Intolerancias alimentarias…o el “cajón de sastre” de las reacciones adversas a alimentos.

Siguiendo con las reacciones adversas a alimentos, hoy os hablo de las intolerancias alimentarias, que, como ya introduje en este post, engloban a aquellas respuestas clínicas anormales desencadenadas por la exposición a algún componente concreto de algún  alimento (aditivo/proteína/azúcar…), no tóxicas y de mecanismo NO inmunológico, y que provocan que dichos componentes no sean digeridos, metabolizados o asimilados completa o parcialmente.

Dicho así parece fácil, pero lo cierto es que este tipo de reacciones nos traen de cabeza a médicos y pacientes: las manifestaciones clínicas son muy diversas e inespecíficas, el diagnóstico es complejo y puede llevar años de peregrinaje por distintas consultas y el tratamiento, aunque parece lógico y sencillo (evitar el causante), puede llegar a ser muy complicado, ya que ciertos aditivos responsables de dichas intolerancias están por todas partes, amén del peligro de las contaminaciones (que pueden producirse por el simple contacto con una miga de pan, por ejemplo)…lo que supone un riesgo de exclusión para niños, adolescentes y adultos que las padecen.

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Además, aunque todas sean intolerancias, el mecanismo por el que se desencadenan puede ser muy diferente, a veces incluso desconocido, lo que complica aún más el tema y hace que constituyan un auténtico “cajón de sastre”.

Así, podemos distinguir entre:

  • Intolerancias alimentarias enzimáticas (o metabólicas): las que resultan de un déficit enzimático (p. ej., déficit de disacaridasas, galactosemia, favismo, etc.), o lo que es lo mismo, falta el elemento indispensable para que la sustancia en cuestión (lactosa, galactosa, fructosa…) se metabolice y sea asimilada por el organismo, de forma que se produce un acúmulo de la misma que puede producir síntomas de lo más dispares.

 

  • Intolerancias alimentarias farmacológicas: por efecto de agentes farmacológicos presentes en los alimentos, que dan lugar a reacciones urticariformes, trastornos digestivos o cefalea. Entre estos agentes farmacológicos están las aminas vasoactivas presentes en los alimentos (histamina, tiramina, feniletilamina serotonina, etc.). La ingestión de grandes cantidades de alimentos que contengan estas aminas daría lugar a síntomas tóxicos, pero algunos individuos susceptibles pueden tener síntomas tras la ingestión de cantidades muy pequeñas de estas sustancias, es lo que conocemos como falsas alergias,por la similitud en los síntomas que presentan con las alergias, salvando las distancias, y de las que hablé en el post anterior.

 

  • Intolerancias alimentarias indeterminadas: en este caso, el mecanismo por el que se producen no está bien definido o no hay consenso, el organismo no asimila adecuadamente el alimento.

Mención aparte merece el caso de la intolerancia al gluten, en la que aunque se ha avanzado mucho, no se conocen exactamente los mecanismos implicados…dedicaré un post a este tema más adelante.

Y aunque todas ellas sean intolerancias, ni los síntomas, ni los medios de diagnóstico, ni las implicaciones en la salud del que la padece, serán las mismas.

Las intolerancias enzimáticas se diagnostican mediante pruebas específicas, ya que existe un déficit en alguna enzima necesaria para digerir la sustancia en cuestión.

En el resto de intolerancias, el diagnóstico y manejo puede ser mucho más complejo, ya que no se dispone de medios de detección específicos, y la respuesta clínica al contacto con el alimento puede ser diferente en una misma persona, incluso no producirse siempre, ser transitorio o modificarse en el tiempo.

¿Qué puede producir una intolerancia?

img_17476La Ley de Información Alimentaria (diciembre de 2014), obliga a bares, restaurantes, comedores públicos y catering, a informar al consumidor sobre los ingredientes que puedan causar alguna alergia o intolerancia, y es que, tanto unas como otras, pueden ser provocadas por alimentos, bebidas, aditivos, fármacos o productos de otro tipo.

Los síntomas se desencadenan por la acumulación de componentes de los alimentos que no se asimilan correctamente, y pueden ser digestivos o de otra índole, de forma que en muchos casos, al ser inespecíficos, ni siquiera se relacionan en un primer momento con el alimento ingerido, lo que lleva al paciente a consultar con multitud de especialistas durante meses o años hasta que a alguno se le enciende la luz.

¿Cuáles son los síntomas más frecuentes?

Son muy variables, y sabemos que se desencadenan al contactar a un determinado alimento porque al evitarlo, el síntoma desaparece.

salud.uncomo.com

Fuente: salud.uncomo.com

  • Trastornos gastrointestinales: hinchazón abdominal, gases, estreñimiento, diarrea, náuseas, dolor abdominal, reflujo, síndrome del colon irritable…
  • Síntomas dermatológicos: acné, eczema, “psoriasis”, dermatitis, erupciones cutáneas, urticaria, picor.
  • Trastornos neurológicos: dolor de cabeza, migraña, mareo, vértigo, fatiga…
  • Fluctuaciones en el peso, o tendencia al sobrepeso.
  • Síntomas musculo esqueléticos: cansancio, dolores articulares, artritis, artrosis, “fibromialgia”, “síndrome de fatiga crónica”…
  • Síntomas respiratorios: asma, rinitis, sinusitis, dificultad respiratoria…
  • Síntomas “psicológicos” (lo entrecomillo porqué, si hay una causa orgánica, no es tan psicológico): ansiedad, somnolencia, depresión, hiperactividad (especialmente en niños), irritabilidad…
  • Otros

 

Como veis, el espectro clínico es amplísimo y diverso, en muchas ocasiones es el propio paciente el que se da cuenta de que algún alimento “le sienta mal” y, cansado de peregrinar, lo elimina de su dieta consiguiendo muchos de ellos mejorar sus síntomas en semanas o meses (no es inmediato).

Aún nos queda mucho por saber y aprender sobre estos trastornos que pueden limitar considerablemente la calidad de vida…en próximos post os hablaré de algunas de las intolerancias alimentarias más frecuentes, ¡os espero!

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(Casi) todo sobre las alergias alimentarias

Hoy voy a centrarme en las reacciones adversas no tóxicas producidas por un mecanismo inmunológico: Las ALERGIAS ALIMENTARIAS.

En el año 2014, la Academia Europea de Alergia e Inmunología EAACI), publicaba la primera Guía europea sobre reacciones alimentarias y anafilaxia (con acceso sólo para miembros de la sociedad).

En ella se incide en el hecho de que, a pesar de que se calcula que entre un 6 y un 17 % de la población europea presenta algún tipo de alergia alimentaria, éstas siguen siendo una asignatura pendiente para pacientes y profesionales sanitarios, lo que provoca un impacto negativo en la calidad de vida, genera costes que podrían evitarse, y supone un auténtico riesgo vital para algunos pacientes, ya que las reacciones alérgicas graves son potencialmente mortales.

 

tengoalergia.es

Fuente: tengoalergia.es

Las alergias alimentarias se producen porque, ante el contacto, ingestión o inhalación de una determinada proteína (alérgeno) presente en un alimento concreto, y que resulta inofensiva para las personas no alérgicas, el sistema inmune, que habitualmente nos “defiende” de agresiones externas, responde de forma anómala y exagerada produciendo anticuerpos o células que desencadenan la reacción alérgica.

Como ya he comentado aquí, estas reacciones alérgicas pueden ser:

*Mediadas por anticuerpos IgE

Son reacciones bien definidas y que aparecen normalmente de forma inmediata a la toma del alimento. La gravedad de los síntomas será variable (leves, moderados, graves o muy graves), pudiendo involucrar a uno o varios sistemas u órganos a la vez.

Así, los síntomas pueden ser cutáneos, respiratorios, gastrointestinales agudos e incluso anafilaxia, aunque ninguno de ellos es exclusivo de estas reacciones.

*No mediadas por anticuerpos IgE

Producidas por mecanismos inmunológicos que no se han definido con tanta precisión, con participación de células y anticuerpos distintos a los IgE, incluso a veces con participación mixta (células y anticuerpos, en este caso los síntomas suelen ser digestivos). La respuesta aparece de forma retardada  o crónica.

Las respuestas en este caso serán muy variables entre personas, y también en cuanto al tipo de manifestaciones y la gravedad de las mismas, pudiendo aparecer reacciones generalizadas, síntomas aislados o múltiples, especialmente digestivos y cutáneos, pero también respiratorios o neurológicos, por lo que pueden ser grandes “simuladoras”, y a veces los pacientes peregrinan por las consultas de distintos especialistas hasta que a alguien se le enciende una luz y piensa en la alergia alimentaria no mediada por IgE.

Suelen producirse frente a proteínas grandes, como las de la leche de vaca. Además, existe mayor riesgo de desarrollar nuevas alergias no-IgE frente a otros tipos de proteínas grandes, como las que hay en la soja, el gluten, en las carnes o los pescados, especialmente si existe alguna otra patología digestiva de base que altere la microbiota (desde gastroenteritis aguda hasta intolerancias o alergias alimentarias recién diagnosticadas o no tratadas)

Tanto los síntomas como el diagnóstico, pronóstico y tratamiento de estos dos tipos de alergia son, por tanto, diferentes:

Síntomas:

La alergia IgE mediada suele dar más síntomas respiratorios, cutáneos o anafilaxia, dichos síntomas generalmente son inmediatos (generalmente en menos de 1 o 2 horas) y aparecen con cantidades mínimas del alimento

La alergia no IgE mediada suele dar más síntomas digestivos y cutáneos, y más leves, la cantidad de alimento necesaria para provocar síntomas es mayor, y éstos tardan más en aparecer (más de dos horas tras la ingestión, y hasta días después), pudiendo incluso cronificar y que lleguen a afectar el estado nutricional por alteración en la absorción de nutrientes.

Pero no olvidéis que cualquiera de las dos puede dar cualquier clase de síntoma…y esto es imprevisible.

En cuanto al tipo de clínica que puede aparecer, el 90 % estará centrada en la piel y sistema respiratorio, pero el abanico, como describo a continuación, es amplísimo.

Síntomas gastrointestinales: aumento de secreción mucosa y permeabilidad del epitelio al antígeno,  disminución de la absorción de componentes alimenticios, dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarreas, hemorragia intestinal, enteropatía y pérdida proteica, sensación persistente de saciedad con dolor abdominal  y gastritis crónica…

Síntomas cutáneos: exantemas urticariformes, eczema, inflamación piel, boca, garganta, lengua, enrojecimiento, prurito, edema…

Síntomas respiratorios: broncoconstricción, estornudos con mucosidad, congestión nasal, asma, edema de glotis…

Síntomas neurológicos: cefaleas, mareos…

Síntomas cardiovasculares: taquicardias, bloqueo aurículo-ventricular, otras arritmias…

Síntomas  genito-urinarios: nefritis

Síntomas osteoarticulares: inflamación, dolor articular, impotencia funcional…

Reacción anafiláctica-anafilaxia: se trata de un cuadro muy grave, en el que se ven involucrados varios órganos y sistemas a la vez, con afectación cutánea, respiratoria y hemodinámica, y que puede llevar al desarrollo de un Shock anafiláctico, que es potencialmente mortal.

¿Cuáles son los alérgenos más frecuentes?

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Fuente: naturanscentro.com

Cualquier alimento, ingrediente o aditivo puede ser desencadenante de reacciones alérgicas, siendo las más comunes:

Leche de vaca: rechazo a proteínas lácteas (caseína)

Huevo: las proteínas más problemáticas antes 2 años; hasta 2-5 años desde inicio.

Pescados y mariscos:  anisakis, proteínas

Especias: por contacto, ingestión o inhalación del polvo

Frutos secos: especialmente en niños (eccemas)

Frutas: kiwi, papaya, aguacate, plátano, fresas, frambuesas, grosellas…son las más alergénicas.

Diagnóstico:

No voy a hablar al detalle de ello, porque no es el objetivo de este post y me extendería demasiado, sólo comento unas nociones básicas, puesto que, en caso de sospecha de alergias a alimentos, lo mejor que podéis hacer es acudir a vuestro médico para que os derive al especialista, y él os explicará al detalle las pruebas a realizar.

Las alergias IgE mediadas, pueden diagnosticarse mediante las pruebas clásicas de alergia (cutáneas o en sangre), además de otros procedimientos más complejos (pruebas de eliminación o provocación)

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Fuente: centro-asmayalergia.com

Sin embargo, en la alergia no IgE mediada, estas pruebas serán normales, ya que no se detecta la IgE ni en piel ni en sangre, y no existe actualmente ninguna prueba científicamente avalada de uso generalizado en la práctica clínica para el diagnóstico de estas reacciones, así que el diagnóstico es mucho más complejo, y se basa en la relación ingesta/síntomas, comprobada mediante pruebas de provocación, una vez descartada la alergia IgE en las pruebas de piel y/o sangre.

En algunos casos se realiza la prueba del parche (patch test) con alimentos, clásicamente empleada en el diagnóstico de dermatitis de contacto, pero ni el método ni la interpretación de la prueba está estandarizado para este tipo de alergias, por lo que no debería emplearse de rutina.

Hay otros métodos diagnósticos en estudio, la mayoría muy inespecíficos y de los que aún no se ha comprobado la fiabilidad y utilidad clínica o son poco rentables en la práctica diaria.

NO hay evidencia ni estudios científicos que avalen la validez de los llamados “test de intolerancia alimentaria”.

Dichos test emplean distintas técnicas, por ejemplo la medición de la IgG específica a alimentos múltiples (pero atención, la elevación de anticuerpos IgG específicos no indica reactividad clínica al alimento, sino más bien lo contrario), y  otros se basan en pruebas citotóxicas, basadas en medir cambios en los leucocitos tras exponerlos a una serie de alimentos, sin embargo, se ha comprobado que los resultados del test pueden varíar de una vez a otra si se repite en el mismo paciente…muy fiables no parecen, ¿no?

Estos test se utilizan para otras patologías además de la alergia alimentaria, como el síndrome de fatiga crónica, el colon irritable, las migrañas…y como señala la Asociación española de personas con alergia a alimentos y látex, no son fiables a la hora de detectar reacciones adversas a alimentos o a la hora de valorar qué alimentos nos engordan.

Pronóstico:

La mayoría de pacientes que desarrollan el cuadro en los primeros meses de vida, lo  superan a los 2-5 años, excepto en caso de alérgenos potentes (cacahuetes, nueces, mariscos), para ello es muy importante realizar dieta de exclusión muy estricta.

La alergia a leche de vaca o soja, suele desparecer al año (en cualquier caso, antes de los 3 años).

La alergia mediada por IgE suele desaparecer más despacio que la alergia no IgE, y las desarrolladas en niños mayores o adultos, suelen persistir a lo largo de la vida.

Tratamiento y prevención de reacciones alérgicas:

Cuando tiene lugar una reacción alérgica, y en función de la gravedad de la misma, el tratamiento será sintomático, empleando antihistamínicos o corticoides (en caso de reacciones cutáneas, respiratorias o generalizadas), reposición de líquidos, antieméticos, dieta y probióticos que no contengan el alérgeno (en caso de síntomas digestivos), o adrenalina y otras medidas  de soporte en caso de reacciones graves o anafilaxia.

La única forma de prevenir las reacciones alérgicas a alimentos, sea cual sea el tipo, es la dieta de exclusión, es decir, eliminar de forma estricta el alimento o alimentos capaces de desencadenar la reacción. En caso de alergias a múltiples alimentos, puede ser necesario buscar alimentos sustitutivos o incluso, emplear suplementos nutricionales para cubrir los requerimientos.

Hay que ser especialmente cuidadosos y prestar atención al etiquetado de todos los alimentos y medicaciones que vaya a consumir la persona alérgica, ya que muchos alérgenos alimentarios pueden aparecer en multitud de alimentos procesados, incluso de forma enmascarada o con nombres desconocidos.

Además hay que estar muy atentos a las posibles contaminaciones, es decir, a la hora de manipular o cocinar un alimento para una persona alérgica, es muy importante que éste no tenga ningún tipo de contacto con instrumentos, envases, manos…que hayan contactado previamente con un alérgeno, y, ante la duda, mejor no consumirlo.

Por último, desde hace unos años, y sólo en el caso de algunas alergias mediadas por IgE, se está empleando la desensibilización o inducción de tolerancia oral, que consiste en la administración oral de pequeñas cantidades del alimento al que el paciente es alérgico, de manera pautada, progresiva y bajo control médico, hasta alcanzar la tolerancia de una cantidad adecuada para la edad del niño, para más información, consultad a vuestro alergólogo.

Prevención de alergias en personas predispuestas:

En la aparición de las alergias, influyen factores genéticos (antecedentes familiares de alergia son sugestivos de la predisposición a la misma) y ambientales (muchos desconocidos), pero…¿podemos evitar que aparezcan en una persona susceptible de desarrollarlas?

No se ha demostrado que la dieta de restricción materna durante el embarazo y lactancia disminuya el riesgo de alergias alimentarias en los hijos.

La única medida que parece tener un efecto protector (y no en todos los casos), es la lactancia materna, que debería ser exclusiva durante 6 meses y asociada a alimentación complementaria hasta, al menos, los 2 años.  La alimentación complementaria debe introducirse entre las 17 y las 26 semanas de vida.

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Maternidad (P. Picasso)

Para los bebés con riesgo de alergia documentada (padre / madre y/o hermano afectado) que no pueden ser amamantados en forma exclusiva, se recomiendan productos dietéticos con alergenicidad reducida.

No hay evidencia científica de que la evitación y el retraso en la introducción de alimentos potencialmente alergénicos más allá de 4-6 meses reduzca el desarrollo de las enfermedades alérgicas.

Falsas alergias

Algunas personas sufren lo que conocemos como falsas alergias o pseudoalergias, que consisten en la aparición de sintomatología similar a la de una reacción alérgica después del contacto con un alimento, sin que exista un mecanismo inmunológico causante de dichos síntomas.  

Estas falsas alergias están provocadas por alimentos ricos en aminas biógenas (histamina, tiramina, histidina, feniletilamina) sustancias capaces de provocar una reacción inflamatoria similar a una reacción alérgica, probablemente por la existencia de una alteración funcional de la mucosa digestiva con aumento de permeabilidad intestinal en combinación con un organismo sensible o hiperreactivo a histamina, sobre todo niños y adolescentes.

Los síntomas desencadenados suelen ser cutáneos (urticaria, eczema, edema…) y, ocasionalmente respiratorios (rinitis o broncoespasmo), no habiéndose observado reacciones graves.

¿Qué alimentos pueden desencadenar una falsa alergia?

Alimentos ricos en histamina: Fresas, chocolate en todas sus formas, atún, sardina, salmón, anchoa, arenque, pescado seco, pescado ahumado, cerveza, vino, sidra, licores, salchichón seco, jamón, hígado de cerdo y todos los embutidos envasados, quesos tipo parmesano, camembert, roquefort, emmental, gouda, clara de huevo, cheddar, tomate, guisantes, espinacas, chucrut, judías, lentejas, avellanas, piña, habas, cacahuetes, pomelo,naranja, mandarina, limón, papaya, clementina, mango.

Alimentos ricos en tiramina: Embutidos, chocolate, vino tinto, vino blanco, cerveza, gruyère, brie, roquefort, coles, espinacas, aguacate, patata, arenque, caviar, carne de caza…

Son relativamente frecuentes, no suelen ser graves pero es muy importante diferenciarlas delas alergias reales, dado que el diagnóstico e implicaciones serán muy diferentes.

Y por hoy, creo que es suficiente…próximamente las intolerancias alimentarias.

Referencias:

Alergias e intolerancias alimentarias… ¿cuál es la diferencia?

Las reacciones adversas a alimentos son conocidas desde varios siglos antes de Cristo. Así, el propio Hipócrates, padre de la medicina, de juramentos, de enfermedades y remedios y de muchas otras cosas, describió síntomas como la cefalea, las molestias abdominales y la contaminación de la sangre por bilis después de la ingestión de leche de vaca…pero podemos encontrar en la historia de la medicina numerosas referencias a estos trastornos.

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Hipócrates examinando a un niño.

Lamentablemente, en los últimos años el número de personas diagnosticadas de algún tipo de reacción adversa a uno o varios alimentos, ha crecido dramáticamente. Además, este tipo de reacciones, afectan con mayor frecuencia (o se diagnostican con más facilidad) a lactantes y niños pequeños, pero… ¿qué son?, ¿en qué consisten?

Podemos definir las reacciones adversas a alimentos (RAA) como una serie de respuestas clínicas anormales, atribuidas a la exposición a un alimento o aditivo alimentario.

 

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Fuente: tengoalergia.es

Es importante diferenciarlas y diagnosticarlas adecuadamente, puesto que, aunque el tratamiento será, en esencia, muy parecido (habitualmente, evitar la exposición o el contacto con el alimento responsable), las implicaciones, el manejo y el pronóstico son muy diferentes.

Existen distintas clasificaciones, y una de las más aceptadas es la que propone la Sociedad Española de Inmunología Clínica y Alergia Pediátrica (SEICAP) y en la que distingue entre:

 

REACCIONES ADVERSAS A ALIMENTOS (RAA)

 

Tóxicas

 

Tóxicos internos

 

Tóxicos externos

No tóxicas No inmunológica (Intolerancias)

 

 

 

 

Inmunológica (Alergia o hipersensibilidad)

Enzimática o Metabólica

Farmacológica

Indeterminada

 

 

Mediada por anticuerpos IgE

No mediada por anticuerpos IgE (antes intolerancias)

 

Así, las reacciones alimentarias tóxicas son aquellas que derivan de la toxicidad general que provocan, en los seres humanos, ciertas sustancias que contaminan los alimentos (microbios, pesticidas…) o están presentes en ellos de forma natural (toxoides…) y pueden afectar a cualquier individuo. Además, en ocasiones, se manifiestan de forma similar a las reacciones alérgicas.

Mientras que las  no tóxicas o de hipersensibilidad, dependen de una susceptibilidad individual y, por tanto, sólo afectan a una parte de la población, repitiéndose siempre que se produce la exposición al alimento en cuestión: son las alergias, las falsas alergias y las intolerancias alimentarias.

Además, esta clasificación nos ayuda a evitar confusiones, ya que, hasta hace unos años, el término intolerancia, englobaba a todas aquellas reacciones a alimentos en las que no se demostraba la existencia de anticuerpos IgE, pero que podían tener algún otro mecanismo inmunológico detrás y por tanto, potencialmente, podían producir reacciones alérgicas graves (como la anafilaxia)

Actualmente, la INTOLERANCIA hace referencia a las RAA no tóxicas de mecanismo NO inmunológico y la ALERGIA a toda RAA en la que participe el sistema inmune, bien sea mediante IgE, bien mediante otros mecanismos diferentes.

En el próximo post, os hablo de las Alergias alimentarias…¡os espero!

Referencias:

¿Es la soja tan saludable como la pintan?

En los últimos tiempos, hemos asistido al ascenso a los altares de un alimento que, hasta mediados del siglo pasado, ni siquiera conocíamos en España.

Fue a finales del siglo XIX cuando esta leguminosa se introdujo en el mundo occidental, primero en América del Norte y, años después, en Europa;  hasta entonces, únicamente se cultivaba y consumía en países asiáticos.

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Fuente: taringa.net

Poco a poco, fue incrementándose su producción e introduciéndose en los hábitos dietéticos occidentales, especialmente en Norte América, y extendiéndose a otros mercados como el nuestro…hasta que, en la década de los 90, se produjo un cultivo masivo y un excedente de producción,  sobre todo de cultivos transgénicos,  y entonces comenzó la campaña publicitaria: “los asiáticos viven más años y consumen mucha soja”, los asiáticos no tienen cáncer y consumen soja”, “la soja sirve para disminuir los síntomas de la menopausia”, “la soja es más sana que la leche”…¡la soja vale para todo! La campaña publicitaria “pro soja” ha hecho que sea considerado por gran parte del  inconsciente colectivo como la panacea, la solución a muchos males…pero, ¿qué hay de cierto?

No voy a hablar de los beneficios, porque de eso ya se encargan las campañas publicitarias…hoy os traigo un resumen de los efectos perjudiciales que puede tener sobre nuestro organismo el consumo excesivo de esta legumbre “milagrosa”.

Se trata de una leguminosa rica en ácidos grasos omega 3, vitaminas del grupo B, proteínas, aminoácidos esenciales, minerales, isoflavonas…todos ellos pueden tener efectos positivos sobre nuestra salud, especialmente en ciertas etapas de la vida, como la postmenopausia…suena bien, ¿verdad?…pues sigue leyendo.

Efectos sobre el tiroides.

Contiene gran cantidad de isoflavonas (como la genisteína), que son sustancias proteícas relacionadas en múltiples ocasiones con problemas tiroideos.

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Fuente: webconsultas.com

Así, varios estudios muestran que las isoflavonas de soja, son capaces de inhibir la actividad de la tiroperoxidasa, lo que  puede tener como consecuencia una menor síntesis de hormonas tiroideas, elevación de TSH, aparición de  hipotiroidismo, bocio y tiroiditis autoinmune.

Además, parece ser que disminuye la captación de radioyodo, reduciendo la eficacia de dicha terapia, empleada en el manejo del cáncer tiroideo.

Y por último, pero no menos importante, han sido vinculadas a una menor disponibilidad de las hormonas tiroideas a nivel de los tejidos.

Efectos sobre la fertilidad.

La soja es muy rica en  fitoestrógenos, que no son otra cosa que estrógenos (hormonas típicamente femeninas) de origen vegetal, es por ello que existen en el mercado multitud de fármacos a base de soja que permiten paliar los desagradables síntomas de la menopausia.

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Las tres edades (G. Klimt)…no deberían consumirla ninguna de las tres, visto lo visto.

Sin embargo, cuando estos fitoestrógenos son consumidos por hombres,  mujeres en edad fértil y niños, los efectos pueden ser muy diferentes, especialmente si se combinan con disruptores endocrinos (podéis leer más acerca de este tema aquíaquí y aquí).

En ese caso, podremos tener como resultado: disminución de la síntesis de andrógenos (hormonas típicamente masculinas), alteraciones en la fertilidad y ginecomastia (desarrollo de las glándulas mamarias) en varones, pubertad precoz en niños, defectos congénitos en el aparato genital masculino e infertilidad en hijos e hijas, respectivamente, de madres consumidoras de soja durante la gestación (como muestra, dos estudios, este y este).

Además, ha sido relacionada con la aparición de Síndrome de Ovario Poliquístico en hijas de madres consumidoras de soja durante la gestación y en mujeres que fueron alimentadas con fórmulas a base de soja en la infancia.

Efectos sobre el sistema inmune.

Los fitoestrógenos, al igual que la exposición a otros tipos de estrógenos ambientales, han sido vinculados con la aparición y desarrollo de enfermedades autoinmunes.

Además,  la genisteína  parece tener un efecto inmunosupresor mediante sus efectos sobre el timo.

Por último, la alergia a la proteína de soja, es una de las más frecuentes en los últimos años, pudiendo producir reacciones de distinta consideración, incluyendo anafilaxia (reacción alérgica grave o muy grave).

Efectos durante la gestación.

Como ya he comentado en el apartado de efectos sobre la fertilidad, el consumo de soja materno (en grandes cantidades), ha sido relacionado  con  ciertas malformaciones congénitas (como hipospadias o criptorquidias) y alteraciones en la fertilidad, tanto de la madre como de los hijos.

Pero es que además, teniendo en cuenta la importancia de una adecuada función tiroidea antes, durante y después de la gestación,  los efectos ya mencionados  de la soja sobre el tiroides, desaconsejan su ingesta tanto durante esta etapa de la vida como en la posterior lactancia.

Efectos renales

La soja contiene oxalatos y fitatos; ambos compuestos pueden favorecer la formación de cálculos (“piedras”) en el riñón, por lo que su ingesta está desaconsejada en personas con antecedentes de litiasis renal o con riesgo de padecerla.

Otros efectos adversos.

Durante años, se han realizado estudios para valorar el efecto, tanto beneficioso como perjudicial, de la soja sobre enfermedades como la osteoporosis, el cáncer o la depresión, con resultados contradictorios, por lo que me limito a nombrarlos sin entrar en más detalles.

 

Así que, a modo de resumen, la soja, siempre que fuera de procedencia orgánica y no transgénica, y consumida con moderación, podría tener ciertos efectos beneficiosos debidos a su contenido en omega 3, vitaminas, minerales…sin embargo, su consumo estaría desaconsejado en personas con problemas tiroideos, niños y adolescentes, mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, mujeres y hombres que se planteen ser padres/madres, personas con antecedentes personales o familiares de enfermedades autoinmunes y/o alergias, personas con riesgo de presentar cálculos renales…

Y con la información en la mano…cada uno que decida.

¿Por qué, hagas lo que hagas, no consigues perder peso?

Actualmente, quien más y quien menos cree tener claro lo que debe hacer para adelgazar. Así que un buen día, normalmente un lunes o el día 1 de enero, tomamos la determinación de cambiar de hábitos  y empezar  una nueva vida: nos apuntamos al gimnasio, compramos alimentos y refrescos “light”, cereales integrales…y nos ponemos a ello. Y los primeros días perdemos peso, sobre todo líquidos retenidos, porque cualquier pequeño cambio a mejor en nuestros hábitos supone perder algo de peso.

Sin embargo, de repente, la báscula se estanca, ya no perdemos más…así que seguimos restringiendo, sufriendo, yendo al gimnasio de forma más o menos regular…pero ya no funciona…y tiramos la toalla retomando viejos hábitos que nos hacen recuperar e, incluso, ganar más peso del que teníamos al empezar.

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Bailarina en la barra (F. Botero)…a pesar del ejercicio.

¿Qué ha pasado? ¿Hay algo más que no sepamos en esto de la pérdida de peso?

Pues aquí van una serie de razones, algunas de ellas son fácilmente modificables:

  • En primer lugar, nunca debemos “ponernos a dieta”…eso supone que estaremos unas semanas o, con suerte, unos meses comiendo bien/mejor/menos/poco, para después volver a lo de antes…primer error, hay que cambiar de hábitos para siempre, no sólo hasta el verano.
  • En muchas ocasiones, realizamos la dieta de tal o cual doctor, la que leemos en una revista, la que está de moda, la que le funcionó a la vecina…hay que tener en cuenta que los milagros no existen, los cambios deben ser progresivos, igual que los resultados (no es sano perder mucho peso en poco tiempo), pero sobre todo, hay que ponerse en manos de expertos y tener en cuenta que lo que es bueno para mí, puede que no lo sea para los demás, el cambio de hábitos debe ser personalizado, individualizado y adaptado a nuestras circunstancias…de todo ello hablo aquí.
  • Tendemos a hacer dietas demasiado estrictas o restrictivas…de forma que el organismo se pone en “modo ahorro”, y como no sabe cuándo va a volver a comer, gasta poca energía, y lo poco que come, lo ahorra en forma de grasa. Es otro error común, no hay que comer poco, hay que comer bien.

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Fuente: alimentatubienestar.es

  • A la desesperada, nos saltamos comidas pensando que así adelgazaremos más rápido…pero no, cuando llevamos muchas horas en ayunas, la siguiente ingesta la devoramos, comemos más rápido y en más cantidad, además de lo dicho en el punto anterior: lo ahorramos en forma de grasa.
  • Restringimos tanto durante la semana, que el fin de semana nos “relajamos” y concedemos caprichos…vuelvo al punto uno, NO hay que hacer una dieta, hay que cambiar de hábitos, de lunes a domingo, los 365 días…si aprendes a comer, evitarás vaivenes, bajadas de azúcar que hagan que mueras por el dulce y tengas ansiedad por la comida el fin de semana, porque ese capricho del sábado, después de toda la semana prácticamente sin comer, lo ahorrarás en forma de grasa.
  • Igual o peor es lo que nos pasa después de todo el día comiendo poco…llega la noche y no te puedes controlar, arrasas la nevera…y te vas a la cama sin quemar lo que has comido. Si la ingesta durante el día es variada y suficiente, no deberías tener ansiedad nocturna, las represiones nunca fueron buenas, y en el tema de la comida tampoco.
  • Pensamos que los alimentos desnatados no engordan y son más saludables…error, varios estudios publicados en los últimos años (por ejemplo este) , concluyen que el consumo de lácteos ricos en grasa se correlaciona con un menor riesgo de desarrollar obesidad central, diabetes y síndrome metabólico, ya que los productos ricos en ciertas grasas (no estoy hablando de bollos, sino de grasas saludables), son más saciantes, y los ácidos grasos que contienen tienen efectos beneficiosos sobre el control de peso. Eso si, las grasas deben ser “de calidad”, no es lo mismo un vaca criada en libertad y pastando al aire libre, que una alimentada a base de piensos y que vive hacinada en una granja.
  • Algo parecido pasa con los productos light, que son aquellos que tienen hasta un 30 % menos de calorías que el original, lo que no significa que no engorden, sino que engordan menos (un poquito menos); sin embargo, a veces los consumimos como si adelgazaran, comemos más cantidad de ellos que del alimento no light…y acabamos consumiendo más cantidad de calorías. Por otro lado, la mayoría de alimentos light están llenos de aditivos, edulcorantes y conservantes, además de que muchos de ellos contienen menos grasa, pero, a cambio, más hidratos de carbono, que también engordan, y mucho…en resumen, son poco o nada saludables.
  • Por no hablar de los refrescos light o cero…cuando los consumimos, como su sabor es dulce, el organismo interpreta que está ingiriendo azúcar, y en respuesta a ello, segrega insulina, así que lo poco o mucho que comamos acompañando al refresco, lo ahorramos en forma de grasa. Además, al segregar insulina, nos bajará el azúcar en sangre rápidamente, de modo que, en unos pocos minutos tendremos más hambre, e incluso hay estudios que relacionan el consumo de estas bebidas con un riesgo aumentado de diabetes, como  este… sigo insistiendo, el único líquido que necesitamos es el agua.
  • Y los zumos…que gran parte de la población sigue considerando que son muy saludables…pensad cuántas naranjas exprimís para hacer un zumo, ¿2? ¿3?, además ese zumo no lleva fibra (efecto saciante), de forma que al tomar el inocente zumo, estamos ingiriendo el azúcar de 2 ó 3 naranjas, y sin su fibra, con lo que al ratito tenemos hambre…la fruta entera, por favor.
  • Los conceptos erróneos…”la grasa es mala”, “los hidratos integrales son sanos”…pues depende, ni los buenos son tan buenos, ni los malos tan malos, aquí hablo de ello.

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  • La monotonía…si siempre comes pescado, agua y ensalada, cocinas al vapor o a la plancha, no sales de casa por si acaso pecas…lo lógico y normal es que acabes dejando la dieta en unos pocos días (si eres un valiente, en semanas). No lo olvides, cambia de hábitos, no hagas dieta.
  • Nuestra microbiota influye en multitud de enfermedades, y también en nuestra tendencia a ganar peso. Así, si en vuestro intestino habita un buen número de bacterias de la familia Christensenellaceae, dad gracias a vuestras madres (las heredáis de ellas), ya que estáis más a salvo del sobrepeso…ya sabes,  cuida tus bacterias, ya hablé de ellas aquí.
  • Algunos disruptores endocrinos pueden acumularse en nuestro tejido graso, alterando su respuesta hormonal y favoreciendo la obesidad y la hipercolesterolemia, entre otras muchas enfermedades. ¿Y cómo llegan a nosotros? a través de la alimentación, así que no sólo es importante la cantidad de lo ingerido, sino la calidad. Para saber más acerca de los disruptores endocrinos y sus efectos sobre nuestra salud, podéis leer aquíaquí y aquí.

 

MÁSCARA

  • La cantidad y calidad del sueño. Dormir poco engorda, el sueño tiene un papel relevante en el metabolismo energético, y al dormir menos horas, debemos adaptarnos a esta circunstancia, y la forma de mantenernos despiertos es… comiendo. Además, recientemente se ha demostrado que los que duermen más horas, se alimentan mejor y están más delgados.
  • Trabajar de noche o a turnos. Somos animales diurnos…el vivir de noche altera nuestros ritmos circadianos, haciendo que disminuya nuestro gasto energético basal, que consumamos menos energía por el día, de forma que, si trabajamos de noche, tendremos que comer menos (no están las cosas como para elegir trabajo)
  • Nuestras compañías. Parece ser que comer en familia y tener familiares y amigos delgados, y con buenos hábitos alimentarios, nos protege de la obesidad. Durante las comidas familiares se establecen relaciones emocionales, suelen comerse alimentos más saludables…además de que los buenos hábitos se aprenden, así que acostumbrarse a comer en familia, al menos en alguna de las comidas, y fomentando las buenas costumbres, ayudará a prevenir la obesidad y sobrepeso en niños y adolescentes.

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Una familia (F. Botero)…cuidado con los hábitos que inculcamos, lo del perro no es por genética.

  • El pasar muchas horas delante de la televisión, así como dormirse con ella puesta, también ha sido relacionado con un aumento en el riesgo de obesidad: en el primer caso por el sedentarismo y por la tendencia a comer cuando estamos ensimismados viendo un programa que nos gusta, y en el segundo, porque la exposición a la luz artificial durante la noche mientras dormimos -como la que emiten la televisión, el ordenador o una lámpara encendida- reduce los niveles endógenos de melatonina, una hormona que se libera durante la noche para regular los ritmos circadianos y que posee un potente efecto antioxidante y antiinflamatorio y “protector” de obesidad y diabetes.
  • Incluso la música que escuchamos. Aunque parezca increíble, escuchar música clásica de fondo puede animarnos a comer más
  • El estrés post traumático, la depresión y la ansiedad, pueden favorecen en algunas personas la obesidad y el sobrepeso.
  • Nuestro año de nacimiento: según un reciente estudio los nacidos antes de 1942 estarían protegidos contra la obesidad, ya que, a pesar de ser portadores de genes que favorecen el aumento de peso, los hábitos dietéticos, el ejercicio, la vida fuera de las ciudades…es decir, el ambiente en el que vivían…les protegía del aumento de grasa corporal. A partir de ese año, comenzamos a “sufrir” lentamente la abundancia de alimentos, la aparición de los precocinados, los refrescos, el exceso de sal y azúcar, el abandono de la lactancia materna porque la artificial era “más cómoda y moderna”….todos estos factores ambientales afectaron a la expresión de nuestros genes, algunos de ellos directamente relacionados con la obesidad…y poco a poco la epidemia se fue instalando. La vida entonces era dura para la mayoría, no digo que cualquier tiempo pasado fue mejor (¿o sí?)…pero yo me pregunto…las comodidades de ahora, ¿de verdad nos han traído la felicidad? Mi respuesta es NO, lo que nos han traído es obesidad, sedentarismo, alergias, intolerancias y un sinfín de problemas relacionados con ellos.

Así que ya sabéis, el año de nacimiento no podemos modificarlo, si trabajamos a turnos, es difícil cambiar la situación…pero hay muchas otras circunstancias o costumbres que nos impiden mantener unos estilos de vida saludables y perder peso, y  está en nuestra mano cambiarlas…año nuevo, ¡vida nueva!

 

Lactancia materna y patología tiroidea

Continuando con la serie de post dedicados a la lactancia materna, hoy os hablo de los problemas de tiroides que con bastante frecuencia afectan o pueden afectar a mujeres en periodo de lactancia.

Las enfermedades del tiroides son cada vez más prevalentes; este hecho se ha relacionado con  circunstancias diversas como la alimentación, la mayor frecuencia de enfermedades autoinmunes en la población, la exposición a radiaciones ionizantes o los estilos de vida, además de la mejora en los métodos de diagnóstico, que nos permiten detectar con mayor facilidad estas patologías.

El caso es que hay un número nada despreciable de mujeres en edad fértil que las padecen, o  que las desarrollan durante el embarazo o la lactancia, y ellas, como es lógico, se preguntan si estas patologías pueden afectar a la lactancia de sus bebés y si las medicaciones que toman son compatibles con la misma…pues ahí va un resumen de las afectaciones más frecuentes que nos podemos encontrar…espero que os aclare, ayude y contribuya a que disfrutéis de una maravillosa y exitosa lactancia.

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“Maternidad”. Renoir

Hipotiroidismo:

En mujeres que ya padecían un hipotiroidismo previo a la gestación, y que han ido realizando revisiones y ajustes de medicación durante la misma (normalmente al alza), es importante advertir de la necesidad de modificar la dosis inmediatamente después del parto. En general, se aconseja volver a la dosis previa a la gestación (o ligeramente superior a la misma) y realizar una revisión a las 4-6 semanas del parto para valorar si la dosis es la adecuada o no y efectuar ajuste en caso de ser necesario. Después, deberá continuar haciendo revisiones frecuentes.

Hay que tener muy en cuenta, que los síntomas del hipotiroidismo pueden ser muy variables, y aunque clásicamente se dice que puede provocar cansancio, somnolencia, intolerancia al frío, aumento de peso, edemas…también puede manifestarse de otras formas más dispares como irritabilidad, palpitaciones (especialmente si se asocia déficit de hierro y/o anemia), pérdida de peso, ansiedad, falta de concentración, ánimo depresivo…por lo que, en mujeres que no eran hipotiroideas previamente, o que lo eran pero estaban controladas adecuadamente, este cuadro  podría pasar inadvertido, pudiendo ser confundido con una depresión post parto o, peor aún, asumiendo que todo lo que le ocurre es fruto del momento vital y de tener a un recién nacido en casa …mucho cuidado.

Además, el hipotiroidismo es una de las causa más frecuentes de hipogalactia y agalactia verdaderas, es decir, disminución o ausencia de producción de leche materna, con el consecuente fracaso de la lactancia, por lo que es muy importante su sospecha, detección y tratamiento, tanto en el caso del hipotiroidismo clínico como en el subclínico.

El tratamiento con hormona tiroidea es compatible con la lactancia materna y seguro a cualquier dosis: la hormona tiroidea está presente en la leche materna de mujeres sanas en pequeñas cantidades y, en mujeres que toman hormona tiroidea sintética, ésta también pasa a la leche, pero, si la mujer está bien controlada, los niveles de la misma serán similares a los que tendría en caso de no padecer hipotiroidismo.

Os recuerdo que podéis consultar la compatibilidad de medicamentos y lactancia en esta página.

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Por supuesto, la madre deberá estar controlada en todo momento y de forma más o menos frecuente, por un endocrinólogo.

Hipertiroidismo

*Hipertiroidismo por enfermedad de Graves Basedow.

El hipertiroidismo se caracteriza por una producción aumentada de hormonas tiroideas, y sus síntomas más frecuentes son la pérdida de peso, intolerancia al calor, temblor distal, sudoración excesiva (especialmente en la mitad superior del cuerpo), insomnio, irritabilidad, palpitaciones, taquicardia, diarrea…sin embargo, estos síntomas no son específicos de este síndrome, y en algunas personas aparecen otros como la ganancia de peso, el cansancio, dolor muscular…recordad que cada persona es un mundo.

En el hipertiroidismo por enfermedad de Graves Basedow, lo más característico es la presencia de un tipo de autoanticuerpos que estimulan la síntesis de hormonas tiroideas, provocando un cuadro de hipertiroidismo, son los anticuerpos TSHR-Ab estimuladores (también llamados TSI). Dichos anticuerpos deben ser monitorizados durante la gestación, puesto que atraviesan la placenta y, en raras ocasiones, pueden provocar un hipertiroidismo fetal o neonatal.

Sin embargo, una vez nacido, y a pesar de que estos TSI pasan a leche materna, y por tanto al bebé, no se han descrito casos de hipertiroidismo en lactantes.

El tratamiento es compatible con la lactancia (los fármacos pasan a la leche en escasa cantidad), y se prefiere el uso de metimazol, ya que, en los últimos tiempos, se han detectado casos de toxicidad hepática por propiltiouracilo.

No existe justificación para desaconsejar o interrumpir la lactancia materna en caso de precisar estos fármacos, eso sí, deberán emplearse a la dosis mínima posible.

La función tiroidea y el desarrollo intelectual de estos niños son totalmente normales, tanto a corto como a largo plazo, incluso en el caso de que la madre llegue a estar hipotiroidea a consecuencia del tratamiento.

De forma que no se recomienda control rutinario en el bebé, a no ser que presente algún síntoma compatible con disfunción tiroidea (ganancia de peso o talla inadecuada, irritabilidad excesiva…) o la madre precise dosis muy elevadas del fármaco antitiroideo.

Tanto en el caso del metimazol como del carbimazol, dosis de hasta 20 mg diarios son completamente seguras, y en el caso del propiltiouracilo, hasta 750 mg diarios. Con dosis superiores a 20 mg, se aconseja tomar el fármaco después de dar el pecho y antes del periodo de sueño del niño más largo (para reducir al máximo la exposición del lactante), sobre todo en caso de recién nacidos. Si son necesarias dosis superiores, deberá realizarse control analítico en el lactante por riesgo (bajo) de hipotiroidismo inducido por la medicación anti tiroidea, pudiendo continuarse la lactancia.

Respecto al tratamiento sintomático con beta bloqueantes, es perfectamente compatible con la lactancia.

El tratamiento con yodo radiactivo debe evitarse, puesto que el radiofármaco necesita 14 días para eliminarse, lo que supondría tener que suspender la lactancia durante ese tiempo y un más que probable fracaso de la misma.

*Hipertiroidismo por bocio multinodular y nódulo tóxico

El Tiroides puede aumentar de tamaño durante la gestación, así como los nódulos, por lo que es aconsejable realizar una revisión de los mismos pasadas unas semanas tras el parto.

En caso de que se presente un hipertiroidismo, tanto subclínico como clínico, deberá tratarse con fármacos antitiroideos (igual que en el caso anterior) y evitar, en la medida de lo posible, el tratamiento con radioyodo.

Enfermedades tiroideas de inicio en el post parto

*Tiroiditis pos parto.

Es una variante de la tiroiditis crónica autoinmune o de Hashimoto, pero se diferencia de ésta en que su aparición tiene lugar durante el primer año post parto.

Se presenta en un 3-16 % de mujeres, pero en el caso de mujeres con diabetes mellitus tipo 1, la prevalencia asciende al 25 %. Además, puede aparecer en mujeres que ya tenían una tiroiditis crónica autoinmune tratada, precisando realizar ajustes en su medicación.

Inicialmente, se produce una inflamación del tiroides que provoca una “suelta” de hormonas tiroideas al torrente sanguíneo, apareciendo una fase de tirotoxicosis o hipertiroidismo más o menos sintomática. Después, puede ocurrir cualquier cosa: vuelta a la normo función tiroidea, fase de hipotiroidismo transitoria…o hipotiroidismo permanente, el curso es muy variable e impredecible, ni si quiera depende de la “cantidad” de anticuerpos anti tiroideos, sino de la actividad de los mismos, así que puede resolverse espontáneamente en unos meses o acabar desarrollando un hipotiroidismo franco.

En la literatura nos dicen que la mayoría de mujeres no precisa tratamiento, pero, teniendo en cuenta que las alteraciones tiroideas (especialmente el hipotiroidismo) son una de las pocas causas de hipogalactia verdadera (falta de leche materna)…merece la pena tratar si a cambio podemos “regalarles” a una madre y a su hijo una lactancia exitosa.

Así, si existen síntomas de hipertiroidismo en la fase de tirotoxicosis (temblor, sudoración excesiva, pérdida acentuada de peso, insomnio, irritabilidad…), deberemos pautar tratamiento para paliar esos síntomas, habitualmente con beta bloqueantes (la mayoría de ellos son compatibles con la lactancia).

Y si nos encontramos en fase de hipotiroidismo, haya o no síntomas (si los hay, por supuesto), y ante el riesgo de hipogalactia, la opción más sensata si la mujer está lactando es la de tratar con levo tiroxina de forma transitoria (en caso de que se resuelva el cuadro de forma espontánea) o permanente.

El tratamiento con hormona tiroidea es, insisto, compatible con la lactancia materna a cualquier dosis, y la madre deberá estar controlada en todo momento y de forma más o menos frecuente, por un endocrinólogo.

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*Enfermedad de Graves Basedow de inicio en el post parto.

En algunas ocasiones, lo que aparece después del parto es un hipertiroidismo “verdadero”, lo llamaré así para diferenciarlo del hipertiroidismo transitorio de la tiroiditis.

La diferencia entre ambos casos es que, en la enfermedad de Graves, los síntomas suelen ser más intensos y duraderos, los niveles de TSH estarán más suprimidos y los de hormonas tiroideas más elevados, el agrandamiento de la glándula tiroides suele ser mayor y puede aparecer la oftalmopatía de Graves (alteración ocular que típicamente aparece en esta enfermedad). El diagnóstico se confirmará por la demostración de la existencia de anticuerpos TSI en sangre, y por la persistencia del cuadro pasado 3-4 semanas.

No es necesario realizar gammagrafía tiroidea, que requeriría la suspensión temporal de la lactancia.

El tratamiento será el mismo que el explicado en el apartado de hipertiroidismo por enfermedad de Graves Basedow.

Cáncer de tiroides:

Muchas mujeres que han superado o están superando un cáncer de tiroides, se preguntan si podrán ser madres y disfrutar de la lactancia, pues bien, si se puede, la gestación “per se”, no implica un empeoramiento en el pronóstico ni un aumento en el riesgo de recidiva, aunque deberán realizarse los controles pertinentes y hay una serie de plazos que deben respetarse.

El tratamiento del cáncer diferenciado de tiroides (me voy a referir a éste por ser el más frecuente), pasa por la extirpación quirúrgica de la glándula, la administración de una dosis ablativa de iodo radiactivo y el tratamiento con dosis altas de hormonas tiroideas para mantener los niveles de TSH suprimidos por un tiempo mínimo de 2 años (a veces más, depende del riesgo de recidiva).

Durante el seguimiento, se realizarán análisis de tiroglobulina basal, tiroglobulina estimulada con Thyrogen, anticuerpos antitiroglobulina, rastreos con iodo radiactivo, ecografías cervicales…todo ello depende del paciente, del tipo de cáncer, de la evolución del mismo…no voy a extenderme, puesto que no es el objeto de este post, hablaré más ampliamente de ello cuando trate el tema del cáncer de tiroides.

Lo ideal es que el embarazo y posterior lactancia, tengan lugar cuando el cáncer se encuentra en fase de remisión y cuando ya no es necesario utilizar dosis tan altas de hormona tiroidea, de esta forma, a la mujer se le realizarán los mismos controles que a cualquier mujer con hipotiroidismo, con la salvedad de que en el seguimiento se controlarán los niveles de tiroglobulina y, quizás, será necesario realizar alguna ecografía cervical.

Pero… ¿y si hace poco tiempo desde el diagnóstico y tratamiento? Pues bien…se aconseja esperar un mínimo de 6 meses (preferentemente un año) entre la dosis de iodo radiactivo y la gestación para evitar riesgos innecesarios.

Si una vez finalizada la gestación, aún no ha transcurrido el tiempo suficiente como para considerar que el cáncer está en remisión, o no se han podido realizar las pruebas adecuadas por encontrarse embarazada, y  la madre desea dar lactancia materna a su bebé, deberemos animarla a ello y adaptar el seguimiento a esta circunstancia: los análisis de sangre basales y las ecografías, no entrañan ningún riesgo, pero los rastreos con iodo radiactivo deberán evitarse si es posible, así que lo recomendado es utilizar el estímulo con Thyrogen (TSH recombinante), que se considera de riesgo bajo para la lactancia, preferentemente pasado el primer mes de vida.

En caso de ser imprescindible la realización de pruebas o tratamientos que incluyan la utilización de isótopos radiactivos, es muy probable que haya que suspender la lactancia, al menos durante un tiempo prudencial que variará en función del radiofármaco empleado…afortunadamente, estos casos no son frecuentes.

Respecto al tratamiento con dosis altas de hormona tiroidea, deberá valorarse de forma individualizada. Lo ideal es mantener la TSH lo más baja posible pero sin provocar un hipertiroidismo farmacológico  en la madre, que podría, potencialmente, provocar un hipertiroidismo en el lactante, por lo que habrá que advertir a la madre y pediatra de los posibles signos de alerta y, en caso de que se presenten, adecuar las dosis.

Si este es vuestro caso, os aconsejo que visitéis la página web de la Asociación Española de Cáncer de Tiroides: http://www.aecat.net.

aecat.net

¿Y qué pasa con el suplemento de yodo?

 Las necesidades de yodo en la mujer lactante son casi el doble de las de un adulto sano, ya que además de cubrir sus propias necesidades tiene que garantizar que el bebé reciba todos los nutrientes que necesita, incluido el yodo, a través de la leche.

Para asegurar las necesidades de yodo del lactante alimentado de forma exclusiva con leche materna, imprescindibles para su correcto desarrollo, se aconseja que la madre ingiera al menos 250-300 mg de yodo diarios. En general, estas necesidades aumentadas no quedan cubiertas con la toma de alimentos enriquecidos en yodo, como la sal yodada, por lo que se aconseja la suplementación con 200 mg diarios de yoduro potásico durante todo el periodo de lactancia o, al menos, hasta que el bebé comience a tomar sal yodada (al año de vida)

Así que, en mujeres con hipotiroidismo de origen no autoinmune, la recomendación es la de tomar suplemento de yodo y  realizar los controles necesarios.

En mujeres con hipotiroidismo autoinmune, existe controversia, puesto que se ha descrito una elevación de los títulos de autoanticuerpos cuando la ingesta de yodo es excesiva. Sin embargo, el que el número de anticuerpos aumente, no implica que vayan a aumentar su actividad o a empeorar el cuadro y, en cualquier caso, la mujer se encontrará ya en tratamiento con tiroxina. Por tanto, y dada la importancia de asegurar un aporte de yodo en el lactante, parece sensato mantener el suplemento durante la lactancia (al menos hasta que el bebé comience a tomar yodo con la alimentación complementaria) y realizar controles maternos frecuentes por si fueran precisos ajustes de dosis. En cualquier caso, habrá que valorar cada caso de forma individual.

En el caso de mujeres con hipertiroidismo, si éste no está controlado, deberá evitarse el suplemento de yodo, y si está controlado, deberá valorarse de forma individual.

Espero que os haya resultado útil…¡feliz día de Reyes!

 

Referencias:     

 

¡Los números del 2015!

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog, y quería compartirlo con todos vosotros.

 

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 23.530 veces en 2015 (hasta ahora mismo). Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 9 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

El día más movido del año fue octubre 13 con 1.069 visitas. El artículo más popular del día fue El tiroides y la fertilidad, o cómo algo tan importante, se nos escapa tantas veces.

La esperanza. G. Klimt

La Esperanza. G. Klimt.

Patrones de publicación

En 2015 hubo 26 artículos nuevos, ¡nada mal para el primer año!

El mejor día

Atracciones en 2015

Estas son las entradas que recibieron más visitas en 2015.

¿Cómo me encontrásteis?

¿De dónde sois?

 BLOG.NEOMED.ES
Fuente: blog.neomed.es

¡De un total de 69 países!
Países principales: España, Colombia, y Argentina.

Cuando comencé a escribirlo, hace ya 5 meses, no me imaginaba la buen acogida que iba a tener (¡23530 visitas!). Los mensajes de ánimo, los comentarios y vuestras palabras de apoyo son las que me animan a seguir adelante con el blog…así que, ¡en el 2016 os espero! GRACIAS A TODOS POR ESTAR AHÍ.

¡FELIZ 2016 PARA TODOS, Y QUE EL AÑO ENTRANTE OS TRAIGA, SOBRE TODO, SALUD!

 

Cómo sobrevivir a la Navidad…y no engordar en el intento.

Como cada año, al llegar estas fechas tan entrañables, tendemos a “perder la cabeza” y entregarnos  a uno de los mayores placeres que existen…la comida (y  la bebida).

mofit.es

Fuente: mofit.es

Así, según un reciente estudio realizado por el grupo NC salud, y en el que han participado 200.000 españoles durante los últimos 5 años, los hombres aumentan de media 4.3Kg y las mujeres 1.8 Kg durante las Navidades.

Y después… ¿qué pasa el día 7 de enero por nuestras cabezas? Que el sentimiento de culpa, de “me he pasado otra vez…el año que viene me controlo”, nos invade, y entonces uno va y se apunta al gimnasio, y promete empezar con la dieta, y adoptar un estilo de vida saludable…y habrá gente que lo cumpla, no lo dudo, pero la gran mayoría, abandonan los buenos “propósitos  de año nuevo” a la primera de cambio, osea, en Semana Santa.

¿Sabéis por qué? Pues porque si los hábitos saludables no los llevamos “de serie”, si no los hemos trabajado durante todo el año, de poco o nada sirve hacer exámen de conciencia, porque lo que se deja para el lunes o para el 1 de enero…se abandona con gran facilidad.

Pero lo cierto es que ya tenemos las Navidades encima, así que, para todos aquellos que después del verano decidieron cambiar de hábitos y aún no lo han cumplido, ahí van una serie de consejos para evitar ganar peso en estos días de excesos, eso sí, el 7 de enero ¡os espero con un nuevo reto!

  1. Haz ejercicio. No me cansaré de repetirlo, el ser humano no está hecho para el sedentarismo: cuando no nos movemos, empiezan los problemas. Si además, este ejercicio lo haces nada más levantarte, durante unos 45 minutos, conseguirás reducir tu apetito el resto del día, como puedes ver aquí.

radioset.es

Fuente: radioset.es

  1. Di NO a lo ágapes entre horas. Parece obvio, ¿verdad? Pero lo cierto es que en estas fechas, a quien más y a quien menos le regalan bombones, o se reúne con los compañeros del trabajo para un café navideño que termina como el rosario de la aurora…ten fuerza de voluntad y evítalo, piensa en el exceso de calorías que vas a ingerir duarnte estos días en las comidas principales …y en lo mal que te vas a sentir al subirte a la báscula el día 7 de enero.
  2. Los días intermedios controla lo que comes.  Ya que es muy posible que “peques” en las fechas “clave”, compensa los excesos el resto de días…con la excusa de las Navidades, al final uno acaba celebrando el nacimiento del niño Dios todos los días…pero no olvides que las celebraciones son 5 días, ¡5!…el resto, vida normal, osea, mucha verdura, carne, pescado, huevos en cantidades adecuadas, legumbres, cereales y frutas en cantidades moderadas, evitando el azúcar…lo que siempre os digo.

Y vamos con los “días D” y las” horas H”

  1. Se puede celebrar las fiestas con comidas saludables: innova, no necesariamente tiene que ser un festín de calorías y grasas poco saludables: elabora menús que incluyan verduras (la lombarda o la ensalada de escarola tienen un toque muy navideño), platos al horno (pescados, pavo, cordero…acompañados de verduritas), salsas caseras, marisco cocido, entrantes saludables (crema de verduras, ensaladas,  canapés, pinchos de verdura asada, huevos en cualquiera de sus formas…), nada de precocinados, postres caseros, brochetas de fruta…Las comidas navideñas no tienen por qué provocarnos una indigestión, se trata de celebrar y estar con la familia y/o amigos, no de salir “rodando”.
  2. No te “reserves” para la cena o comida. Muchas personas pasan casi todo el día sin comer  ante el panorama de la cena de nochebuena, por un lado, para ir “con hambre” y no dejar nada en el plato, y por otro, por el erróneo pensamiento de que, si no comes nada durante el día y “sólo” cenas, engordarás menos: nada más lejos de la realidad, cuando no comemos durante muchas horas, nuestro organismo entra en “modo ahorro”, como no sabe cuándo va a volver a comer, gasta lo mínimo, el metabolismo se ralentiza, pero cuando vuelve a disponer de alimentos, especialmente si estos son carbohidratos…aprovecha todo lo ingerido y lo almacena en forma de grasa por si acaso vuelve a pasar demasiadas horas sin comer, y si esa comida es especialmente abundante…para qué queremos más…caso diferente sería si ayunas durante varias horas y la siguiente ingesta es exclusivamente a base de grasa saludable, proteínas de calidad y verduras…pero no es lo habitual en estas fechas.
  3. Si no eres tú el encargado de elaborar el menú, y no hay posibilidad de que la comida sea lo más saludable posible…elige, selecciona, controla, no te lances a comer todo de todos los platos, procura comer uno o dos entrantes y el plato principal…el resto sobra. Es difícil, pero piensa con la cabeza, piensa en esos pantalones que tanto te gustan…y deja comida en el plato.
  4. Controla la bebida. Ten en cuenta que el alcohol, en general, sólo aporta calorías y ningún nutriente, así que opta por el agua y controla la cantidad de alcohol (preferentemente vino o cava), que dicho sea de paso, no es necesario para pasarlo bien…pero ese es otro tema. Evita los refrescos, TODOS. Sean normales o light, evítalos, no son buenos, punto, ya les dedicaré un post en otra ocasión, hasta entonces…evitadlos, por favor.
  5. Mastica, no engullas. Desde que comenzamos a comer, hasta que al cerebro le llega la sensación de saciedad, pasan al menos 20-30 minutos, de modo que si lo hacemos muy rápido, seguiremos teniendo hambre y comiendo. Deja la cuchara o el tenedor apoyado en el plato entre bocado y bocado (si lo tienes en la mano, comes más rápido), charla, ríe, canta…lo que quieras, pero come despacio.
  6. Come en plato de postre. La mente es maravillosa, y si el plato es pequeño, aunque la ración no sea muy abundante, la sensación óptica de que está lleno nos hará pensar que estamos comiendo más de lo que en realidad ingerimos. Además, en el momento de los entrantes, elige uno o dos y colócalos en el plato, no picotees de todos.
  7. Si eres el anfitrión, no hagas comida para un regimiento, calcula las raciones, no eres mejor chef porque sobre comida. Si eres invitado, no te lleves a casa la comida sobrante…casi todos lo hacemos, pero no es buena idea, ya que si lo haces, seguirás excediéndote al día siguiente, y recuerda que la Navidad, las celebraciones son 5 días, ¡5!

ideas.cuidadoinfantil.net

 

Si pones en práctica estos consejos, pero de verdad, es muy posible que consigas mantener tu peso y evitar indigestiones innecesarias…tu salud te lo agradecerá.

Y si no los pones, no te preocupes, recuerda que, a la vuelta, siempre puedes contactar conmigo en mi consulta online…porque nunca es tarde para comenzar de cero.

¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!

Se me están cayendo los axiomas de la medicina: menos hidratos y más grasas para una mejor salud.

Los que me conocéis en persona, sabéis que mi alimentación es cuasi vegetariana (cuasi porque soy incapaz de abandonar los ibéricos de La Alberca, os los recomiendo), y que, en general, y hasta hace unos meses-años, he sido una firme defensora de la dieta mediterránea y me he guiado por las “viejas recomendaciones”: la grasa engorda porque tiene más calorías que los hidratos, cuánto más comes más engordas, esto son matemáticas: si comes más de lo que gastas,  engordas, etc. etc.

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Fuente: mbewell.com

Sin embargo, en los últimos meses me doy cuenta de que, tal vez, estemos equivocados, al menos en parte, y que, como ya he repetido hasta la saciedad, lo que es bueno para mí, tal vez no sea lo más adecuado para ti. Con esto quiero decir que, cuanto más aprendo, menos sé, que los dogmas no deberían serlo, y que tenemos que abrir la mente.

¿Y por qué digo todo esto?

Pues porque la dieta vegetariana es muy saludable…para algunos, porque los cereales y legumbres son muy sanos…para otros, pero en los últimos años, cada vez aparecen más estudios que demuestran que, para un sector de la población (GRAN sector de la población), lo que” funciona”, lo que disminuye su riesgo cardiovascular y su predisposición a la obesidad y la diabetes, son las dietas LCHF, que son las siglas en inglés de dieta “Low Carb, High Fat”, o lo que es lo mismo, baja en carbohidratos y alta en grasa.

Dicho así, a cualquier persona que se precie de saber algo de nutrición, puede que le horripile, sin embargo, vamos a  ver si os lo explico:

Hasta hace unos años, la mayoría de endocrinólogos, nutricionistas y dietistas, seguíamos “a pies juntillas” las recomendaciones de la pirámide nutricional, esa que la mayoría conocéis y en la que se nos aconsejan la frecuencia con la que debemos consumir cada grupo de alimentos y la cantidad aproximada de cada uno: en la base (es decir, lo que más deberíamos consumir), los cereales y legumbres y en la cúspide (lo que menos deberíamos ingerir), las grasas.

En el año 2015, esta pirámide ha sufrido modificaciones importantes, de forma que, en la base (osea, lo más importante), ya no están los cereales sino el ejercicio físico, el equilibrio emocional, los métodos de cocción sencilla, por encima, cereales y legumbres, en el siguiente escalón, verduras, frutas y aceite de oliva (de modo que pasa a recomendar un aumento en frecuencia y cantidad de consumo, atención), por encima los lácteos (¡Oh! ¡¡Sorpresa!!, ¡los tan denostados lácteos!), más arriba pescados, aves y huevos,  y, como consumo ocasional, carnes rojas, grasas y bollería industriales. Por último,  en la cúspide, una bandera en la que se incluyen los suplementos y vitaminas…que digo yo que si nuestra alimentacion fuera la adecuada, no deberíamos necesitar de “añadidos”…pero ese es otro tema.

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Pirámide nutricional SENC 2015.

Clásicamente, además, se aconseja que del total de calorías ingeridas a lo largo del día, el  50-55 % sea en forma de carbohidratos, el 30 % en forma de grasas (con un máximo del 10 % de grasas saturadas) y el resto, osea, entre el 15 y el 20 %, en forma de proteínas.

Sin embargo, esta distribución de nutrientes  no es la única, y, ni mucho menos, la mejor para todos, ya que el porcentaje ideal  dependerá  mucho de la actividad física diaria, del objetivo de la dieta (si se pretende adelgazar o ganar masa muscular por ejemplo) y de las patologías o circunstancias de base de cada uno).

Pero vamos más allá… ¿y si estas directrices no fueran LAS directrices a seguir?, ¿y si no fueran buenas para todos?… ¿y si no hay un reparto ideal de proteínas, hidratos y grasas?

Esos porcentajes tan estrictos, que han sido “dogma de fe” en el mundo de la nutrición durante décadas, se basaban sobre todo en los estudios epidemiológicos existentes, que asociaban ciertos efectos adversos (aumento de riesgo cardiovascular, por ejemplo) y  enfermedades (obesidad, diabetes)  a la ingesta de grasas y proteínas por encima de determinados porcentajes sin tener en cuenta el tipo u origen de dichas proteínas, hidratos y grasas, de modo que se decidió que, comer más del 30 % de grasas y más del 20 % de proteínas , así como consumir menos del 50 % de hidratos (lo que indicaría que se consumían demasiadas grasas y proteínas) era perjudicial para nuestra salud.

Pero lo cierto es que, revisando la literatura disponible:

  • No hay evidencia científica para poner un límite máximo al porcentaje de grasas. Mientras que muchos estudios recientes recomiendan una ingesta mínima de grasas saludables, especialmente las poliinsaturadas y monoinsaturadas.
  • No hay suficiente evidencia científica para fijar un porcentaje máximo de proteínas. Aunque sí unas cantidades mínimas.
  • No hay evidencia científica para fijar un porcentaje mínimo de carbohidratos, mientras que sí recomiendan fijar un máximo, porque se han hallado efectos negativos si se comen en exceso, sobre todo a costa de los otros dos grupos

nutrieducacion.con

Fuente: nutrieducacion.com

De modo que:

  • Sabemos que es necesario comer un MÍNIMO de grasas, establecido en el 25% de las calorías diarias: si la ingesta es inferior, puede producirse una reducción de los niveles de colesterol bueno (HDL), un aumento de los triglicéridos y una mayor predisposición a la intolerancia a la glucosa en personas susceptibles. Además, si la ingesta de grasa es inferior al 20 % de las calorías totales, posiblemente no estemos ingiriendo suficientes vitaminas liposolubles y ácidos grasos esenciales. Así mismo, la ingesta de grasas no debería ser mayor del 40% de las calorías diarias (aunque esto dependerá de las circunstancias personales) Pero tan importante o más que la cantidad, es la calidad de las mismas, de forma que se  recomienda que el total de grasas saturadas (aunque este punto es discutible) y grasas trans sea inferior al 10 % de las calorías diarias, las grasas monoinsaturadas deben constituir un 10-20% y las poliinsaturadas un 3%, de las cuales un 0,5% deberían de ser omega-3. La ingesta de ácidos grasos poliinsaturados  debería ser inferior al 10 % y no existe evidencia suficiente para fijar una relación recomendada entre omega-3 y omega-6.

 

  • Es necesario comer un MÍNIMO de proteínas (0.8 g por kilo de peso), y la cantidad de proteínas recomendada para adultos sanos es de entre 1,1 a 1,3 gramos de proteína pura por kilogramo de peso corporal, con un rango de entre el 10-20% de la energía total.

 

  • Se aconseja no sobrepasar un MÁXIMO de carbohidratos, el 60 %… sin embargo, no todos los hidratos de carbono son iguales, así, los carbohidratos ricos en fibra y de lenta digestión, como los que se encuentran en vegetales, cereales integrales, fruta completa, bayas, frutos secos y legumbres,  deberían ser la fuente principal de carbohidratos, mientras que los azúcares añadidos deberían suponer menos del 10 % de la energía total y la ingesta de fibra dietética debe ser de al menos 25-35 gramos por día; siguiendo estas recomendaciones, parece ser que  se consigue una reducción en la incidencia de ciertas enfermedades crónicas como la obesidad o la diabetes. Por otro lado, sólo algunas células del organismo necesitan glucosa pura para su funcionamiento (entre ellas, las neuronas), el resto, pueden utilizar la glucosa procedente de otras fuentes (proteínas y grasas). Cuando no se ingieren suficientes carbohidratos, la energía se obtiene de la grasa, y, en ese proceso, se generan cuerpos cetónicos que dan lugar a la aparición de lo que conocemos como cetosis…no voy a hablar en profundidad de ello, sólo diré que es un estado que puede beneficiar a algunos y perjudicar a otros, pero, en general, no es muy recomendable. Para evitar la aparición de cetosis, la ingesta mínima de carbohidratos debe ser de 50 gramos diarios, entre 50 y 100 gramos diarios prevenimos esta situación y, con un consumo de 130 g diarios de hidratos de carbono, las necesidades cerebrales de glucosa están aseguradas. Estos 130 g diarios se corresponderían con un 20-25% de la energía total en adultos y de 25-45% en niños de hasta 11-13 años…por lo que parece prudente recomendar, insisto, en general, un consumo mínimo del 20-25 % de carbohidratos, considerando como razonable, una ingesta de alrededor del 45-50 % del total de la energía en forma de hidratos.

Y repito, tan importante como lo anterior, es que hay que tener muy en cuenta la procedencia de dichos nutrientes, recordad que, tanto las patatas fritas como el brócoli son hidratos de carbono…pero no es lo mismo, es más importante la calidad que la cantidad.

Es decir, que la pirámide tradicional, basada en estudios observacionales, se va modificando hacia recomendaciones más consistentes con la evidencia: las grasas no son tan malas (al menos las grasas saludables), los carbohidratos en exceso son muy perjudiciales y las proteínas son muy necesarias.

Pero además de todo esto (y aquí llega el porqué del título del post)  resulta que algunas de las llamadas “dietas milagro” (ojo, ALGUNAS), resulta que sí, son un poco milagrosas en ALGUNOS CASOS.

comida baja en carbohidratos

Fuente: taringa.net

Así, en los últimos años, varias investigaciones concluyen que, disminuyendo el consumo de  carbohidratos, aumentando el consumo de grasas saludables y sin tener excesivamente en cuenta el consumo total de Kilocalorías diarias, es decir, siguiendo una dieta LCHF,  se pierde más peso (y menos masa muscular), se disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares (mediante el aumento de HDL o colesterol bueno y la disminución de triglicéridos, a pesar del aumento de colesterol LDL) y mejora la sensibilidad a la insulina.

Aún no hay estudios a largo plazo, y será necesario confirmar los resultados…pero desde luego prometedor y revolucionario parece.

Y después de todo esto, reconozco lo que digo al principio del post: se me están cayendo los axiomas de la medicina…porque la ciencia avanza que es una barbaridad, y lo que antes era malo ya no es tan malo, y cada día aparecen nuevas investigaciones que demuestran que la restricción absoluta de grasas puede empeorar el perfil lipídico, y que las dietas bajas en hidratos y altas en grasas (insisto, en grasas saludables), pueden hasta prevenir la diabetes tipo 2 (y la tipo 3, de la que hablaré en otra ocasión) mediante la mejora de la sensibilidad a la insulina y el perfil lipídico…seguiré investigando, la ocasión lo merece.

 

Referencias:

 

¿Comes sin parar y no te sacias? ¿Tienes ansiedad y sólo se pasa comiendo dulces? Tal vez tu problema sea la resistencia a la insulina.

En las últimas décadas, como no me canso de repetir, asistimos a un incremento casi exponencial  de los casos de sobrepeso, obesidad, diabetes…y todo lo que les rodea.

Echamos la culpa a los genes (y en parte con razón), al ambiente (mucha razón), a los malos hábitos de alimentación y ejercicio (toda la razón)…pero, ¿y las hormonas? Pues las hormonas también tienen su parte de responsabilidad, y los otros factores que acabo de decir, inciden directamente en el funcionamiento y la correcta o incorrecta respuesta hormonal a la ingesta de alimentos.

2El-mono-obeso

“El mono obeso”

Varias hormonas están relacionadas con el metabolismo y el aprovechamiento de los nutrientes…hoy os hablo de la insulina y su mal funcionamiento.

¿Qué es la insulina?

La insulina (del latín insula, “isla”) es una hormona producida y secretada por las células beta de los islotes de Langerhans del páncreas (de ahí lo de insula).

Su verdadero descubridor fue Nicholas Paulescu en el año 1921…aunque el Nobel de Fisiología y Medicina  se lo llevaron Frederick Grant Banting y su equipo de investigadores en 1922 por este motivo…pero esa es otra historia.

Es la hormona anabólica por excelencia, es decir, permite disponer a las células de la cantidad de glucosa necesaria para conseguir energía y mantener un correcto funcionamiento de órganos y sistemas…es la “llave” que abre la puerta para que la glucosa entre en las células y pueda ser utilizada; pero no sólo eso, sus funciones reguladoras del metabolismo van más allá:

  • Estimula la glucogenogénesis, la formación de glucógeno, es decir, los “depósitos de glucosa” donde se almacena el excedente de glucosa ingerido, de forma que, en condiciones normales, los valores de glucemia (niveles de glucosa en sangre) después de las comidas, no excederán los 140 mg/dl.
  • Inhibe la glucogenolisis, la degradación de glucógeno en glucosa, para evitar que, si no es necesario (porque estemos realizando ejercicio, o se necesite glucosa para realizar alguna función que precise energía), aumenten demasiado los niveles de azúcar en sangre, ya que su exceso es “tóxico” para el organismo.
  • Disminuye la glucosecreción hepática, la producción de glucosa por parte del hígado en ayunas, de forma que, en condiciones normales, la glucemia se mantiene por debajo de 100 mg/dl.
  • Promueve la glucólisis, la obtención de energía a partir de la glucosa cuando es necesaria.
  • Favorece la síntesis de triacilgleceroles (triglicéridos) y estimula la síntesis de ácidos grasos (componentes de los triacilgliceroles), de forma muy breve: cuando ingerimos mucha glucosa y los depósitos (el glucógeno) están saturados (llenos de azúcar), la glucosa se transforma en grasa…y se acumula en los adipocitos (células que almacenan grasa), y engordamos.
  • Estimula la síntesis de proteínas.

En resumen y para entendernos: cuando comemos, los alimentos ingeridos son absorbidos en las distintas partes del intestino delgado y pasan al torrente sanguíneo. En respuesta a la llegada de glucosa a la sangre, las células beta del páncreas, producen la cantidad de insulina necesaria para “utilizar” esa glucosa tal y como se necesita: si hace falta energía, la transforma en  energía, si no hace falta, acumula la glucosa en forma de glucógeno, si hay un exceso de glucosa, la almacena en forma de grasa, si hacen falta proteínas, las sintetiza…para ello, se acopla, como una “llave” a sus receptores celulares: las cerraduras que permiten que la glucosa entre en las células…eso, cuando funciona bien.

¿Pero qué pasa cuando funciona mal? Cuando los receptores celulares no “reconocen” o permiten a la insulina ejercer sus funciones, la glucosa no entra en las células, se acumula en la sangre, y, para tratar de remediarlo, el páncreas genera más y más insulina…es lo que conocemos como Resistencia a la Insulina (RI)

ignisnatura.cl

Fuente: ignisnatura.cl

Al principio, esa mayor producción de insulina, ese” hiperinsulinismo compensatorio”, es capaz de solventar el problema, eso sí, a cambio, cuando las cantidades ingentes de insulina producida consiguen acoplarse a la célula para permitir que la glucosa entre, el azúcar baja muy rápido en sangre, pudiendo aparecer una hipoglucemia, una bajada de azúcar. En ese momento, y como consecuencia de la brusca bajada de glucosa, el cuerpo se “queja”, pudiendo aparecer  hambre (sobre todo apetencia por lo dulce), mal estar, ansiedad, dolor de cabeza, sudor frío, temblor, dolor de estómago, cansancio…y todos esos síntomas se aliviarán comiendo, de forma que se produce un círculo vicioso difícil de romper:

Comes → segregas mucha insulina (porque no funciona bien) → baja el azúcar → tienes hambre y falta de energía → comes, sobre todo dulces, que es lo que te pide el cuerpo porque te da energía rápidamente…y vuelta  a empezar, y cuanto más comes, más engordas, y más insulina generas y como estás cansado, no eres capaz de hacer ejercicio…es un no parar…

Además,  esos niveles altos de insulina estimulan la lipogénesis (formación de triglicéridos y ácidos grasos) e impiden la lipolisis (la degradación de los mismos en forma de energía), de forma que la grasa se acumula en los adipocitos y…engordamos.

Y con este panorama…cuanto más comes y menos te mueves, más resistentes se vuelven tus células a la acción de la insulina. Y un buen día, el páncreas se cansa…y vencido, no es capaz de segregar la suficiente cantidad de insulina como para metabolizar todo lo que comes…y el azúcar no entra en las células, se queda en la sangre, y sus niveles aumentan mucho después de las comidas, apareciendo la hiperglucemia postprandial: el azúcar después de las comidas estará por encima de 140 mg/dl.

También fallará el mecanismo por el que el hígado deja de producir glucosa en las horas de ayuno nocturno (mecanismo mediado por esa insulina que no funciona), y empieza a segregar azúcar “a lo loco” por la noche…y uno se levanta con el azúcar alto, con hiperglucemia basal…y con esto y lo del anterior párrafo, ¡voilà! La diabetes tipo 2…hablaremos de ella en otro post.

Pero la RI no sólo es responsable de la diabetes…está implicada en otras muchas patologías como el hiperandrogenismo ovárico funcional (antes llamado síndrome de ovario poliquístico), la arterioesclerosis, la hipercolesterolemia, la obesidad… ¡el listado es amplio! Y no es el tema que me ocupa, así que hoy, no hablaré de ello…pero recordadlo.

¿Por qué se produce? ¿A quiénes afecta?

No se conocen todas las causas, pero se sabe a ciencia cierta que influyen los siguientes factores:

nutricioninteligente.cl

Fuente: nutricioninteligente.cl

  • La herencia: la sensibilidad o no a la insulina, parece tener una base genética, de hecho, si algún familiar de primer grado tiene resistencia a la insulina o diabetes, tu riesgo de padecerlo será bastante más alto, especialmente si ese familiar es tu madre.
  • La obesidad: especialmente la que se acumula en la zona abdominal…la clásica “barriga cervecera”. Una circunferencia de cintura superior a 88 cm en mujeres, y a 102 cm es hombres, es muy sugestiva de RI (es el indicador clínico más fiable), pero además, este acúmulo supone un incremento de grasa visceral, cuyos adipocitos (las células que acumulan grasa), tienen gran capacidad de producir sustancias inflamatorias (como el TNF-alfa o la Interleuquina 6) que dificultan el correcto funcionamiento de la insulina.
  • El sedentarismo: si no quemamos la glucosa…se acumula en forma de grasa, y a más grasa, peor funciona la insulina.
  • La dieta: los azúcares refinados, puros (incluyendo el azúcar de la fruta, que tiene muchas vitaminas sí, pero también fructosa), los alimentos con alto índice glucémico (ver aquí), los precocinados, los alimentos procesados, los aceites de semillas en exceso, y las grasas “malas” (las trans)…aumentan y empeoran la RI.
  • El estrés: de forma crónica, el estrés puede elevar los niveles de cortisol, hormona cuyos efectos son contrarios a la acción de la insulina, favoreciendo la RI.
  • La falta de sueño: cuando dormimos menos horas de las necesarias, pueden aumentar los niveles de ciertas hormonas (como el cortisol) y sustancia inflamatorias (como el TNF-alfa, la Interleuquina 6 y la proteína C reactiva), con capacidad para aumentar la RI como he comentado anteriormente.

También se pensaba que la edad era un factor influyente, y que, a partir de los 40 años, nadie se salvaba de la RI, sin embargo, el problema no son los años, sino los hábitos adquiridos hasta esa edad: si tienes más de 40 años, comes bien y haces deporte…tu insulina puede funcionar igual de bien que a los 20.

Y por último, a menudo se le echa la culpa a las grasas saturadas…pero cada vez más estudios desmienten este hecho, las grasas saturadas no son el problema, el problema, y para muestra, un botón:

En un experimento realizado en el año 2005, se separó a voluntarios en grupos. Manteniendo las proteínas y las calorías constantes, a un grupo se le daba una dieta hipocalórica alta en carbohidratos y baja en grasa. Al otro grupo, una alta en grasa y baja en carbohidratos. Los resultados del estudio fueron sorprendentes:

Las personas sensibles a la insulina, adelgazaron más con la dieta baja en grasa, ya que su organismo era capaz de metabolizar los hidratos de carbono.

Las personas resistentes a la insulina, adelgazaron más con la dieta baja en carbohidratos…puesto que al ingerirlos en menos cantidad, mejoró el funcionamiento de la insulina (ya sabéis, a más azúcar, más insulina se produce y peor funciona ésta), de forma que adelgazaron…es decir, que en personas con RI, lo que hay que reducir (además de las grasas trans y otros alimentos perjudiciales), son los azúcares e hidratos de carbono de alto índice glucémico.

Pero aún hay más…como ya comentaba aquí…lo que es bueno para mí, puede que no lo sea para los demás, de ahí la importancia de observar qué alimentos “nos engordan” y cuales no…no hay una dieta estándar saludable, hay que individualizar y ver qué nos sienta bien…y qué no.

¿Cómo saber si tienes RI?

Existen una serie de síntomas y datos clínicos que nos pueden poner sobre la pista:

  • Después de una comida copiosa y rica en hidratos y dulces, te entra un “bajón” de energía y, poco tiempo después, tienes hambre, y mucha apetencia por lo dulce.
  • Sensación de mareo o dificultades para concentrarte, especialmente después de las comidas.
  • Sensación de plenitud después de las comidas, pesadez, mal estado general…todo lo que comes te sienta mal…pero tienes mucha ansiedad por la comida.
  • No tienes fuerzas ni ganas de moverte.
  • Tu circunferencia abdominal es mayor de 88 cm si eres mujer y de 102 cm si eres hombre.
  • Te cuesta la vida adelgazar, y, cuando lo consigues, engordas en cuanto ingieres algo “prohibido”.
  • Presentas Acanthosis nigricans: manchas oscuras, piel engrosada en las zonas de cuello, axilas e ingles.
  • En los análisis, la glucosa y la relación entre los triglicéridos y el colesterol HDL (el bueno) están elevados (esto debe interpretarlo un médico.
  • Tienes tendencia a tener la tensión por encima de lo recomendado para tu edad y sexo.
  • Si eres mujer, tienes reglas irregulares, problemas de fertilidad, acné, exceso de vello, caída del pelo de la “coronilla”…

 

Acanthosis-Nigricans-Photos

Acanthosis nigrigancs.

Y para confirmar el diagnóstico:

Existen una serie de datos clínicos y pruebas de laboratorio que confirman la existencia de RI y que deben ser evaluados por un médico, ya que, por sí solos no son diagnósticos, y deben ser interpretados correctamente y con cautela.

  • Insulinemia basal elevada.
  • Índice HOMA elevado.
  • Glucosa basal por encima de 100 mg/dl: esto es indicador de glucemia basal alterada, que puede aparecer años después de la RI.
  • Hemoglobina glicosilada por encima de 5.7 %: este parámetro nos da una idea de cuál ha sido nuestra glucemia media en los últimos 2 meses aproximadamente.
  • Sobrecarga oral de glucosa para glucosa e insulina…esta es la prueba “Gold standard”, es decir, la que confirmará el diagnóstico…pero no siempre es necesaria, ni siquiera aconsejable, siempre debe ser solicitada y evaluada “con cabeza”.
  • Otras pruebas: perfil lipídico, índice aterogénico, marcadores de inflamación…

Y dicho todo esto… ¿cómo rompemos el círculo?

La genética, por suerte o desgracia, no la podemos cambiar…pero el resto de factores que he comentado que favorecen e influyen directamente en la aparición y mantenimiento de la RI si son modificables:

  • Cambia tu dieta, no me canso de repetirlo: elimina los azúcares puros y refinados y alimentos precocinados y procesados, y consume hidratos de carbono con moderación (dando preferencia a verduras y lácteos semidesnatados o enteros), la fruta con mucha moderación (máximo 2 piezas al día), frutos secos 4-6 unidades diarias, carnes “de pasto” y a ser posible de procedencia ecológica, pescados y alimentos ricos en ácidos grasos omega3.  Emplea métodos de cocción sencilla (vapor, horno, plancha), y a ser posible, utiliza siempre aceite de oliva virgen extra…en otro post me extenderé más sobre este tema.
  • Haz ejercicio, el que sea, el que más te guste, en casa o en la calle, sólo o en compañía…como quieras, como puedas…pero hazlo.

 

Si sigues estos consejos…tu salud te lo agradecerá, ¡feliz semana!

Referencias:

  • Harrison (2006). Principios de Medicina Interna. Capítulo 338. 16a edición. McGraw-Hill
  • Todo sobre la resistencia a la insulina (diabetes.org)
  • Subchronic Sleep Restriction Causes Tissue-Specific Insulin Resistance.
  • Cornier MA. Insulin sensitivity determines the effectiveness of dietary macronutrient composition on weight loss in obese women. Obes Res. 2005 Apr;13(4):703-9.
  • Hayek. Dietary fat increases high density lipoprotein (HDL) levels both by increasing the transport rates and decreasing the fractional catabolic rates of HDL cholesterol ester and apolipoprotein (Apo) A-I. Presentation of a new animal model and mechanistic studies in human Apo A-I transgenic and control mice. J Clin Invest. 1993 Apr; 91(4): 1665–1671