad), trastornos de memoria y/o aprendizaje, tinnitus y acúfenos, estreñimiento, falta de concentración, disminución de reflejos, debilidad muscular…

Si el déficit es moderado, podrían aparecer: alteraciones cardiovasculares, arritmias, taquicardia.

Y si el déficit es grave: contracción muscular continua, entumecimiento, delirio, alucinaciones, parestesias.

¿Alguna vez habéis tenido estos síntomas? Si es así, tal vez deberíais acudir a vuestro médico para solicitar una determinación de niveles de magnesio (que puede que sean normales, como os comentaré en el siguiente post) pero sobre  todo para contarle lo que os ocurre para,  de esta forma, confirmar o descartar vuestras sospechas.

En la segunda parte del post, os hablaré de cuáles son los niveles correctos, quiénes deberían vigilarlos, cómo y cuándo tomar suplementos de magnesio…y os contaré mi propia experiencia…¡os espero!

Referencias: