Ser delgado… ¿es sinónimo de estar sano?

Pues me temo que no siempre es así.

En las últimas décadas, en las que los índices de obesidad y sobrepeso se han disparado en el todo el mundo, y el culto al cuerpo se ha convertido en ley, nos recalcan que estar delgado es más sano, nos hablan de peso saludable y equiparamos un bajo índice de masa corporal a un menor riesgo de sufrir ciertas enfermedades…pero esto no es del todo cierto, estar delgado no implica necesariamente estar más sano.

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El peso es un número más a tener en cuenta, y no por pesar menos estamos a salvo de padecer  enfermedades metabólicas, ni por haber nacido agraciados con el don de comer sin control sin aumentar un gramo, nos libraremos indefinidamente de padecer diabetes, hipertensión o enfermedades cardiovasculares si nuestros hábitos no son los idóneos y nuestro “perfil metabólico” no es saludable…aunque seas delgado, deberás alimentarte también de forma adecuada para ganar en salud y prevenir enfermedades.

Antes de nada, voy a contaros qué es el tejido adiposo y por qué es importante en el desarrollo de enfermedades metabólicas.

El tejido adiposo, además de servir para almacenar grasa y liberar energía, es un complejo órgano endocrino, con funciones reguladoras del metabolismo y capaz de informar al sistema nervioso central de la cantidad de calorías que está almacenando.

Va modificándose a lo largo de nuestra vida: al nacer, tenemos aproximadamente un 12 % de grasa corporal, mientras que en la edad adulta, ese porcentaje puede variar del 8-10 % hasta el  30-40 %….dependiendo de nuestra genética, nuestro sexo y, sobre todo, de nuestros hábitos.

Además, la localización es diferente en mujeres (predomina a nivel de las caderas y en el tejido subcutáneo) y hombres (con mayor tendencia a depositarse a nivel abdominal y visceral)

Está formado, entre otras cosas, por unas células llamadas adipocitos, encargadas de almacenar los ácidos grasos procedentes de la digestión de las grasas en forma de triglicéridos, de liberar energía cuando es necesaria (ejercicio, ayuno, estrés…) y secretar sustancias que regulan el metabolismo. A su vez, sus funciones están reguladas por multitud de hormonas y sustancias.

El número y volumen de adipocitos que hay en nuestro organismo es muy muy muy variable, y depende, una vez más, de nuestra dieta. Un adulto “promedio” tendrá entre 25 y 30 billones de adipocitos con un tamaño de unas 10 micras, pero cuando aumenta de peso y/o sus hábitos son incorrectos, inicialmente aumentarán de tamaño (hasta 100 micras)…y cuando ya no puedan almacenar más grasa…aumentarán en número.

Así que, si en fases iniciales, si corregimos los hábitos hay remedio: los adipocitos podrán volver a encogerse, pero pasado un tiempo variable, cuando el tejido adiposo haya proliferado y las células hayan aumentado mucho su número…ya no hay vuelta atrás, el tamaño de los adipocitos podrá disminuir, pero no su número…y eso se “pagará” metabólicamente hablando.

Como he dicho antes, además de almacenar grasa, el tejido adiposo tiene un papel fundamental en la regulación del metabolismo, así, el adipocito es capaz de secretar varias proteínas, las adipocinas, que participan en diversos procesos metabólicos, por ejemplo, en la respuesta  de las células a la insulina: La leptina y la adiponectina favorecen la acción de la insulina, mientras que la resistina, el factor de necrosis tumoral α y la interleucina-6 interfieren con ella  favoreciendo la resistencia a la insulina.

 

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Fuente: m.exam-10.com

Se sabe desde hace años, que el depósito de grasa a nivel abdominal, especialmente el localizado alrededor de las vísceras (lo que conocemos como grasa visceral), está directamente relacionado con las alteraciones metabólicas y cardiovasculares secundarias a la obesidad, ya que son estos adipocitos los que tienen una mayor actividad lipolítica, es decir, provocan que la grasa depositada se degrade y se liberen ácidos grasos, y estos, producen distintos efectos adversos a nivel de distintos tejidos:

  • En el hígado, provocan un aumento en la síntesis de triglicéridos y lipoproteínas  de muy baja densidad, desencadenando  resistencia a la insulina, y como consecuencia, un hiperinsulinismo.
  • En el páncreas, una cantidad anormal de lípidos ocasiona una menor secreción de insulina.
  • En el tejido muscular, la oxidación de los ácidos grasos conlleva la liberación de diversos metabolitos como las ceramidas que interfieren con el transporte de glucosa e inhiben la síntesis de glucógeno.
  • En resumen, la acumulación de ácidos grasos fuera del tejido adiposo desencadena lo que conocemos como Lipotoxicidad, que trae como consecuencia la resistencia a la insulina y la destrucción de los tejidos afectados a partir de un proceso de muerte celular controlada, proceso conocido como apoptosis.
  • Y de ahí que una circunferencia de cintura elevada (mayor de 88 cm en mujeres, y de 102 cm en varones) sea el indicador clínico que, con mayor certeza, nos hace sospechar RI.

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Fuente: nutricionactual.wordpress.com

Está comprobado además que, el tejido adiposo de las personas con obesidad, se encuentra infiltrado por una gran cantidad de macrófagos un tipo de células del sistema inmune que “se comen” el material extraño en el cuerpo y que, probablemente,  son atraídos por adipocitos muertos o por la gran cantidad de adipocinas proinflamatorias secretadas, como el TNF alfa o la IL-6 antes mencionadas y por el estado de estrés oxidativo, que están involucradas en la RI insulina y que perpetúan el ambiente inflamatorio típico de la obesidad.

Así que, parece existir una correlación entre el grado de infiltración del tejido adiposo por macrófagos y otras células inmunitarias (como los monocitos), y el riesgo de enfermedades metabólicas secundarias al incorrecto funcionamiento de los adipocitos enfermos, incapaces de almacenar más grasa y productores de sustancias proinflamatorias.

¿Y por qué os cuento todo esto?

Para que entendáis la importancia de cuidar nuestro tejido graso, que no es sólo un almacén, sino que en función de cómo se le “trate” con nuestros hábitos, funcionará correcta o incorrectamente…y cuando funciona incorrectamente, pueden aparecer multitud de enfermedades metabólicas: obesidad, resistencia insulínica, prediabetes, diabetes, hipertensión, problemas cardiovasculares…sea cual sea tu peso, y en personas delgadas es lo que conocemos como “obesidad metabólica”

Como os digo, esta situación no es exclusiva de las personas con sobrepeso y obesidad, y para corroborar lo dicho, recientemente ha sido publicado en la revista “Translational Research”,  el estudio que os resumo a continuación:

Por vez primera, se investigaron en un total de 92 individuos con normopeso, pero que padecían síndrome metabólico, las características de su tejido adiposo, y se comprobó que presentaban diferentes grados de infiltración de macrófagos entre los tejidos adiposos, con una infiltración de monocitos y macrófagos superior en el tejido adiposo subcutáneo, mientras que el tejido adiposo visceral se mantuvo prácticamente sin afectación.

Este hecho corrobora la hipótesis de que el tejido adiposo subcutáneo puede enfermar al inicio de la enfermedad metabólica y en algunas personas puede infiltrarse de macrófagos sin que tengan obesidad.

Así que, y aunque en el caso de los sujetos con peso normal y síndrome metabólico, el tejido adiposo más afectado es el subcutáneo, se confirmó que, un aumento en la infiltración de macrófagos del tejido adiposo y sus consecuencias derivadas (disminución en su correcto funcionamiento y capacidad de almacenar grasas), puede explicar por qué tanto los sujetos de peso normal como las personas con obesidad pueden desarrollar enfermedades metabólicas, independientemente de su peso.

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Y de esta forma, podemos concluir que, aunque hayas nacido agraciado con el don de comer sin control y no engordar un gramo…si tu tejido adiposo enferma “gracias” a tus costumbres, tu riesgo metabólico puede ser similar al de una persona con obesidad…y sólo hay un camino para una vida saludable: unos hábitos saludables.

 

Referencias:

Intolerancias alimentarias…o el “cajón de sastre” de las reacciones adversas a alimentos.

Siguiendo con las reacciones adversas a alimentos, hoy os hablo de las intolerancias alimentarias, que, como ya introduje en este post, engloban a aquellas respuestas clínicas anormales desencadenadas por la exposición a algún componente concreto de algún  alimento (aditivo/proteína/azúcar…), no tóxicas y de mecanismo NO inmunológico, y que provocan que dichos componentes no sean digeridos, metabolizados o asimilados completa o parcialmente.

Dicho así parece fácil, pero lo cierto es que este tipo de reacciones nos traen de cabeza a médicos y pacientes: las manifestaciones clínicas son muy diversas e inespecíficas, el diagnóstico es complejo y puede llevar años de peregrinaje por distintas consultas y el tratamiento, aunque parece lógico y sencillo (evitar el causante), puede llegar a ser muy complicado, ya que ciertos aditivos responsables de dichas intolerancias están por todas partes, amén del peligro de las contaminaciones (que pueden producirse por el simple contacto con una miga de pan, por ejemplo)…lo que supone un riesgo de exclusión para niños, adolescentes y adultos que las padecen.

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Además, aunque todas sean intolerancias, el mecanismo por el que se desencadenan puede ser muy diferente, a veces incluso desconocido, lo que complica aún más el tema y hace que constituyan un auténtico “cajón de sastre”.

Así, podemos distinguir entre:

  • Intolerancias alimentarias enzimáticas (o metabólicas): las que resultan de un déficit enzimático (p. ej., déficit de disacaridasas, galactosemia, favismo, etc.), o lo que es lo mismo, falta el elemento indispensable para que la sustancia en cuestión (lactosa, galactosa, fructosa…) se metabolice y sea asimilada por el organismo, de forma que se produce un acúmulo de la misma que puede producir síntomas de lo más dispares.

 

  • Intolerancias alimentarias farmacológicas: por efecto de agentes farmacológicos presentes en los alimentos, que dan lugar a reacciones urticariformes, trastornos digestivos o cefalea. Entre estos agentes farmacológicos están las aminas vasoactivas presentes en los alimentos (histamina, tiramina, feniletilamina serotonina, etc.). La ingestión de grandes cantidades de alimentos que contengan estas aminas daría lugar a síntomas tóxicos, pero algunos individuos susceptibles pueden tener síntomas tras la ingestión de cantidades muy pequeñas de estas sustancias, es lo que conocemos como falsas alergias,por la similitud en los síntomas que presentan con las alergias, salvando las distancias, y de las que hablé en el post anterior.

 

  • Intolerancias alimentarias indeterminadas: en este caso, el mecanismo por el que se producen no está bien definido o no hay consenso, el organismo no asimila adecuadamente el alimento.

Mención aparte merece el caso de la intolerancia al gluten, en la que aunque se ha avanzado mucho, no se conocen exactamente los mecanismos implicados…dedicaré un post a este tema más adelante.

Y aunque todas ellas sean intolerancias, ni los síntomas, ni los medios de diagnóstico, ni las implicaciones en la salud del que la padece, serán las mismas.

Las intolerancias enzimáticas se diagnostican mediante pruebas específicas, ya que existe un déficit en alguna enzima necesaria para digerir la sustancia en cuestión.

En el resto de intolerancias, el diagnóstico y manejo puede ser mucho más complejo, ya que no se dispone de medios de detección específicos, y la respuesta clínica al contacto con el alimento puede ser diferente en una misma persona, incluso no producirse siempre, ser transitorio o modificarse en el tiempo.

¿Qué puede producir una intolerancia?

img_17476La Ley de Información Alimentaria (diciembre de 2014), obliga a bares, restaurantes, comedores públicos y catering, a informar al consumidor sobre los ingredientes que puedan causar alguna alergia o intolerancia, y es que, tanto unas como otras, pueden ser provocadas por alimentos, bebidas, aditivos, fármacos o productos de otro tipo.

Los síntomas se desencadenan por la acumulación de componentes de los alimentos que no se asimilan correctamente, y pueden ser digestivos o de otra índole, de forma que en muchos casos, al ser inespecíficos, ni siquiera se relacionan en un primer momento con el alimento ingerido, lo que lleva al paciente a consultar con multitud de especialistas durante meses o años hasta que a alguno se le enciende la luz.

¿Cuáles son los síntomas más frecuentes?

Son muy variables, y sabemos que se desencadenan al contactar a un determinado alimento porque al evitarlo, el síntoma desaparece.

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Fuente: salud.uncomo.com

  • Trastornos gastrointestinales: hinchazón abdominal, gases, estreñimiento, diarrea, náuseas, dolor abdominal, reflujo, síndrome del colon irritable…
  • Síntomas dermatológicos: acné, eczema, “psoriasis”, dermatitis, erupciones cutáneas, urticaria, picor.
  • Trastornos neurológicos: dolor de cabeza, migraña, mareo, vértigo, fatiga…
  • Fluctuaciones en el peso, o tendencia al sobrepeso.
  • Síntomas musculo esqueléticos: cansancio, dolores articulares, artritis, artrosis, “fibromialgia”, “síndrome de fatiga crónica”…
  • Síntomas respiratorios: asma, rinitis, sinusitis, dificultad respiratoria…
  • Síntomas “psicológicos” (lo entrecomillo porqué, si hay una causa orgánica, no es tan psicológico): ansiedad, somnolencia, depresión, hiperactividad (especialmente en niños), irritabilidad…
  • Otros

 

Como veis, el espectro clínico es amplísimo y diverso, en muchas ocasiones es el propio paciente el que se da cuenta de que algún alimento “le sienta mal” y, cansado de peregrinar, lo elimina de su dieta consiguiendo muchos de ellos mejorar sus síntomas en semanas o meses (no es inmediato).

Aún nos queda mucho por saber y aprender sobre estos trastornos que pueden limitar considerablemente la calidad de vida…en próximos post os hablaré de algunas de las intolerancias alimentarias más frecuentes, ¡os espero!

(Casi) todo sobre las alergias alimentarias

Hoy voy a centrarme en las reacciones adversas no tóxicas producidas por un mecanismo inmunológico: Las ALERGIAS ALIMENTARIAS.

En el año 2014, la Academia Europea de Alergia e Inmunología EAACI), publicaba la primera Guía europea sobre reacciones alimentarias y anafilaxia (con acceso sólo para miembros de la sociedad).

En ella se incide en el hecho de que, a pesar de que se calcula que entre un 6 y un 17 % de la población europea presenta algún tipo de alergia alimentaria, éstas siguen siendo una asignatura pendiente para pacientes y profesionales sanitarios, lo que provoca un impacto negativo en la calidad de vida, genera costes que podrían evitarse, y supone un auténtico riesgo vital para algunos pacientes, ya que las reacciones alérgicas graves son potencialmente mortales.

 

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Fuente: tengoalergia.es

Las alergias alimentarias se producen porque, ante el contacto, ingestión o inhalación de una determinada proteína (alérgeno) presente en un alimento concreto, y que resulta inofensiva para las personas no alérgicas, el sistema inmune, que habitualmente nos “defiende” de agresiones externas, responde de forma anómala y exagerada produciendo anticuerpos o células que desencadenan la reacción alérgica.

Como ya he comentado aquí, estas reacciones alérgicas pueden ser:

*Mediadas por anticuerpos IgE

Son reacciones bien definidas y que aparecen normalmente de forma inmediata a la toma del alimento. La gravedad de los síntomas será variable (leves, moderados, graves o muy graves), pudiendo involucrar a uno o varios sistemas u órganos a la vez.

Así, los síntomas pueden ser cutáneos, respiratorios, gastrointestinales agudos e incluso anafilaxia, aunque ninguno de ellos es exclusivo de estas reacciones.

*No mediadas por anticuerpos IgE

Producidas por mecanismos inmunológicos que no se han definido con tanta precisión, con participación de células y anticuerpos distintos a los IgE, incluso a veces con participación mixta (células y anticuerpos, en este caso los síntomas suelen ser digestivos). La respuesta aparece de forma retardada  o crónica.

Las respuestas en este caso serán muy variables entre personas, y también en cuanto al tipo de manifestaciones y la gravedad de las mismas, pudiendo aparecer reacciones generalizadas, síntomas aislados o múltiples, especialmente digestivos y cutáneos, pero también respiratorios o neurológicos, por lo que pueden ser grandes “simuladoras”, y a veces los pacientes peregrinan por las consultas de distintos especialistas hasta que a alguien se le enciende una luz y piensa en la alergia alimentaria no mediada por IgE.

Suelen producirse frente a proteínas grandes, como las de la leche de vaca. Además, existe mayor riesgo de desarrollar nuevas alergias no-IgE frente a otros tipos de proteínas grandes, como las que hay en la soja, el gluten, en las carnes o los pescados, especialmente si existe alguna otra patología digestiva de base que altere la microbiota (desde gastroenteritis aguda hasta intolerancias o alergias alimentarias recién diagnosticadas o no tratadas)

Tanto los síntomas como el diagnóstico, pronóstico y tratamiento de estos dos tipos de alergia son, por tanto, diferentes:

Síntomas:

La alergia IgE mediada suele dar más síntomas respiratorios, cutáneos o anafilaxia, dichos síntomas generalmente son inmediatos (generalmente en menos de 1 o 2 horas) y aparecen con cantidades mínimas del alimento

La alergia no IgE mediada suele dar más síntomas digestivos y cutáneos, y más leves, la cantidad de alimento necesaria para provocar síntomas es mayor, y éstos tardan más en aparecer (más de dos horas tras la ingestión, y hasta días después), pudiendo incluso cronificar y que lleguen a afectar el estado nutricional por alteración en la absorción de nutrientes.

Pero no olvidéis que cualquiera de las dos puede dar cualquier clase de síntoma…y esto es imprevisible.

En cuanto al tipo de clínica que puede aparecer, el 90 % estará centrada en la piel y sistema respiratorio, pero el abanico, como describo a continuación, es amplísimo.

Síntomas gastrointestinales: aumento de secreción mucosa y permeabilidad del epitelio al antígeno,  disminución de la absorción de componentes alimenticios, dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarreas, hemorragia intestinal, enteropatía y pérdida proteica, sensación persistente de saciedad con dolor abdominal  y gastritis crónica…

Síntomas cutáneos: exantemas urticariformes, eczema, inflamación piel, boca, garganta, lengua, enrojecimiento, prurito, edema…

Síntomas respiratorios: broncoconstricción, estornudos con mucosidad, congestión nasal, asma, edema de glotis…

Síntomas neurológicos: cefaleas, mareos…

Síntomas cardiovasculares: taquicardias, bloqueo aurículo-ventricular, otras arritmias…

Síntomas  genito-urinarios: nefritis

Síntomas osteoarticulares: inflamación, dolor articular, impotencia funcional…

Reacción anafiláctica-anafilaxia: se trata de un cuadro muy grave, en el que se ven involucrados varios órganos y sistemas a la vez, con afectación cutánea, respiratoria y hemodinámica, y que puede llevar al desarrollo de un Shock anafiláctico, que es potencialmente mortal.

¿Cuáles son los alérgenos más frecuentes?

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Fuente: naturanscentro.com

Cualquier alimento, ingrediente o aditivo puede ser desencadenante de reacciones alérgicas, siendo las más comunes:

Leche de vaca: rechazo a proteínas lácteas (caseína)

Huevo: las proteínas más problemáticas antes 2 años; hasta 2-5 años desde inicio.

Pescados y mariscos:  anisakis, proteínas

Especias: por contacto, ingestión o inhalación del polvo

Frutos secos: especialmente en niños (eccemas)

Frutas: kiwi, papaya, aguacate, plátano, fresas, frambuesas, grosellas…son las más alergénicas.

Diagnóstico:

No voy a hablar al detalle de ello, porque no es el objetivo de este post y me extendería demasiado, sólo comento unas nociones básicas, puesto que, en caso de sospecha de alergias a alimentos, lo mejor que podéis hacer es acudir a vuestro médico para que os derive al especialista, y él os explicará al detalle las pruebas a realizar.

Las alergias IgE mediadas, pueden diagnosticarse mediante las pruebas clásicas de alergia (cutáneas o en sangre), además de otros procedimientos más complejos (pruebas de eliminación o provocación)

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Fuente: centro-asmayalergia.com

Sin embargo, en la alergia no IgE mediada, estas pruebas serán normales, ya que no se detecta la IgE ni en piel ni en sangre, y no existe actualmente ninguna prueba científicamente avalada de uso generalizado en la práctica clínica para el diagnóstico de estas reacciones, así que el diagnóstico es mucho más complejo, y se basa en la relación ingesta/síntomas, comprobada mediante pruebas de provocación, una vez descartada la alergia IgE en las pruebas de piel y/o sangre.

En algunos casos se realiza la prueba del parche (patch test) con alimentos, clásicamente empleada en el diagnóstico de dermatitis de contacto, pero ni el método ni la interpretación de la prueba está estandarizado para este tipo de alergias, por lo que no debería emplearse de rutina.

Hay otros métodos diagnósticos en estudio, la mayoría muy inespecíficos y de los que aún no se ha comprobado la fiabilidad y utilidad clínica o son poco rentables en la práctica diaria.

NO hay evidencia ni estudios científicos que avalen la validez de los llamados “test de intolerancia alimentaria”.

Dichos test emplean distintas técnicas, por ejemplo la medición de la IgG específica a alimentos múltiples (pero atención, la elevación de anticuerpos IgG específicos no indica reactividad clínica al alimento, sino más bien lo contrario), y  otros se basan en pruebas citotóxicas, basadas en medir cambios en los leucocitos tras exponerlos a una serie de alimentos, sin embargo, se ha comprobado que los resultados del test pueden varíar de una vez a otra si se repite en el mismo paciente…muy fiables no parecen, ¿no?

Estos test se utilizan para otras patologías además de la alergia alimentaria, como el síndrome de fatiga crónica, el colon irritable, las migrañas…y como señala la Asociación española de personas con alergia a alimentos y látex, no son fiables a la hora de detectar reacciones adversas a alimentos o a la hora de valorar qué alimentos nos engordan.

Pronóstico:

La mayoría de pacientes que desarrollan el cuadro en los primeros meses de vida, lo  superan a los 2-5 años, excepto en caso de alérgenos potentes (cacahuetes, nueces, mariscos), para ello es muy importante realizar dieta de exclusión muy estricta.

La alergia a leche de vaca o soja, suele desparecer al año (en cualquier caso, antes de los 3 años).

La alergia mediada por IgE suele desaparecer más despacio que la alergia no IgE, y las desarrolladas en niños mayores o adultos, suelen persistir a lo largo de la vida.

Tratamiento y prevención de reacciones alérgicas:

Cuando tiene lugar una reacción alérgica, y en función de la gravedad de la misma, el tratamiento será sintomático, empleando antihistamínicos o corticoides (en caso de reacciones cutáneas, respiratorias o generalizadas), reposición de líquidos, antieméticos, dieta y probióticos que no contengan el alérgeno (en caso de síntomas digestivos), o adrenalina y otras medidas  de soporte en caso de reacciones graves o anafilaxia.

La única forma de prevenir las reacciones alérgicas a alimentos, sea cual sea el tipo, es la dieta de exclusión, es decir, eliminar de forma estricta el alimento o alimentos capaces de desencadenar la reacción. En caso de alergias a múltiples alimentos, puede ser necesario buscar alimentos sustitutivos o incluso, emplear suplementos nutricionales para cubrir los requerimientos.

Hay que ser especialmente cuidadosos y prestar atención al etiquetado de todos los alimentos y medicaciones que vaya a consumir la persona alérgica, ya que muchos alérgenos alimentarios pueden aparecer en multitud de alimentos procesados, incluso de forma enmascarada o con nombres desconocidos.

Además hay que estar muy atentos a las posibles contaminaciones, es decir, a la hora de manipular o cocinar un alimento para una persona alérgica, es muy importante que éste no tenga ningún tipo de contacto con instrumentos, envases, manos…que hayan contactado previamente con un alérgeno, y, ante la duda, mejor no consumirlo.

Por último, desde hace unos años, y sólo en el caso de algunas alergias mediadas por IgE, se está empleando la desensibilización o inducción de tolerancia oral, que consiste en la administración oral de pequeñas cantidades del alimento al que el paciente es alérgico, de manera pautada, progresiva y bajo control médico, hasta alcanzar la tolerancia de una cantidad adecuada para la edad del niño, para más información, consultad a vuestro alergólogo.

Prevención de alergias en personas predispuestas:

En la aparición de las alergias, influyen factores genéticos (antecedentes familiares de alergia son sugestivos de la predisposición a la misma) y ambientales (muchos desconocidos), pero…¿podemos evitar que aparezcan en una persona susceptible de desarrollarlas?

No se ha demostrado que la dieta de restricción materna durante el embarazo y lactancia disminuya el riesgo de alergias alimentarias en los hijos.

La única medida que parece tener un efecto protector (y no en todos los casos), es la lactancia materna, que debería ser exclusiva durante 6 meses y asociada a alimentación complementaria hasta, al menos, los 2 años.  La alimentación complementaria debe introducirse entre las 17 y las 26 semanas de vida.

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Maternidad (P. Picasso)

Para los bebés con riesgo de alergia documentada (padre / madre y/o hermano afectado) que no pueden ser amamantados en forma exclusiva, se recomiendan productos dietéticos con alergenicidad reducida.

No hay evidencia científica de que la evitación y el retraso en la introducción de alimentos potencialmente alergénicos más allá de 4-6 meses reduzca el desarrollo de las enfermedades alérgicas.

Falsas alergias

Algunas personas sufren lo que conocemos como falsas alergias o pseudoalergias, que consisten en la aparición de sintomatología similar a la de una reacción alérgica después del contacto con un alimento, sin que exista un mecanismo inmunológico causante de dichos síntomas.  

Estas falsas alergias están provocadas por alimentos ricos en aminas biógenas (histamina, tiramina, histidina, feniletilamina) sustancias capaces de provocar una reacción inflamatoria similar a una reacción alérgica, probablemente por la existencia de una alteración funcional de la mucosa digestiva con aumento de permeabilidad intestinal en combinación con un organismo sensible o hiperreactivo a histamina, sobre todo niños y adolescentes.

Los síntomas desencadenados suelen ser cutáneos (urticaria, eczema, edema…) y, ocasionalmente respiratorios (rinitis o broncoespasmo), no habiéndose observado reacciones graves.

¿Qué alimentos pueden desencadenar una falsa alergia?

Alimentos ricos en histamina: Fresas, chocolate en todas sus formas, atún, sardina, salmón, anchoa, arenque, pescado seco, pescado ahumado, cerveza, vino, sidra, licores, salchichón seco, jamón, hígado de cerdo y todos los embutidos envasados, quesos tipo parmesano, camembert, roquefort, emmental, gouda, clara de huevo, cheddar, tomate, guisantes, espinacas, chucrut, judías, lentejas, avellanas, piña, habas, cacahuetes, pomelo,naranja, mandarina, limón, papaya, clementina, mango.

Alimentos ricos en tiramina: Embutidos, chocolate, vino tinto, vino blanco, cerveza, gruyère, brie, roquefort, coles, espinacas, aguacate, patata, arenque, caviar, carne de caza…

Son relativamente frecuentes, no suelen ser graves pero es muy importante diferenciarlas delas alergias reales, dado que el diagnóstico e implicaciones serán muy diferentes.

Y por hoy, creo que es suficiente…próximamente las intolerancias alimentarias.

Referencias:

Alergias e intolerancias alimentarias… ¿cuál es la diferencia?

Las reacciones adversas a alimentos son conocidas desde varios siglos antes de Cristo. Así, el propio Hipócrates, padre de la medicina, de juramentos, de enfermedades y remedios y de muchas otras cosas, describió síntomas como la cefalea, las molestias abdominales y la contaminación de la sangre por bilis después de la ingestión de leche de vaca…pero podemos encontrar en la historia de la medicina numerosas referencias a estos trastornos.

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Hipócrates examinando a un niño.

Lamentablemente, en los últimos años el número de personas diagnosticadas de algún tipo de reacción adversa a uno o varios alimentos, ha crecido dramáticamente. Además, este tipo de reacciones, afectan con mayor frecuencia (o se diagnostican con más facilidad) a lactantes y niños pequeños, pero… ¿qué son?, ¿en qué consisten?

Podemos definir las reacciones adversas a alimentos (RAA) como una serie de respuestas clínicas anormales, atribuidas a la exposición a un alimento o aditivo alimentario.

 

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Fuente: tengoalergia.es

Es importante diferenciarlas y diagnosticarlas adecuadamente, puesto que, aunque el tratamiento será, en esencia, muy parecido (habitualmente, evitar la exposición o el contacto con el alimento responsable), las implicaciones, el manejo y el pronóstico son muy diferentes.

Existen distintas clasificaciones, y una de las más aceptadas es la que propone la Sociedad Española de Inmunología Clínica y Alergia Pediátrica (SEICAP) y en la que distingue entre:

 

REACCIONES ADVERSAS A ALIMENTOS (RAA)

 

Tóxicas

 

Tóxicos internos

 

Tóxicos externos

No tóxicas No inmunológica (Intolerancias)

 

 

 

 

Inmunológica (Alergia o hipersensibilidad)

Enzimática o Metabólica

Farmacológica

Indeterminada

 

 

Mediada por anticuerpos IgE

No mediada por anticuerpos IgE (antes intolerancias)

 

Así, las reacciones alimentarias tóxicas son aquellas que derivan de la toxicidad general que provocan, en los seres humanos, ciertas sustancias que contaminan los alimentos (microbios, pesticidas…) o están presentes en ellos de forma natural (toxoides…) y pueden afectar a cualquier individuo. Además, en ocasiones, se manifiestan de forma similar a las reacciones alérgicas.

Mientras que las  no tóxicas o de hipersensibilidad, dependen de una susceptibilidad individual y, por tanto, sólo afectan a una parte de la población, repitiéndose siempre que se produce la exposición al alimento en cuestión: son las alergias, las falsas alergias y las intolerancias alimentarias.

Además, esta clasificación nos ayuda a evitar confusiones, ya que, hasta hace unos años, el término intolerancia, englobaba a todas aquellas reacciones a alimentos en las que no se demostraba la existencia de anticuerpos IgE, pero que podían tener algún otro mecanismo inmunológico detrás y por tanto, potencialmente, podían producir reacciones alérgicas graves (como la anafilaxia)

Actualmente, la INTOLERANCIA hace referencia a las RAA no tóxicas de mecanismo NO inmunológico y la ALERGIA a toda RAA en la que participe el sistema inmune, bien sea mediante IgE, bien mediante otros mecanismos diferentes.

En el próximo post, os hablo de las Alergias alimentarias…¡os espero!

Referencias: