Cuando seas médico…consejos para mejorar la atención a tus (futuros) pacientes.

Aviso a navegantes…este no es un post sobre enfermedades o nutrición, no vais a encontrar evidencia científica ni datos…sólo mi humilde experiencia en la relación médico paciente y una serie de consejos basados en ella.

No pretendo sentar cátedra, ni que sigáis a pies juntillas lo que os digo…sólo mostrar mi opinión fundamentada en 15 años en este oficio.

Antes de empezar, quiero que penséis por qué elegisteis esta carrera, ¿por qué decidisteis ser médicos

A) ¿Para ganar dinero? Espero que no…tal y como están las cosas en España, si queréis ganar dinero, mejor buscad otro oficio.

B) ¿Para tener prestigio? Nuevamente…elegid otra cosa, hoy día los médicos, aunque seguimos teniendo una de las profesiones mejor valoradas…ya no somos EL MÉDICO, y, afortunadamente, nuestra palabra NO es ley.

C) ¿Para estudiar la misma carrera que un amigo-a/novio-a? o, aún peor… ¿para darle gusto a papá o mamá? Os aseguro que hay carreras menos absorbentes, si esta es vuestra única motivación…espero que estéis a tiempo de no elegir medicina.

D) ¿Para conseguir que este sea un mundo mejor? En el que los enfermos estén correctamente atendidos, confortados, aliviados, acompañados, diagnosticados y tratados…

E) ¿Para investigar y buscar la cura de los cientos de enfermedades raras/crónicas/graves/sin solución que existen en la actualidad, y las que vendrán? Uaooo, esta es buena.

 

Espero, de corazón, que vuestras opciones hayan sido la D) y la E).

Y ahora…voy a contaros un poco cómo fue mi periplo en esto del trato con pacientes hasta llegar a ser médico “de verdad”, insisto, el mío, que puede que se parezca al vuestro…o no.

Cuando empiezas a estudiar la carrera, ya te sientes un poco por encima del común de los mortales (estoy generalizando MUCHO, no os echéis encima)…en plan: “Hola, me llamo X y estudio medicina”, osea: soy más listo que tú, con mejores notas y puedo salvarte de una muerte segura…

Lección de anatomía Rembrandt

Lección de Anatomía. Rembrandt

Pronto, cuando llegan los primeros exámenes y, sobre todo, las prácticas de Anatomía con cadáveres frescos (y no tan frescos), empiezas a pensar que tal vez no estés por encima de nadie, que estarías mejor en el bar de la Facultad jugando al mus y de fiesta con tus antiguos compañeros de instituto.

Pasan los primeros 3 años sin pena ni gloria…mucha teoría, muchos codos, muchas pruebas…y si consigues sobrevivir al tercer año (en el que muchos estudiantes abandonan)…empieza lo bueno: la medicina de verdad.

Comienzas a contactar con pacientes, a visitar el hospital y los quirófanos, a marearte en cada operación que entras (¿cómo es posible que una intervención de apendicitis sangre TANTO?)…y ahí llega el punto de inflexión, aquel en el que deberías darte cuenta que ese paciente que está detrás de la mesa o encima de la mesa (de operaciones), podría ser tu padre/hermano/amigo…y es ahí cuando deberías empezar a adquirir una de las cualidades más importantes que debería tener un médico: LA EMPATÍA.

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Empatía, o lo que es lo mismo: ponerse en los zapatos del otro.

Fuente: coaching-tecnologico.com

Primer consejo: nunca olvides que el paciente podría ser de tu familia o tú mismo…trátale siempre como te gustaría que te trataran a ti…recuerda, el karma…nuestras acciones siempre pueden volver…sé empático.

Abrumado por tanta información como recibes en el día a día de las prácticas hospitalarias, sigues estudiando, y estudiando, y después estudiando…y con un poco de suerte, después de 6 años, te gradúas…YA ERES LICENCIADO EN MEDICINA…pero aún falta mucho para ser médico.

Y aunque eres consciente de que si ves a alguien echando espuma por la boca en la calle, probablemente no tendrías ni idea de qué hacer con él (Segundo consejo: aunque hayas aprobado la carrera, si no estás seguro de qué hacer, no tientes a la suerte…llama al 112, que para eso están), tú vas tan contento y orgulloso por la vida diciéndole a todo el mundo que YA ERES MÉDICO…y vuelven los aires de superioridad (juventud, divino tesoro), aunque en tu fuero interno deseas que nadie se ponga malo a tu alrededor…todavía.

Y entonces…te enfrentas a tu primera oposición, EL MIR. Tú, que pensabas que ya había pasado lo peor, que ya te lo sabías todo porque llevabas 6 años estudiando sin parar, te das cuenta, por primera vez, de que en esta profesión nunca acabas de formarte…cada día aparecen nuevos estudios e investigaciones, nuevos fármacos, nuevas directrices que echan por tierra lo anterior, y llegas al MIR y ves que, lo que habías estudiado en tercero ya está obsoleto…Tercer consejo: nunca dejes de formarte ni pienses que lo sabes todo, hasta el mejor médico es humano y puede equivocarse, y debe reciclarse, continuamente.

Y por fin, después de un duro año (o dos, o tres)…pasas el MIR, ¿y ahora qué? ¿Qué elijo? ¿Será mi número suficiente para poder elegir la especialidad que quiero y dónde yo quiero? ¿Qué es lo que quiero?…hay estudiantes que lo tienen muy claro desde el primer día, YO NO, para mí elegir especialidad fue un auténtico quebradero de cabeza…ahora no me arrepiento, pero fue una decisión difícil. Cuarto consejo: sigue tu instinto…si en la carrera no te gustaba la cirugía, no va a hacerlo durante la residencia, si tienes “alma” de investigador busca una especialidad que te permita hacerlo…. De todas formas, elijas lo que elijas (dentro de unos mínimos como ya he dicho, si no te gusta la sangre, NO elijas cirugía), es posible que acabe gustándote, y si no…siempre puedes repetir el MIR, la experiencia es un grado, y la segunda vez es mucho más fácil…¡o eso dicen!

Y una vez elegido…empieza lo bueno: el primer día un caos (papeleo, trámites, conocer el hospital, conocer a tus compañeros…) todo muy bonito hasta que te enfrentas a la realidad: ¿quién soy yo, qué hago aquí y, sobre todo…cómo voy a salir de esta dignamente?

Recordaré siempre la frase que me dijo mi R mayor (esto es el residente de cuarto o quinto año, según la especialidad) el primer día (sé que me lees): “¡Hombre, La nueva U.M.S, bienvenida!” y yo contesté…” ¿qué es U.M.S.?”, respuesta: “El Último Mono del Servicio”. Es posible que, durante aproximadamente un año, os sintáis así (hasta que llegue el nuevo U.M.S. más o menos), pero no os amilanéis, estáis ahí para aprender, para observar, para formaros…no sois mano de obra barata, sois el futuro.

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Fuente: medicinajoven.com

Quinto consejo: no se aprende por ósmosis, hay que estudiar, mucho, os remito al tercer consejo.

Pero además, y ahora viene lo que YO considero más importante, a partir de este momento es cuando aprenderéis a ser médicos de verdad, de los que ayudan, acompañan, escuchan, resuelven, consuelan y, si se puede, curan.

Los siguientes consejos espero que os sirvan en esta maravillosa profesión.

Sexto consejo: Sé humilde, sé humano, abandona la prepotencia y la soberbia, NO lo sabes todo, y no hay enfermedades, sino enfermos, cada paciente tiene lo suyo, aunque haya patrones comunes…os remito nuevamente al tercer consejo: sigue estudiando, siempre.

Séptimo consejo: escucha al paciente, todo lo que dice, todo lo que siente, todo lo que le pasa es importante, por descabellado que te parezca. La historia clínica aporta la mayoría de información del caso, y no presupongas que los pacientes siempre mienten (no eres el Dr. House)…escucha y anota.

Octavo consejo: Mira a la cara al paciente…a la cara, al cuello, a las manos…y explora, explórale todo, aunque no seas internista, aunque el tiroides “no tenga que ver” con tu especialidad (lo entrecomillo porque tiene que ver con todo). Una de las cosas que me produce más tristeza es ver a un médico sin fonendo…

Noveno consejo: Las pruebas complementarias son eso…complementarias, pueden equivocarse, ofrecer datos dispares…o puede que no hayas orientado correctamente el caso y solicitado lo que no debías…no decidas únicamente en base a ellas, recuerda, la anamnesis y la exploración son lo más importante.

Décimo consejo: disfruta de la medicina, apasiónate, vívela…a pesar de los pesares (las guardias, los desvelos, los disgustos, los recortes en Sanidad, el agotamiento…), ser médico (para el que le guste, claro), es lo mejor del mundo, y ayudar a UN SOLO paciente, es la mejor recompensa.

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Fotograma de la película “Patch Adams”, indispensable.

Y para finalizar, una frase sabia (quién  me la dijo, sabrá que le aprecio): “Guérir quelquefois, soulager souvent, consoler toujours”. Charles Achard (1860-1944), o lo que es lo mismo: “Curar a veces, aliviar con frecuencia, consolar siempre”, eso es para mí, la medicina.

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4 comentarios sobre “Cuando seas médico…consejos para mejorar la atención a tus (futuros) pacientes.

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