Lactancia materna y patología tiroidea

Continuando con la serie de post dedicados a la lactancia materna, hoy os hablo de los problemas de tiroides que con bastante frecuencia afectan o pueden afectar a mujeres en periodo de lactancia.

Las enfermedades del tiroides son cada vez más prevalentes; este hecho se ha relacionado con  circunstancias diversas como la alimentación, la mayor frecuencia de enfermedades autoinmunes en la población, la exposición a radiaciones ionizantes o los estilos de vida, además de la mejora en los métodos de diagnóstico, que nos permiten detectar con mayor facilidad estas patologías.

El caso es que hay un número nada despreciable de mujeres en edad fértil que las padecen, o  que las desarrollan durante el embarazo o la lactancia, y ellas, como es lógico, se preguntan si estas patologías pueden afectar a la lactancia de sus bebés y si las medicaciones que toman son compatibles con la misma…pues ahí va un resumen de las afectaciones más frecuentes que nos podemos encontrar…espero que os aclare, ayude y contribuya a que disfrutéis de una maravillosa y exitosa lactancia.

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“Maternidad”. Renoir

Hipotiroidismo:

En mujeres que ya padecían un hipotiroidismo previo a la gestación, y que han ido realizando revisiones y ajustes de medicación durante la misma (normalmente al alza), es importante advertir de la necesidad de modificar la dosis inmediatamente después del parto. En general, se aconseja volver a la dosis previa a la gestación (o ligeramente superior a la misma) y realizar una revisión a las 4-6 semanas del parto para valorar si la dosis es la adecuada o no y efectuar ajuste en caso de ser necesario. Después, deberá continuar haciendo revisiones frecuentes.

Hay que tener muy en cuenta, que los síntomas del hipotiroidismo pueden ser muy variables, y aunque clásicamente se dice que puede provocar cansancio, somnolencia, intolerancia al frío, aumento de peso, edemas…también puede manifestarse de otras formas más dispares como irritabilidad, palpitaciones (especialmente si se asocia déficit de hierro y/o anemia), pérdida de peso, ansiedad, falta de concentración, ánimo depresivo…por lo que, en mujeres que no eran hipotiroideas previamente, o que lo eran pero estaban controladas adecuadamente, este cuadro  podría pasar inadvertido, pudiendo ser confundido con una depresión post parto o, peor aún, asumiendo que todo lo que le ocurre es fruto del momento vital y de tener a un recién nacido en casa …mucho cuidado.

Además, el hipotiroidismo es una de las causa más frecuentes de hipogalactia y agalactia verdaderas, es decir, disminución o ausencia de producción de leche materna, con el consecuente fracaso de la lactancia, por lo que es muy importante su sospecha, detección y tratamiento, tanto en el caso del hipotiroidismo clínico como en el subclínico.

El tratamiento con hormona tiroidea es compatible con la lactancia materna y seguro a cualquier dosis: la hormona tiroidea está presente en la leche materna de mujeres sanas en pequeñas cantidades y, en mujeres que toman hormona tiroidea sintética, ésta también pasa a la leche, pero, si la mujer está bien controlada, los niveles de la misma serán similares a los que tendría en caso de no padecer hipotiroidismo.

Os recuerdo que podéis consultar la compatibilidad de medicamentos y lactancia en esta página.

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Por supuesto, la madre deberá estar controlada en todo momento y de forma más o menos frecuente, por un endocrinólogo.

Hipertiroidismo

*Hipertiroidismo por enfermedad de Graves Basedow.

El hipertiroidismo se caracteriza por una producción aumentada de hormonas tiroideas, y sus síntomas más frecuentes son la pérdida de peso, intolerancia al calor, temblor distal, sudoración excesiva (especialmente en la mitad superior del cuerpo), insomnio, irritabilidad, palpitaciones, taquicardia, diarrea…sin embargo, estos síntomas no son específicos de este síndrome, y en algunas personas aparecen otros como la ganancia de peso, el cansancio, dolor muscular…recordad que cada persona es un mundo.

En el hipertiroidismo por enfermedad de Graves Basedow, lo más característico es la presencia de un tipo de autoanticuerpos que estimulan la síntesis de hormonas tiroideas, provocando un cuadro de hipertiroidismo, son los anticuerpos TSHR-Ab estimuladores (también llamados TSI). Dichos anticuerpos deben ser monitorizados durante la gestación, puesto que atraviesan la placenta y, en raras ocasiones, pueden provocar un hipertiroidismo fetal o neonatal.

Sin embargo, una vez nacido, y a pesar de que estos TSI pasan a leche materna, y por tanto al bebé, no se han descrito casos de hipertiroidismo en lactantes.

El tratamiento es compatible con la lactancia (los fármacos pasan a la leche en escasa cantidad), y se prefiere el uso de metimazol, ya que, en los últimos tiempos, se han detectado casos de toxicidad hepática por propiltiouracilo.

No existe justificación para desaconsejar o interrumpir la lactancia materna en caso de precisar estos fármacos, eso sí, deberán emplearse a la dosis mínima posible.

La función tiroidea y el desarrollo intelectual de estos niños son totalmente normales, tanto a corto como a largo plazo, incluso en el caso de que la madre llegue a estar hipotiroidea a consecuencia del tratamiento.

De forma que no se recomienda control rutinario en el bebé, a no ser que presente algún síntoma compatible con disfunción tiroidea (ganancia de peso o talla inadecuada, irritabilidad excesiva…) o la madre precise dosis muy elevadas del fármaco antitiroideo.

Tanto en el caso del metimazol como del carbimazol, dosis de hasta 20 mg diarios son completamente seguras, y en el caso del propiltiouracilo, hasta 750 mg diarios. Con dosis superiores a 20 mg, se aconseja tomar el fármaco después de dar el pecho y antes del periodo de sueño del niño más largo (para reducir al máximo la exposición del lactante), sobre todo en caso de recién nacidos. Si son necesarias dosis superiores, deberá realizarse control analítico en el lactante por riesgo (bajo) de hipotiroidismo inducido por la medicación anti tiroidea, pudiendo continuarse la lactancia.

Respecto al tratamiento sintomático con beta bloqueantes, es perfectamente compatible con la lactancia.

El tratamiento con yodo radiactivo debe evitarse, puesto que el radiofármaco necesita 14 días para eliminarse, lo que supondría tener que suspender la lactancia durante ese tiempo y un más que probable fracaso de la misma.

*Hipertiroidismo por bocio multinodular y nódulo tóxico

El Tiroides puede aumentar de tamaño durante la gestación, así como los nódulos, por lo que es aconsejable realizar una revisión de los mismos pasadas unas semanas tras el parto.

En caso de que se presente un hipertiroidismo, tanto subclínico como clínico, deberá tratarse con fármacos antitiroideos (igual que en el caso anterior) y evitar, en la medida de lo posible, el tratamiento con radioyodo.

Enfermedades tiroideas de inicio en el post parto

*Tiroiditis pos parto.

Es una variante de la tiroiditis crónica autoinmune o de Hashimoto, pero se diferencia de ésta en que su aparición tiene lugar durante el primer año post parto.

Se presenta en un 3-16 % de mujeres, pero en el caso de mujeres con diabetes mellitus tipo 1, la prevalencia asciende al 25 %. Además, puede aparecer en mujeres que ya tenían una tiroiditis crónica autoinmune tratada, precisando realizar ajustes en su medicación.

Inicialmente, se produce una inflamación del tiroides que provoca una “suelta” de hormonas tiroideas al torrente sanguíneo, apareciendo una fase de tirotoxicosis o hipertiroidismo más o menos sintomática. Después, puede ocurrir cualquier cosa: vuelta a la normo función tiroidea, fase de hipotiroidismo transitoria…o hipotiroidismo permanente, el curso es muy variable e impredecible, ni si quiera depende de la “cantidad” de anticuerpos anti tiroideos, sino de la actividad de los mismos, así que puede resolverse espontáneamente en unos meses o acabar desarrollando un hipotiroidismo franco.

En la literatura nos dicen que la mayoría de mujeres no precisa tratamiento, pero, teniendo en cuenta que las alteraciones tiroideas (especialmente el hipotiroidismo) son una de las pocas causas de hipogalactia verdadera (falta de leche materna)…merece la pena tratar si a cambio podemos “regalarles” a una madre y a su hijo una lactancia exitosa.

Así, si existen síntomas de hipertiroidismo en la fase de tirotoxicosis (temblor, sudoración excesiva, pérdida acentuada de peso, insomnio, irritabilidad…), deberemos pautar tratamiento para paliar esos síntomas, habitualmente con beta bloqueantes (la mayoría de ellos son compatibles con la lactancia).

Y si nos encontramos en fase de hipotiroidismo, haya o no síntomas (si los hay, por supuesto), y ante el riesgo de hipogalactia, la opción más sensata si la mujer está lactando es la de tratar con levo tiroxina de forma transitoria (en caso de que se resuelva el cuadro de forma espontánea) o permanente.

El tratamiento con hormona tiroidea es, insisto, compatible con la lactancia materna a cualquier dosis, y la madre deberá estar controlada en todo momento y de forma más o menos frecuente, por un endocrinólogo.

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*Enfermedad de Graves Basedow de inicio en el post parto.

En algunas ocasiones, lo que aparece después del parto es un hipertiroidismo “verdadero”, lo llamaré así para diferenciarlo del hipertiroidismo transitorio de la tiroiditis.

La diferencia entre ambos casos es que, en la enfermedad de Graves, los síntomas suelen ser más intensos y duraderos, los niveles de TSH estarán más suprimidos y los de hormonas tiroideas más elevados, el agrandamiento de la glándula tiroides suele ser mayor y puede aparecer la oftalmopatía de Graves (alteración ocular que típicamente aparece en esta enfermedad). El diagnóstico se confirmará por la demostración de la existencia de anticuerpos TSI en sangre, y por la persistencia del cuadro pasado 3-4 semanas.

No es necesario realizar gammagrafía tiroidea, que requeriría la suspensión temporal de la lactancia.

El tratamiento será el mismo que el explicado en el apartado de hipertiroidismo por enfermedad de Graves Basedow.

Cáncer de tiroides:

Muchas mujeres que han superado o están superando un cáncer de tiroides, se preguntan si podrán ser madres y disfrutar de la lactancia, pues bien, si se puede, la gestación “per se”, no implica un empeoramiento en el pronóstico ni un aumento en el riesgo de recidiva, aunque deberán realizarse los controles pertinentes y hay una serie de plazos que deben respetarse.

El tratamiento del cáncer diferenciado de tiroides (me voy a referir a éste por ser el más frecuente), pasa por la extirpación quirúrgica de la glándula, la administración de una dosis ablativa de iodo radiactivo y el tratamiento con dosis altas de hormonas tiroideas para mantener los niveles de TSH suprimidos por un tiempo mínimo de 2 años (a veces más, depende del riesgo de recidiva).

Durante el seguimiento, se realizarán análisis de tiroglobulina basal, tiroglobulina estimulada con Thyrogen, anticuerpos antitiroglobulina, rastreos con iodo radiactivo, ecografías cervicales…todo ello depende del paciente, del tipo de cáncer, de la evolución del mismo…no voy a extenderme, puesto que no es el objeto de este post, hablaré más ampliamente de ello cuando trate el tema del cáncer de tiroides.

Lo ideal es que el embarazo y posterior lactancia, tengan lugar cuando el cáncer se encuentra en fase de remisión y cuando ya no es necesario utilizar dosis tan altas de hormona tiroidea, de esta forma, a la mujer se le realizarán los mismos controles que a cualquier mujer con hipotiroidismo, con la salvedad de que en el seguimiento se controlarán los niveles de tiroglobulina y, quizás, será necesario realizar alguna ecografía cervical.

Pero… ¿y si hace poco tiempo desde el diagnóstico y tratamiento? Pues bien…se aconseja esperar un mínimo de 6 meses (preferentemente un año) entre la dosis de iodo radiactivo y la gestación para evitar riesgos innecesarios.

Si una vez finalizada la gestación, aún no ha transcurrido el tiempo suficiente como para considerar que el cáncer está en remisión, o no se han podido realizar las pruebas adecuadas por encontrarse embarazada, y  la madre desea dar lactancia materna a su bebé, deberemos animarla a ello y adaptar el seguimiento a esta circunstancia: los análisis de sangre basales y las ecografías, no entrañan ningún riesgo, pero los rastreos con iodo radiactivo deberán evitarse si es posible, así que lo recomendado es utilizar el estímulo con Thyrogen (TSH recombinante), que se considera de riesgo bajo para la lactancia, preferentemente pasado el primer mes de vida.

En caso de ser imprescindible la realización de pruebas o tratamientos que incluyan la utilización de isótopos radiactivos, es muy probable que haya que suspender la lactancia, al menos durante un tiempo prudencial que variará en función del radiofármaco empleado…afortunadamente, estos casos no son frecuentes.

Respecto al tratamiento con dosis altas de hormona tiroidea, deberá valorarse de forma individualizada. Lo ideal es mantener la TSH lo más baja posible pero sin provocar un hipertiroidismo farmacológico  en la madre, que podría, potencialmente, provocar un hipertiroidismo en el lactante, por lo que habrá que advertir a la madre y pediatra de los posibles signos de alerta y, en caso de que se presenten, adecuar las dosis.

Si este es vuestro caso, os aconsejo que visitéis la página web de la Asociación Española de Cáncer de Tiroides: http://www.aecat.net.

aecat.net

¿Y qué pasa con el suplemento de yodo?

 Las necesidades de yodo en la mujer lactante son casi el doble de las de un adulto sano, ya que además de cubrir sus propias necesidades tiene que garantizar que el bebé reciba todos los nutrientes que necesita, incluido el yodo, a través de la leche.

Para asegurar las necesidades de yodo del lactante alimentado de forma exclusiva con leche materna, imprescindibles para su correcto desarrollo, se aconseja que la madre ingiera al menos 250-300 mg de yodo diarios. En general, estas necesidades aumentadas no quedan cubiertas con la toma de alimentos enriquecidos en yodo, como la sal yodada, por lo que se aconseja la suplementación con 200 mg diarios de yoduro potásico durante todo el periodo de lactancia o, al menos, hasta que el bebé comience a tomar sal yodada (al año de vida)

Así que, en mujeres con hipotiroidismo de origen no autoinmune, la recomendación es la de tomar suplemento de yodo y  realizar los controles necesarios.

En mujeres con hipotiroidismo autoinmune, existe controversia, puesto que se ha descrito una elevación de los títulos de autoanticuerpos cuando la ingesta de yodo es excesiva. Sin embargo, el que el número de anticuerpos aumente, no implica que vayan a aumentar su actividad o a empeorar el cuadro y, en cualquier caso, la mujer se encontrará ya en tratamiento con tiroxina. Por tanto, y dada la importancia de asegurar un aporte de yodo en el lactante, parece sensato mantener el suplemento durante la lactancia (al menos hasta que el bebé comience a tomar yodo con la alimentación complementaria) y realizar controles maternos frecuentes por si fueran precisos ajustes de dosis. En cualquier caso, habrá que valorar cada caso de forma individual.

En el caso de mujeres con hipertiroidismo, si éste no está controlado, deberá evitarse el suplemento de yodo, y si está controlado, deberá valorarse de forma individual.

Espero que os haya resultado útil…¡feliz día de Reyes!

 

Referencias:     

 

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Lactancia materna y diabetes mellitus.

Aprovechando la cercanía del día mundial de la diabetes mellitus (DM), que se celebra cada año el 14 de noviembre, y para hablar de algo diferente a lo que se hablará durante esta semana en todos los medios, comienzo la serie de post dedicada a la lactancia materna (LM) y su influencia sobre las diferentes enfermedades endocrinas (y viceversa) con esta patología que, por desgracia, se está convirtiendo en una epidemia.

Maternidad Picasso 1901

Maternidad. P. Picasso (1901)

¿Qué es la Diabetes Mellitus?

Es una enfermedad frecuente, que afecta al 6% de la población (probablemente más, pero muchos pacientes no saben que la tienen). La incidencia aumenta con la edad, de modo que por encima de los setenta años la padecen el 15% o más de las personas.

Se caracteriza por unos niveles de glucosa en sangre anormalmente altos, y su importancia radica en que, si no está suficientemente controlada, puede dar lugar a frecuentes complicaciones, especialmente de tipo circulatorio y neurológico.

¿Cómo se produce?

Puede deberse a la falta de secreción de insulina por parte del páncreas y/o a la disminución de su efecto a nivel de los tejidos.

Dado que esta hormona tiene la misión de transformar en energía los hidratos de carbono de los alimentos, su defecto origina un aumento del azúcar en la sangre.

¿Cuáles son los tipos de diabetes más frecuentes?

  • Diabetes tipo 1: Suele empezar en la infancia y/o la adolescencia pero no es excepcional en otras edades. Es debida a la destrucción de las células beta del páncreas, encargadas de producir la insulina, lo que origina un déficit absoluto de la misma, por lo que es imprescindible administrar insulina desde el comienzo. Suele presentarse de forma brusca, con síntomas típicos (aumento llamativo de la sed y de la cantidad de orina, cansancio y pérdida de peso) debidos al exceso de glucosa en sangre. A menudo aparece de forma aislada, pero en ocasiones existen antecedentes en la familia.
  • Diabetes tipo 2: Suele ocurrir en edades más avanzadas y es unas diez veces más frecuente que la anterior. Se caracteriza por la asociación de un déficit parcial en la producción de insulina junto con un mal funcionamiento de la misma, lo que se conoce como resistencia a la insulina. La alimentación reglada y el ejercicio son la base del tratamiento. Según qué defecto predomine pueden precisarse además comprimidos, insulina o ambos. La diabetes tipo 2 da lugar a síntomas generalmente menos evidentes que la anterior y a menudo, no da ningún tipo de molestia, pasando desapercibida durante mucho tiempo. Es frecuente que otras personas en la misma familia también la padezcan.
  • Diabetes gestacional: es aquella que se diagnostica durante el embarazo. En la mayoría de ocasiones, desaparece tras el parto, aunque la mujer que la ha padecido tiene más probabilidades de desarrollar diabetes tipo 2 en un futuro, por lo que debería realizar revisiones periódicas. Pero en un pequeño porcentaje de mujeres, la diabetes persiste después del embarazo, probablemente porque, aunque la diabetes se haya diagnosticado durante la gestación la mujer ya tenía diabetes previamente (a veces pasa, sobre todo en el caso de diabetes tipo 2, cuyos síntomas aparecen cuando ya está muy establecida).
  • Existen otros tipos de diabetes, pero son mucho menos frecuentes, por lo que no voy a centrarme en ellos.

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Fuente: imt.ie

¿Cómo se diagnostica?

Normalmente con un análisis de sangre.

La medición del  nivel de la glucosa en ayunas, suele ser suficiente para el diagnóstico: cuando esta cifra es igual o superior a 126 mg/dl en dos ocasiones, diagnosticamos diabetes. Cuando la cifra está entre 100 y 125 mg/dl se dice que se tiene una glucosa basal alterada, y por debajo de 100 mg/dl se considera normal.

Si encontramos unos niveles de glucosa superiores a 200 mg/dl en cualquier momento del día, y la persona presenta síntomas típicos, también diagnosticamos diabetes.

En ocasiones, es preciso realizar una sobrecarga oral de glucosa o medir la hemoglobina glicosilada…de eso hablaré en otro post dedicado a la diabetes.

¿Cómo influye la lactancia en las mujeres con diabetes (y en sus hijos)?

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Fuente: aeped.es (comité de lactancia materna)

  • La LM está particularmente indicada en hijos de madres diabéticas, tanto tipo 1 como tipo 2, ya que ha demostrado reducir la incidencia de ambos tipos de DM en niños genéticamente predispuestos (y los hijos de madres con diabetes lo están)
  • La mayor duración de la LM, protege a su vez a las madres que han tenido diabetes gestacional de padecer DM tipo 2, retrasando considerablemente su aparición y disminuyendo de forma notable su incidencia, y cuanto más se prolongue, mayor es este efecto.
  • Cuando una mujer ha tenido DM gestacional, es aconsejable realizar una sobrecarga oral de glucosa tras el parto para valorar si esa diabetes persiste, o si presenta algún grado de intolerancia a los hidratos de carbono que deba ser tratada y vigilada. La curva de glucosa no debe hacerse mientras la madre da el pecho, puesto que la lactancia mejora la sensibilidad a la insulina (funciona mejor), y la curva podría resultar falsamente normal en este momento, sin embargo, y teniendo en cuenta los beneficios de mantener la LM el máximo tiempo posible, esa curva puede (y debe) posponerse hasta que finalice la lactancia, si son 2 años, pues 2 años.
  • La LM tiene como efecto una mayor sensibilidad a la insulina de forma fisiológica, disminuyendo las necesidades de la misma, por lo que en madres que utilizan este tipo de tratamiento, suele ser necesario reducir las dosis tras el parto, realizar controles frecuentes de glucemia y hacer ajustes en la dieta para evitar hipoglucemias, que se presentan con mayor frecuencia durante las tomas o poco después de ellas.
  • Sin embargo, la LM por sí sola, no supone un mejor control glucémico, así que el ajuste de dosis en función de los hidratos de carbono ingeridos y la actividad física desarrollada deberá seguir siendo estricto para conseguirlo…aunque con un recién nacido en casa, la cosa se complique.
  • El inicio de la alimentación complementaria y el destete requerirán nuevos ajustes en la dieta y la insulina, que deben hacerse individualmente.

¿Y cómo influye la diabetes en la lactancia?

  • Lamentablemente, la frecuencia de complicaciones en el parto de pacientes diabéticas está aumentada, tanto si su diabetes está bien controlada como si no, y debido, en gran parte, al excesivo intervencionismo. Así, muchas de ellas tienen un parto inducido, lo que se asocia a una mayor tasa de partos instrumentales y cesáreas.
  • Además, frecuentemente el recién nacido es separado de su madre, e ingresado en una unidad neonatal en la que es muy posible que se le administre suero glucosado o leche artificial para evitar una posible hipoglucemia (cuya incidencia está aumentada en estos niños,  especialmente si sus madres no tenían un buen control de la glucosa), en lugar de proponer y permitir  el amamantamiento frecuente y el contacto piel con piel con su madre, que son el primer paso para evitar la hipoglucemia. Todas estas circunstancias, nos llevan a una demora de la primera puesta al pecho, que es el factor más importante para el éxito de la lactancia.
  • Los estudios sugieren que el contacto precoz con la proteína de leche de vaca (presente en la leche de fórmula) podría aumentar el riesgo de diabetes tipo 1 en niños genéticamente predispuestos, por lo que en hijos de madres con DM, lo indicado es evitar en la medida  de lo posible las leches de fórmula.
  • El estrés derivado de todas estas situaciones, dificulta la secreción de oxitocina, que tiene un papel clave en el establecimiento de la lactancia.
  • La lactogénesis puede retrasarse por factores independientes a la demora de la primera puesta al pecho y la succión menos frecuentes, tanto en mujeres con diabetes tipo 1 (ya que la insulina endógena juega un papel fundamental a la hora de iniciar y mantener la LM), como en tipo 2 con sobrepeso u obesidad.
  • En definitiva, las madres diabéticas tienen más impedimentos al inicio de la lactancia que las madres no diabéticas, pero la diabetes en sí NO supone un obstáculo para la LM.
  • Si ponemos al alcance de estas mujeres todas las circunstancias que favorecen el éxito de la LM (información acerca de la LM en caso de cesárea y/o separación del bebé, contacto precoz piel con piel, apoyo extra por parte de matronas y grupos de lactancia…), aumentarán las tasas de lactancia y la duración de las mismas.

¿Varía el tratamiento de la diabetes en mujeres que dan el pecho?

Como ya comentaba aquí, la mayoría de fármacos son compatibles y seguros, tanto para la lactancia como para el lactante.

Dependiendo del tipo de diabetes, el tratamiento será diferente, y,  además, muchas mujeres diabéticas precisan otros tratamientos para diferentes patologías que pueden asociarse, como la hipertensión, la hipercolesterolemia, problemas renales…así que, os dejo un cuadro resumen acerca de la compatibilidad de los fármacos que con mayor frecuencia emplean estas mujeres con la LM…para más información, os vuelvo a remitir a la página http://www.e-lactancia.org.

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                     FÁRMACO

 

Compatibilidad con la LM
INSULINA Compatible, se destruye en el estómago del lactante
 
METFORMINA compatible
 
SULFONILUREAS:

–          Tolbutamida, Glibenclamida,

Gliburida, Glipizida

–          Glimepirida, otras sulfonilureas

Compatibles

No hay datos en humanos, mejor evitar.

 
MEGLITINIDAS (Repaglinida y Nateglinida) No hay datos en humanos, mejor evitar.
 
INHIBIDORES DE α-GLUCOSIDASA

(Acarbosa y Miglitol)

Compatibles.
 
INHIBIDORES DE DPP-4 No hay datos en humanos, mejor evitar.
 
ANÁLOGOS DE GLP-1 No hay datos en humanos, aunque por sus características probablemente sean seguros…mejor evitar
 
ANTAGONISTAS DEL

CALCIO: Nifedipino, Diltiazem,

Verapamilo

Compatibles
 
IECAs: Captopril, Enalapril Compatibles
 
ALFAMETILDOPA Seguro
 
BETA BLOQUEANTES:

–          Propanolol, Labetalol, Metoprolol

–          Atenolol 

                                                                                                                     Compatibles

No seguro

 
ANTIAGREGANTES:

–          Ácido acetil salicílico

–          Clopidogrel, Ticlopidina

                                                                                                                       Compatible a dosis antitrombóticas

No seguro

 
HIPOLIPEMIANTES:

–          Estatinas  

–          Resinas

–          Fibratos  

–          Ezetimiba

                                                                  No hay datos

Compatible

No hay datos

No hay datos

Así que, y después de todo lo dicho, la recomendación final sería la de alentar, acompañar, informa, favorecer, facilitar y alentar a todas las madres con diabetes del tipo que sea, a amantar.

Afortunadamente, la mayor parte de madres con diabetes, optan por amamantar a sus bebés, y las tasas de lactancia a los 3 y 6 meses son similares a las de las madres sin diabetes…que no es que sean para tirar cohetes (38 % a los 6 meses según la OMS), pero al menos no son inferiores.

Queda mucho caminito por recorrer, hablaría largo y tendido sobre todo lo que los profesionales de la salud podríamos hacer para conseguir un mayor número de lactancias exitosas…pero ese no es el tema.

Referencias:

Lactancia materna y patología endocrina.

Vaya por delante que este no es un post en defensa de la lactancia materna, porque a estas alturas de la vida, creo que no necesita ser defendida: es la mejor opción para alimentar a los bebés y a los no tan bebés.

Tampoco pretendo abrir un debate, porque es obvio que cada madre (y cada padre, pero en esto las mujeres son las que deberían tener la última palabra, puesto que el pecho es suyo), decide cómo criar a sus hijos, nadie debe entrometerse, y, además, para eso ya existen cientos de foros en la red.

Ni siquiera voy a hablar de las ventajas de la lactancia materna para niño y madre…quien más y quien menos las conoce, hoy día hay muchísima información al respecto y al alcance de la mano.

El objetivo de esta serie de post que inicio, es informar de la influencia que tienen en la lactancia algunas de las patologías endocrinas más frecuentes  (y viceversa), bien de inicio en el posparto o bien diagnosticadas previamente a la gestación.

Dicho esto, y con la evidencia en la mano:

La OMS, la UNICEF, la asociación española de pediatría, y otras muchas organizaciones internacionales recomiendan:

  • Iniciar la lactancia materna en la primera hora de vida.
  • Mantener lactancia materna exclusiva y a demanda durante los primeros 6 meses del bebé; y exclusiva significa que no necesitan otra cosa,  (ni cereales, ni zumo de naranja ni agua), y a demanda significa a demanda del niño, osea, pide y le das.
  • Introducir la alimentación complementaria a partir de los 6 meses, continuando con la lactancia materna, con tomas frecuentes hasta, al menos, los 2 años, y después, hasta que la madre y el niño quieran.

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Fuente: aeped.es (comité de lactancia materna)

Además, y antropológicamente hablando, el destete natural (osea, que el niño decide cuándo dejar la teta), tiene lugar entre los 2,5 y los 7 años, aunque a muchos en estos tiempos les parezca una barbaridad.

Sin embargo, muchos lactantes y niños no reciben lactancia materna de la forma recomendada por estas instituciones. Así, por ejemplo, y  por término medio, sólo aproximadamente un 38% de los lactantes de 0 a 6 meses reciben lactancia exclusivamente materna (dependiendo del lugar de nacimiento, nivel socio-económico, trabajo de la madre…)

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Fuente: aeped.es (comité de lactancia materna)

Y en parte, esto es debido a que muchas mujeres que dan o quieren dar  el pecho a sus hijos,  sufren ciertas patologías crónicas que hacen que, en  ocasiones, y por falta de información (lamentablemente del médico, no de la paciente), se les aconseje,  y a veces hasta se les “fuerce” a dejarlo por pensar que, o bien la lactancia puede empeorar la enfermedad o bien los medicamentos para su tratamiento son incompatibles con ella…y pocas veces es  así.

Entrecomillo lo de que se les “fuerce” porque, evidentemente, nadie puede ni debe forzar a una madre a dejar de dar el pecho a su hijo, pero hay muchas formas sutiles de forzar, por ejemplo apelando a la culpa, algo intrínseco a la maternidad: si a una mujer le explican que su leche puede perjudicar a su bebé…es muy probable que corra a comprar un biberón, porque ninguna madre en su sano juicio querría perjudicar a su hijo.

Respecto a la compatibilidad de medicamentos con la lactancia materna, existe evidencia sólida y una amplia bibliografía al respecto: la gran mayoría de fármacos son compatibles.

De hecho, hace años se creó  una página web, realizada por pediatras de la Asociación para la Promoción e Investigación científica y cultural de la Lactancia Materna (APILAM), que ofrece información acerca de la compatibilidad de casi 18.000 fármacos (además de la bibliografía disponible) y que cualquiera puede consultar. Establecen varios niveles de riesgo para lactancia y lactante:

  • Riesgo muy bajo: Compatible. Sin riesgo para la lactancia y el lactante.
  • Riesgo bajo: Bastante seguro. Riesgo leve o poco probable.
  • Riesgo alto: Poco seguro. Valorar cuidadosamente. Evitar o emplear una alternativa más segura.
  • Riesgo muy alto: Contraindicado. Uso de una alternativa o cese de la lactancia.

La gran mayoría de fármacos de uso habitual, pertenecen a las dos primeras categorías, es decir, son compatibles (sin riesgo) o bastante seguros (en este caso se aconseja evitar en prematuros o durante el primer mes de vida, tratar de separar la toma del medicamento de la toma de lactancia…pero no son incompatibles)

Afortunadamente, esta página es cada vez más conocida entre pacientes y médicos y ha salvado muchas lactancias. El enlace es el siguiente: http://www.e-lactancia.org/

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Por supuesto, no todas las madres que deciden alimentar a sus hijos con leche artificial lo hacen por estos motivos, me atrevería a decir que la mayoría lo hacen por circunstancias como la NO conciliación reinante,  presiones sociales, contraindicaciones absolutas o relativas…o porque les da la gana…eso sí que daría para un debate grande…pero tampoco es el sitio ni el lugar.

En breve…el siguiente post.

Referencias: