Lo que es bueno para mí, puede que no lo sea para los demás…insistiendo en la individualización de las dietas.

Recientemente ha sido publicado en la revista Cell, un estudio israelí que sugiere que, incluso ingiriendo exactamente los mismos alimentos, la forma de metabolizarlos, y la respuesta que generan en el organismo, difiere en cada individuo. Los investigadores demuestran que el índice glucémico (IG) de un determinado alimento no es un valor fijo, sino que depende de cada persona.

 

Es decir, viene a demostrar lo que muchos endocrinos y nutricionistas llevamos años diciendo: que en Nutrición, como en la vida misma, no existen verdades absolutas, y que, lo que es bueno para mí, puede que para ti no lo sea tanto….y de ahí la importancia de la  nutrición personalizada, de la individualización, de enseñar a las personas a identificar qué alimentos pueden mejorar o empeorar su salud.

ig tabla

¿Y qué es el índice glucémico?

Pues es un sistema ideado en los años 80 para cuantificar la respuesta glucémica de un alimento que contenga la misma cantidad de carbohidratos que un alimento de referencia (normalmente glucosa o pan blanco), es decir,  mide la capacidad que tiene un hidrato de carbono de elevar la glucosa en sangre después de ingerirlo, con respecto a un hidrato de carbono estándar. Este sistema nos permite comparar la “calidad” de los distintos carbohidratos contenidos en alimentos individuales, proporcionándonos un índice numérico basado en medidas de la glucemia después de su ingestión (el llamado índice glucémico postprandial).

Así, se dice que un alimento tiene un elevado IG cuando, después de ingerirlo, la glucosa en sangre se eleva más rápidamente que cuando se ingieren alimentos con un IG mediano o bajo.

Vamos con el estudio publicado:

Participaron un total de 800 personas, de las que se recogieron datos mediante cuestionarios de salud, medidas corporales, análisis de sangre, monitorización de la glucosa (mediante un aparato que realizaba medición continua de la glucosa en sangre de los participantes), muestras de heces y una aplicación móvil utilizada para informar sobre estilo de vida y la ingesta de alimentos. Se midieron un total de 46.898 comidas a los largo de la semana que duró el estudio.

Se solicitó a los participantes voluntarios que, cada mañana, ingirieran un desayuno estandarizado/idéntico (suministrado por los investigadores y que consistía en  pan o glucosa) y que, además,  anotaran todas las comidas que realizaran en un diario de alimentos mediante una aplicación móvil.

Posteriormente, los investigadores realizaron un análisis personalizado de las respuestas glucémicas a los alimentos ingeridos, mediante la monitorización continua de la glucosa en sangre de cada participante.

Al analizar los resultados, se confirmó que, como era de esperar, a mayor  índice de masa corporal (o IMC, que es la relación entre el peso y la talla y sirve para definir bajo peso, normopeso, sobrepeso u obesidad) y  edad, mayores niveles de glucosa en sangre presentaban  los participantes después de las comidas, pero los datos también revelaron que diferentes individuos muestran respuestas muy distintas ante la misma comida, a pesar de que sus respuestas individuales no cambiaban de un día para otro.

nutrieducacion.con

 

Fuente: nutrieducacion.com

Para muestra, un botón: una mujer de mediana edad con obesidad y prediabetes, que había realizado múltiples dietas a lo largo de su vida, sin conseguir resultados aceptables, se enteró de que sus hábitos  “saludables” podían haber estado contribuyendo al problema. Sus niveles de azúcar en la sangre se disparaban después de comer tomates, que ella ingirió varias veces en el transcurso de la semana del estudio. Para esta persona, una dieta individualizada, no habría incluido, obviamente, tomates, pero podría haber incluido otros ingredientes que muchos de nosotros no consideraríamos saludables, pero que sí son saludables para ella.

¿Y por qué ocurre esto?

Para entender por qué existen esas enormes diferencias entre las personas, se realizó un análisis de la microbiota presente en las  muestras de heces recogidas de cada participante en el estudio (para saber más acerca de la microbiota, leer aquí).

Al hacerlo, confirmaron lo que lleva años investigándose: que las bacterias intestinales están relacionadas con la obesidad, la intolerancia a la glucosa  y la diabetes, y que determinadas bacterias son las responsables del aumento de glucemia post ingesta.

Posteriormente se llevó a cabo un estudio paralelo en el que se realizaron modificaciones individualizadas en la dieta de 26 de los voluntarios participantes en el estudio anterior. Al hacerlo, varió su microbiota y se redujo el pico de glucemia tras las comidas. Lo curiosos es que, a pesar de que las modificaciones dietéticas fueron personalizadas para cada uno de los 26, los cambios en la microbiota fueron similares…de lo que se deduce que, una vez planificada y puesta en marcha una dieta adecuada para cada persona, se producen cambios en su microbiota que favorecen el metabolismo de la glucosa, con lo que se conseguiría disminuir el riesgo de obesidad y la diabetes.

Después de leer este estudio, me convenzo aún más, si cabe, de que deberíamos desterrar de nuestras consultas las consabidas dietas de 1500 kcal diarias, las “recomendaciones generales” e individualizar…porque cada paciente es un mundo, existen profundas diferencias en la respuesta de cada organismo ante un mismo alimento, y, posiblemente, tengan razón aquellos pacientes cuando dicen eso de “Doctora, si es que a mí me engorda la lechuga”.

Lo ideal sería disponer de dispositivos de monitorización continua de glucosa que nos permitieran estudiar, uno a uno, los alimentos más y menos beneficiosos para cada paciente…pero, hoy por hoy, esta situación queda bastante lejos de nuestro alcance en la práctica clínica habitual.

abc.es

 

Fuente: abc.es

Así que, por el momento, el consejo es el de siempre: evitar los precocinados y procesados, el azúcar, comer con moderación, realizar ejercicio…y escuchar a nuestro cuerpo, si detectamos que algún alimento nos sienta mal o nos engorda, es mejor que nos olvidemos de él.

No me gustan las modas, no me gustan las dietas exclusivas, no creo que todo el mundo deba de repente dejar de comer gluten o hincharse a comer carne cruda…creo en la escucha activa, en el aprendizaje diario, en la personalización e individualización…y confío en que, algún día, lo que nos cuentan en este estudio no sea inaccesible.

Referencia: Zeevi D. et al. Personalized Nutrition by Prediction of Glycemic Responses. Cell. 2015 Nov 19; 163 (5): 1079-94.

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4 comentarios sobre “Lo que es bueno para mí, puede que no lo sea para los demás…insistiendo en la individualización de las dietas.

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