Hipotiroidismo, la importancia del ojo clínico…y de la detección precoz.

Hasta hace no demasiados años, cuando no existían los análisis clínicos ni las pruebas de imagen (os hablo del siglo pasado…no del paleolítico), los médicos utilizaban sus conocimientos, intuición y ojo clínico, para el diagnóstico de enfermedades… ¡qué tiempos aquellos!

Reconozco tener envidia de aquellos pro hombres (y algunas pocas mujeres) que con “sólo” escuchar, observar y palpar, conseguían lo que en estos tiempos modernos nos puede llevar semanas, meses…o años: diagnosticar enfermedades.

Retrato de María Tudor. Antonio Moro

Retrato de María Tudor (A. Moro), que no sabemos a ciencia cierta si era hipotiroidea, pero aspecto, tenía.

Es tremendamente paradójico que, en la actualidad, con todos los medios y la ciencia de nuestro lado…se nos pasen por alto trastornos que, si se detectaran y trataran en sus estadios iniciales, no llegarían a prácticamente incapacitar a muchas mujeres (y algunos pocos hombres)

Hoy voy a hablaros de la importancia de la detección precoz del hipotiroidismo.

Aunque la existencia de la glándula tiroidea se conoce desde mediados del siglo XVI, el hipotiroidismo no fue descrito como tal hasta el siglo XIX, en que se identificaron tres trastornos: el cretinismo (hipotiroidismo congénito), el mixedema (la forma más grave de hipotiroidismo), y la caquexia post tiroidectomía (cuadro potencialmente mortal que aparecía tras la extirpación total de la glándula tiroidea), que, en un principio, no se relacionaron entre sí.

Kocher scielo.org.co

En 1883, el eminente cirujano Emil Theodor Kocher, se dio cuenta de que, semanas después de extirpar la tiroides por completo, el paciente desarrollaba un cuadro de deterioro del estado general que le llevaba a la muerte, mientras que si la extirpación era parcial, la persona seguía viviendo, aunque su calidad de vida quedaba mermada de forma considerable, así que pensó que, esta pequeña glándula, producía algún tipo de producto que era imprescindible para el correcto funcionamiento del organismo. Finalmente, hacia 1888, se llegó a la conclusión de que el cretinismo, el  mixedema y “caquexia” post tiroidectomía eran síndromes estrechamente relacionados, y derivados de la pérdida de función tiroidea.

Desde ese momento, hasta mediados del siglo XX, en que se consiguió determinar en sangre los  niveles de TSH, el diagnóstico era puramente clínico, basado en escuchar, observar e hilar muy fino…en el caso de que al paciente le hubieran extirpado la tiroides, los médicos lo tenían fácil, pero el resto de casos de detectaban gracias al ojo clínico, ese gran olvidado en nuestros días…para desgracia de los pacientes.

¿Y por qué pienso así?

Porque en estos tiempo, en los que la vida moderna tiene más de moderna que de vida, es inadmisible que se nos “pase” un hipotiroidismo, y sin embargo ocurre, porque nos aferramos a rangos de laboratorio obsoletos, y nos empeñamos en que, si las hormonas están “bien” en el análisis, toda la retahíla de síntomas y signos que presenta un paciente, no pueden atribuirse al tiroides…pero tal vez deberíamos mirar más allá de un papel (o un ordenador)

El hipotiroidismo es un trastorno que evoluciona muy lentamente, cuando le preguntas a un paciente recién diagnosticado, (especialmente si su hipotiroidismo es muy acusado), desde cuándo se encuentra mal, la respuesta  suele ser “desde siempre, desde que me alcanza la memoria”, porque los sutiles síntomas iniciales suelen pasar desapercibidos, tanto para el médico como para el paciente: una época de mayor cansancio, dolores musculares, caída de cabello, ánimo más decaído, problemas de concentración…todo esto lo achacamos rápidamente a la vida diaria, el estrés, los hijos… e incluso a veces se trata con antidepresivos, ansiolíticos, analgésicos, se le deriva al psicólogo, hasta puede que le hagan análisis y se detecte una falta de hierro o vitamina B12…se le sustituye y no miramos más allá. Es más, puede que le determinen la TSH, pero como está dentro del rango o por debajo de 10 uUI/ml, es imposible que lo que cuenta el paciente sea por eso…y años después, cuando por fin “da la cara”, y la paciente* no es capaz de levantarse de la cama, empieza a tratarse y ¡oh! ¡Sorpresa! Todo aquello que le pasaba y que era debido al estrés…va desapareciendo.

*Y digo la paciente (y aquí entro en modo reivindicativo), porque la mayoría de casos de hipotiroidismo los sufren las mujeres…que “nos quejamos mucho”, y en lugar de buscar el origen de estas “quejas”, se nos atribuyen y tratan patologías “inexistentes”, que tendrían un tratamiento sencillo y barato si se mirara más allá de unos prejuicios (perdón por el off topic, necesitaba “soltarlo”)

sanocuerpoymente

Fuente: sanocuerpoymente

El diagnóstico de cualquier enfermedad (también del hipotiroidismo), debe realizarse SIEMPRE a partir de una historia clínica detallada y una exploración exhaustiva, y a partir de ahí, se elabora una impresión diagnóstica, una sospecha clínica que, en estos tiempos, tenemos la gran suerte de poder confirmar con pruebas complementarias, que como su propio nombre indica, complementan al diagnóstico…NUNCA debe ser al revés, debemos ver personas, no análisis, las pruebas diagnósticas no deberían sustituir o estar por encima del “ojo clínico”, sino al lado.

De modo que, si uno tiene una sospecha, aunque las pruebas no lo confirmen…debería seguir vigilando, porque es posible que en algún momento, la enfermedad pueda confirmarse con esas pruebas diagnósticas que en fases iniciales pueden ser rigurosamente normales…o parecerlo (no quiero extenderme, pero se puede tener un hipotiroidismo aunque la TSH y la T4 libre sean normales, doy fe)

Con todo ello no quiero decir que todas las personas que presenten signos o síntomas compatibles con el hipotiroidismo lo tengan, sino que es una posibilidad a tener en cuenta.

Y dicho todo esto, vamos con el tema que nos ocupa.

El hipotiroidismo, tanto en fases iniciales como más avanzadas, puede tener consecuencias importantes sobre todos o casi todos nuestros órganos, puesto que todas las células del organismo poseen receptores para las hormonas tiroideas, y estas, ejercen funciones de lo más diverso.

Diapositiva1

Así, las disfunciones tiroideas, incluso las mal llamadas “subclínicas” (si son subclínicas, quiere decir que no hay síntomas…pero los hay, o puede haberlos en muchas personas), se asocian a un mayor riesgo cardiovascular, síndromes ansioso depresivos, sobrepeso, dislipemia, déficit nutricionales, infertilidad, abortos de repetición, síndrome metabólico…en definitiva, mayor morbilidad y tendencia a estar enfermo que probablemente se resolverían con un adecuado tratamiento sustitutivo y, por supuesto, individualizado en función de las características y necesidades del paciente.

Sabemos además que hay determinados grupos poblacionales y etapas vitales en los que las disfunciones tiroideas son más frecuentes (embarazo, post parto, menopausia…), y sin embargo…no hay consenso acerca de si se debe o no hacer un “cribado” de forma general, aunque diferentes sociedades científicas y grupos de expertos aconsejan el cribado en grupos poblacionales específicos, como en mujeres gestantes, mujeres mayores de 35 años o en pacientes de edad avanzada.

Se estima que, alrededor de un 11 % de la población europea, padece algún grado de disfunción tiroidea, y que alrededor del 7 % de dicha población…ni siquiera lo sabe, pero lo sufre.

Teniendo en cuenta la elevada prevalencia de este trastorno, sus consecuencias sobre la salud y, dicho sea de paso, el impacto económico que tiene el estar tratando enfermedades que no existen con fármacos en ocasiones caros…sería deseable , por un lado, tener mucho más presente la posibilidad de este trastorno en aquellos pacientes con síntomas y signos sugestivos, por otro, establecer programas de detección precoz que nos permitieran evitar meses o años de peregrinaje y padecimiento a muchos pacientes hipotiroideos (afortunadamente, existe consenso a la hora de realizar cribado a los recién nacidos y, desde hace un tiempo, a las mujeres gestantes…pero aún queda camino por recorrer),  y por último, pero no menos importante, preguntarnos el porqué de tan elevada prevalencia y el cómo podríamos evitar estos trastornos…pero ese es otro tema.

 

 Referencias: 

 

 

 

 

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6 comentarios sobre “Hipotiroidismo, la importancia del ojo clínico…y de la detección precoz.

  1. No sientas tu tono reivindicativo…creo que ya es hora de que las mujeres reclamemos nuestro lugar y sobre todo que digamos las cosas tal y como son, sin paños calientes. El machismo alcanza cotas increibles y jamás pensé que sería de una forma tan flagrante en la medicina. Cuando empecé a investigar qué me pasaba desde mi formación de científica, lo vi claro y me he cabreado mucho. He pasado mis mejores años de juventud sufriendo inutilmente y sintiéndome agredida continuamente por no tomarse en serio mis síntomas (más a posteriori, porque yo también creí eso de “lo que tienes es estrés”, aprende a relajarte y ya).

    Al saber lo que me pasaba (sí, hipo) por un lado he sentido un alivio muy grande y de alguna forma me siento querida, por mí misma, por no haber dejado que otros definan lo que me pasa y por luchar por mí, al margen de lo que otros puedan opinar. Lo malo, es la sensación tan grande que tengo de duelo, por lo que podría haber sido y no ha sido y algo de no sé si frustración-pena-rabia por esa sensación de soledad e incomprensión tan grande que he arrastrado.

    Muchas gracias por compartir contigo lo que sabes y por esta entrada. Lo sigo con mucho interés para aprender más.

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    1. Buenas tardes lifstraveller…por un lado me da rabia todo por lo que has pasado, y por otro, me alegra que al fin hayas encontrado tu camino: saber lo que nos pasa no cura, pero alivia, da paz…y nos pone manos a la obra para, si no solucionarlo, al manos mitigarlo. Ya sabes, en medicina la máxima debería ser: “Guérir quelquefois, soulager souvent, consoler toujours”, o lo que es lo mismo: “Curar a veces, aliviar con frecuencia, consolar siempre”. Un afectuoso saludo y gracias por tu comentario.

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  2. Uff. Qué guerra lo de las pruebas “complementarias”. Hoy día parece que lo complementario fuera el paciente. A mi me llevan los demonios cuando veo todas esas radiografías hechas a adolescentes para DIAGNOSTICAR una escoliosis… Dentro de poco habrá que hacerle una foto al paciente para verle la cara. En fin. Y con las “cosas de mujeres” ya ni te cuento, como dices. Me encanta tu trabajo, muchas gracias por compartir ese punto de vista tan enriquecedor. Un saludo.

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